viernes, 7 de diciembre de 2012

El joven Narciso


EL JOVEN NARCISO

Cuentan las leyendas pueblerinas que no hay más condena eterna que vivir enamorado de alguien que con certeza se sabe que no va a ser correspondido. El amor a veces puede ser una explosión de sensaciones nuevas, aunque otras veces puede ser la mayor de nuestras perdiciones. Algo parecido les ocurrió a nuestros dos protagonistas: Ameinias y Narciso. La amistad puede ser peligrosa cuando se trata de un futuro acercamiento a sentimientos más profundos. Parece ser que dicho proverbio no fue aceptado muy bien por Ameinias, un joven griego que disfrutaba yéndose de caza con su amigo Narciso a los bosques más profundos y misteriosos de su tierra. Éste, siempre gentil y generoso, hablaba animadamente con su compañero de aventuras cuando de pronto, vieron a un ciervo correr como un relámpago entre la hierba. Ameinias se lanzó a cazarlo con su poderoso arco, pero su amigo le paró cuando estaba a punto de disparar la flecha.
- Es sólo una cría, Ameinias. Déjala vivir.
El espíritu noble de su amigo y sus ojos azules que reclamaban clemencia fue lo que hizo que el joven arquero se enamorara de él. Narciso y Ameinias pasaban muchas horas en el bosque. Su afición favorita era discutir de ética con los faunos, que sonrientes, les dedicaban siempre una agradable conversación. Otras veces, las hadas eran las que les pedían ayuda para reunir magia a través de la corteza de los árboles. Donde hubiera un pájaro herido o un espíritu del bosque enfadado, allí estaban Ameinias y Narciso para calmar el ambiente y asegurar que todo estaba bien.

Un día, Ameinias sintió que un aviso en su corazón le impulsaba a contarle la verdad a su amigo sobre sus sentimientos. Entonces, el joven cazador llevó a Narciso a lo más profundo del bosque, cerca de un manantial de claras aguas. Narciso, extrañado por la decisión de su amigo de ir a ese sitio, le pidió explicaciones amablemente.
- Sólo hay una razón por la cual estás aquí, Narciso.- empezó a decir Ameinias con el corazón en la mano y rezando a los dioses para que todo saliera bien.- Nos conocemos de mucho tiempo y cada día nos hemos forjado como amigos hasta tal punto que nos hemos convertido en hermanos. Quería confesarte el secreto que he guardado dentro de mí desde hace mucho. Y espero que ese secreto no rompa nuestra cadena fraternal nunca.
Ameinias cogió las manos de su compañero y respiró hondo, contemplando su reflejo en el lago. Acto seguido, miró a Narciso directamente a los ojos y le besó. Narciso se quedó petrificado, temblando al mismo tiempo que soltaba las manos del joven arquero.
- ¿Qué…acabas de hacer…?
- Mi secreto es el secreto del amor, el amor que siento por ti y que tanto he temido confesarte hasta el día de hoy.
Narciso quedó mudo al oír esas palabras de la boca de su amigo. Con una mueca de rechazo, huyó a toda prisa hacia la salida del bosque, asustado. Ameinias, que no podía creer lo que estaba pasando, se arrodilló frente al lago y contempló su rostro en el agua. Alguien estaba llorando dentro del manantial. Era él. La soledad que sentía al no estar su compañero le hundió todavía más. ¿Con quién descubriría la magia en la corteza de los árboles para las hadas a partir de ahora? ¿Quién conversaría con los faunos sobre ética? Ameinias, que parecía enloquecer por lo que había hecho, se dirigió hacia la salida del bosque, destrozado y acompañado por un cortejo de lágrimas que parecían no tener fin.

