lunes, 20 de junio de 2011

El llanto del Atardecer. Capítulo 13: La decisión



Capítulo 13: LA DECISIÓN

Amaneció en las afueras de Washington D.C. Bianca se había levantado antes de las seis de la mañana para pasear por los alrededores del escondite de Giovanni. Sus únicas esperanzas estaban llenas de dolor y miedo. Si cometía otro error, la policía acabaría con ella y con los suyos. Pero no solo macharse a Europa para rehacer su vida daba vueltas en la cabeza de la chica. El amor también era uno de sus mayores problemas. Tenía que elegir entre uno de los dos chicos que cambiaron su vida y a los que ella quería un montón. Pero parecía que ya había decidido. Su corazón ya había tomado una decisión. Entró en el escondite y comió algo.
- Nos queda poco tiempo. Tenemos que pensar algo.- intervino Max.
- Todavía necesito tiempo para planear algo…pero mi corazón ya ha decidido.- se defendió la chica.
- ¿Decidido? ¿En qué sentido?
- Mis sentimientos se han despejado y ya sé a quién quiero.
- Pues tiempo es lo que nos falta, Bianca. Cuanto antes acabemos con esto, mejor.
- ¿He oído bien?- interrumpió Carl llegando a la pequeña cocina.
Bianca se quedó en blanco, mirando a Carl. Acto seguido, Max fue el objetivo de su mirada.
- ¿Y bien, Bianca?- se impacientó Carl.
- Os quiero un montón a los dos. Carl ha estado siempre apoyándome durante la muerte de Steve pero es verdad que casi todo el tiempo que ha estado fuera, ni me ha llamado. Es como si se hubiera olvidado de mí. Por el contrario, Max ha estado conmigo en todo, me ha respetado y me ha querido desde el principio tal y como soy.
- Al grano, Bianca.- aceleró Carl.
- Quiero que me hagas la mujer más feliz del mundo en Europa…Max.- sentenció la chica.
Los dos se abrazaron y después lanzaron al cielo un beso lleno de amor. Carl, muerto de rabia, abandonó la pequeña cocina tirando la puerta abajo.
- Me debe comprender…
- No te preocupas. Lo hará.
Carl se encerró en su cuarto ante la mirada impresionada de Alan y Rose, que permanecían atados a las sillas del salón. Un silencio eterno se apoderó de la situación.
- Bianca y Max felices para siempre…
- No. No serán felices. No conseguirán llegar a Europa porque la policía estará de camino…
- Se acabó Alan, hazte la idea. No nos salvaremos. ¿Sabes? Nunca he llegado a amar a nadie como te amo a ti. Pero esto se ha acabado. Hoy o mañana, o no sé… nos quitarán de en medio.
- No pueden, Rose. No pueden matarnos. Les perjudicamos si lo hacen. La policía les busca a los cuatro y si nos matan y los capturan, los ejecutarán a pena de muerte. Y los sueños de Bianca se verán truncados. Así que les conviene mantenernos vivos.
- Entonces… ¿por qué no nos liberan?
- Conozco a mi hermana y pedirá un rescate por nosotros. Así conseguirán el dinero y se pirarán a Europa a rehacer sus vidas, como acabamos de oír…
- No puedo más, cariño…
- Aguanta, Rose.- dijo Alan con las lágrimas saltadas.- Ya queda poco para el final…
Carl permanecía en su habitación encerrado. Bianca intentó hablar con él, pero los sus dos intentos quedaron fallidos. Al tercero, consiguió que el chico le abriera la puerta.
- ¡DÉJAME EN PAZ, ZORRA!
- Carl, escúchame…
- ¡No quiero saber nada ni de ti ni de el desgraciado de Max! ¡PARA MÍ ESTAIS MUERTOS!
- Carl, ¡escúchame!- insistió Bianca agarrando al furioso Carl por el brazo.
- ¡NO ME TOQUES!- bramó Carl.- Yo te quería…yo te quería…
- Sé que es duro, pero no mando en el amor. Es mi corazón el que…
- ¡VETE DE AQUÍ! ¡OS MALDIGO A LOS DOS! ¡OJALÁ OS CAPTUREN Y OS CONDENEN A MUERTE!
Con el corazón fuera del pecho, Bianca cerró la puerta de la habitación de Carl y salió llorando. ¿Había hecho lo correcto?

El día en la Black Faith cada vez era más angustioso. Los planes no llegaban a la cabeza de Bianca y Max cada vez tenía más ganas de irse a Europa con su chica. Stephanie, por el contrario, era la única miembro de la Black Faith positiva hasta el momento. Estaba concienciada de que todo iba a salir bien. El reloj se hizo una rutina aterradora para los chicos, que no paraban de moverse y de pensar en un nuevo plan que acabara con todo esto. Rose y Alan sobrevivían gracias al poco pan que le daban y al agua que bebían sucia y helada del mugriento grifo. Sus ropas estaban desgastadas y desde que fueron secuestrados, no se habían dado una buena ducha. Así que olían mal y estaban sucios. Pero el amor puede con eso y mucho más, y su pasión y coraje les mantenían limpios en el alma.

La noche, que parecía que nunca iba a llegar, adornó el escondite de Giovanni y la Luna empezó a danzar sobre el cielo lleno de estrellas. Carl había permanecido todo el día encerrado en su habitación y no había salido ni para cenar. Llena de preocupación, Bianca intentó hablar con él por cuarta vez con un plato de comida y un vaso de agua. Tocó a la puerta pero nadie contestó. Volvió a tocar pero de nuevo no hubo respuesta. Llamó a Max. Éste probó a llamarlo nueve veces más y no hubo respuesta.
- ¿Se habrá quedado dormido?
- Se habría despertado con los golpes y las voces…
- Estoy empezando a preocuparme.
Con toda su fuerza, Max tiró la puerta abajo. Bianca se tiró al suelo llena de sorpresa y se llevó las manos a la cabeza. Algo había pasado en la habitación del chico. Algo grave y…trágico. 

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