Pasaron los días y Narciso no volvió a ver al joven cazador. Éste se pasaba todo el tiempo en su casa, destrozado. Ya no tenía ganas de salir a cazar o pasear por el bosque. No sin Narciso. Muchas veces intentó ir a su casa para tener noticias de él, pero la puerta nunca se abría si era Ameinias el que llamaba. Una noche, ensimismado en su propia locura y desesperación, Ameinias cogió un puñal de la mesa de su cocina y se dirigió a la casa de su amado, con los ojos llenos de lágrimas y la mano sangrando de tanto apretar el mango del cuchillo. Tenía una rabia contenida en el cuerpo que no sabía de qué manera la podía hacer explotar. Las velas de la casa de Narciso estaban apagadas. Parecía que no había nadie en ella. Ameinias dio unas vueltas alrededor del edificio, esperando a que alguien viniese. Estaba loco por saber algo de Narciso, aunque fuese un segundo de su vida después de lo que pasó. Ameinias miró el puñal. Sabía perfectamente lo que hacer con él.
<<Diosa Némesis, si estás ahí arriba, si me oyes…acógeme en tu regazo cuando ya no esté en este mundo. Fui valiente, me arriesgué aceptando todas las consecuencias, pero fallé y la desesperación se me hace eterna. Después de tanto tiempo de espera, fallé. Después de pasar casi toda mi vida enamorado de Narciso, este es el final que me espera. Un final que me aliviará de todo mi agobio y locura. Un final que se verá acompañado de un sudor frío que recorrerá todo mi cuerpo hasta caer. >>
No había número de lágrimas para describir el llanto de Ameinias por el rechazo de Narciso. Cuando el puñal estaba a punto de rozar el pecho del joven, la diosa apareció en forma de luz.
- Quieto, Ameinias.
Ameinias se vio sorprendido por la cegadora luz que tenía voz de mujer. Era la diosa Némesis, la diosa de la venganza, que había hecho acto de presencia sobre el tejado de la casa de Narciso.
- ¡Alabados sean todos los dioses! ¡Alabada sea la diosa Némesis!
- ¿Qué te araña la conciencia, joven cazador?
- Alguien que vive a escasos centímetros de aquí pertenece a mi corazón. Pero él no quiere saber nada de mí. Y quiero acabar con este sufrimiento mediante mi propia muerte.
- ¡No seas cobarde, Ameinias! ¡Y afronta el olvido como un hombre!
- No hay tiempo para afrontar nada. ¿Acaso puedes hacer que me ame?
- No puedo hacer que tu amado te ame. Ni tampoco puedo hacer que tú le olvides. Pero puedo hacer que sienta el mismo daño que tú estás sintiendo por no ser correspondido.
- Eso me consuela. Aunque sigo pensando que ya no valgo nada si no tengo sus palabras.
Ameinias levantó el puñal y envuelto en lágrimas se lo clavó en el corazón. La luz se oscureció y se volvió más negra.
- El amor duele mucho más que esta herida de puñal…- dijo Ameinias. Cayó al suelo inerte, con sus ojos clavados en la casa de Narciso. La luz del tejado desapareció tras un estallido.

Liríope, la madre de Narciso, encontró el cadáver del joven Ameinias unas horas más tarde. Cuando Narciso se enteró de la muerte de su amigo ardió en locura y se dirigió al bosque. Mientras sus lágrimas brotaban de sus ojos, observó que los faunos y las hadas lo evitaban, escondiéndose en los huecos de los árboles y entre los arbustos. La noche parecía llegar a su fin y los pájaros que cantaban para anunciar la mañana no hicieron acto de presencia. La vida en el bosque estaba paralizada. Parecía como si el tiempo se hubiera parado. Todo estaba más oscuro de lo normal y el silencio protagonizaba una de las estampas más tristes de las profundidades de aquel paisaje. Narciso corrió y corrió hasta llegar al manantial donde Ameinias le había confesado su amor. Recordó los momentos felices junto a su amigo y se arrepintió de la reacción que había tenido aquel día. Miró las claras aguas que brillaban con los primeros rayos de Sol y cayó de rodillas ante ellas con lágrimas en los ojos. De pronto, sintió una sensación rara, como si el lago le estuviese llamando. Observó que no podía moverse de allí y que sentía como si necesitase el agua de aquel manantial para vivir. Sintió un profundo deseo de tocar su reflejo, una sensación que no parecía tener fin; una sensación que le hizo pensar que sentía amor por primera vez. Pero amor por ese joven que se movía dentro del agua. Aquel joven le sonaba mucho, e incluso hacía muchos gestos como él. Desesperado por tocar a aquel muchacho que se parecía tanto a él, cayó al agua, ahogándose en el acto debido a la profundidad del lago. El silencio después de las salpicaduras del agua marcó la salida del Sol.

Hadas y faunos cuentan que varios días después del suceso brotó una flor a la que llamaron narciso. Esa flor adornó el lugar donde Ameinias y Narciso pasaron sus últimos momentos juntos, antes de que la vida de ambos cambiara para siempre. La diosa Némesis cumplió su misión: Narciso había saboreado el dolor del amor no correspondido. Pero no de una forma normal y corriente, sino de una forma en la que Narciso nunca conseguiría obtener aquel amor del que se había perdidamente enamorado, ya que como los faunos y las hadas pudieron comprobar, su único amor verdadero fue su propio reflejo en el agua. 

La noche del gato


LA NOCHE DEL GATO

Eran más de las doce de la noche cuando Vetmi absorbió el humo de su último cigarrillo y se dispuso a bajar la calle de la ciudad. Todas las ventanas estaban cerradas. Se podía decir que ningún alma se atrevería a pisar aquellos charcos que brillaban a la luz de la nublada Luna. Mientras bajaba la increíble cuesta que adornaba la calle principal, tiró el cigarrillo hacia una farola cercana y se paró en seco a pensar en unas cuantas cosas que rondaban en su cabeza.
<< ¿Por qué la mala suerte me acompaña estos últimos días? Me doy asco. Ahora sí que me arrepiento de no haber vivido mi vida; he desperdiciado mi única oportunidad de ser feliz. >> 
- ¿De verdad crees eso?- preguntó una voz a sus espaldas.
Vetmi miró hacia ambos lados pero no vio nada. Se preguntó quien habría sido capaz de leerle la mente. Quizás serían imaginaciones provocadas por los sorbos de la botella de ron que llevaba en la mano. Miró detrás de la farola, pero no vio absolutamente a nada ni a nadie.
- ¡Quién anda ahí! ¡Sal de donde estés!
No hubo respuesta. Creyendo que todo había sido una ilusión provocada por el alcohol, siguió caminando. Esta vez, estaba llorando. Sus lágrimas bañaban su rostro como si fueran gotas de rocío que señalaban el amanecer. Pero claro, pensó que todavía quedaban muchas horas para el amanecer.
- No huyas, humano. Sé por qué estás aquí.
Vetmi volvió a mirar a ambos lados de la calle, pero no había nadie. ¿De dónde procedería la misteriosa voz que parecía querer dialogar con él? De pronto, Vetmi no creyó lo que estaba viendo. Un gato, acompañado de otros de su especie, se acercaba sigilosamente al pobre desgraciado. Vetmi se situó debajo de otra farola para verlos mejor. Se hizo el silencio. Los ojos del gato que iba en cabeza brillaban en la oscuridad de la noche. Mostraban elegancia y firmeza a la vez, una mezcla entre misterio e ironía. ¿Cómo podía Vetmi captar todas esas sensaciones si el gato era sólo un animal? Cada vez estaba más convencido de que no debería de haber bebido tanto.
- Así que vagas por las calles tentando al destino, humano aventurero…
Vetmi no era consciente de lo que estaba presenciando: el gato hablaba. ¡Hasta le pareció que sonreía! Los demás gatos se apartaron del que estaba en cabeza, que se acercó aún más a Vetmi. Éste dio un paso atrás.
- ¿Qué eres?- preguntó Vetmi asustado, soltando la botella de ron y sacando la navaja que llevaba encima.
- Soy un gato, normal y corriente, ¿no me ves?
- ¿Y cómo puedes hablar? ¡Eres un animal! ¡Los gatos no hablan!
- Yo soy un gato especial.- dijo el animal mientras sus compañeros se desvanecían en la oscuridad, maullando lentamente.
Vetmi estaba realmente asombrado. Por una parte, estaba allí, al pie de una farola, hablando con un gato sin haberlo visto nunca antes. Por otra, miles de emociones y sentimientos trágicos de su vida se arremolinaban en su cabeza.
- La muerte no es la mejor solución, amigo.
- ¿Quién dice que me voy a suicidar? ¡Tú no sabes nada, gato!
- Oh, sí lo sé. Esa navaja no la vas a usar conmigo, sino contigo.
- Pero qué dic…
- Piensa un segundo, humano. Lo has perdido todo, ¿cierto? Has perdido tu casa, el banco te la ha embargado como si de un juguete se tratara. Tu dinero ha desaparecido, simplemente por el hecho de que te lo has gastado todo en alcohol, y bueno, en esa navaja vieja que tienes entre los dedos. Por último, el amor de tu vida ya no te ama, sino que te ha sido infiel con otro hombre. ¿No son esas suficientes razones para suicidarse?
- ¿Cómo sabes todo eso? ¿Quién eres? ¿De qué me conoces?
- La cuestión no es ‘por qué se todo eso’, sino ‘por qué no tratas de olvidarlo’. ¿Sabes? La vida es demasiado corta para arrepentirse, y no creo que en la vida eterna te dejen hacer lo que hiciste en esta.
- ¿A qué te refieres?
- Me refiero a muchas cosas. Tu vida es esta y tú tomas el control de ella. Nadie tiene que vivirla por ti. Eres tú el que toma decisiones, el que se lleva los malos tragos, el que aprende a ser valiente. ¿Y vas a tirar por la borda todo el esfuerzo que hiciste con una simple navaja de mercadillo?
- ¿Y a ti que te importa mi vida? ¿Por qué me dices esto?
- Te recuerdo que tengo siete vidas, y estoy viviendo mi segunda oportunidad, humano. Ya sé cómo va el juego.
- Vivir… ¿de qué sirve vivir cuando no tienes lo que quieres?
Vetmi miró al gato unos segundos. Le dio de nuevo la sensación de que el animal sonreía irónicamente. Sus ojos cada vez brillaban más. Vio que caminaba hasta posarse sobre un escalón de la acerca. Acto seguido, se lamió la pata, como si estuviese disfrutando de la sensación.
- Mejor dicho, ¿de qué sirve vivir cuando no sabes hacerlo? Vivir no se trata sólo de tener corazón y latidos para alimentarlo. Vivir significa disfrutar de todos los momentos buenos y malos que tiene la vida. Los buenos permanecen como recuerdos inolvidables. Los malos pasan a formar parte de la experiencia. Tienes que vivir al máximo, nunca se sabe cuando puedes morir.
- Quizá la muerte sea la única que me comprenda ahora mismo…
- La muerte no comprende a nadie. Sólo se limita a hacer su trabajo: marcar el fin de la vida. La muerte es tu mejor amiga, pero no tienes que darle el gusto de caer en sus brazos tan fácilmente. Pónselo difícil, juega con ella y diviértete tomándole el pelo.
Vetmi se sentó bajo la farola, en el escalón, a escasos metros del gato, que seguía relamiéndose como si estuviera alegre por algo.
- Sal ahí afuera y demuéstrale a todos que te mereces una oportunidad.
- No quiero falsas oportunidades. Sólo quiero ser feliz. Pero parece que todo el mundo me ha dado la espalda. No puedo hacer lo que quiero. Siempre hay factores externos que me lo impiden.
- Oh, cielos. ¿Vas a impedir que la locomotora de tu autoestima se pare bruscamente? ¡Ve de fiesta, haz locuras y diviértete!
- Si eso fuera tan fácil…
- No eres tan mayor.- se atrevió a decir el gato mirando al pobre hombre con ojos convincentes.- Todavía te queda mucha vida por disfrutar. Tu cuerpo es bello y sano. Disfruta de las miles de personas que te están esperando fuera de esta farola. ¿Por qué reprimirte cuando te puedes entregar perfectamente al placer de la carne? Los seres humanos tenéis necesidades, y una de ellas es la lujuria. Os hace sentir bien.
- No me puedo creer que un gato me esté hablando de esto…- dijo Vetmi asombrado, al borde de la locura.
- Piénsatelo bien, amigo. ¿Por qué huir del regalo de la vida si puedes pasarte noche tras noche siendo un lobo hambriento?
El gato sonrió. Hizo un gesto para que Vetmi le siguiera. Éste, aún sin creerse que estaba conversando con un gato en mitad de la noche, le siguió con miedo. El animal le condujo a un lugar que parecía un pequeño descampado lleno de basura. Allí había unos cuantos cubos de basura y una tremenda y escalofriante oscuridad. De las tinieblas empezaron a surgir siluetas que parecían fantasmas, aunque sólo eran gatos maullando. Se acercaron a Vetmi y lo envolvieron como si fueran espectros transparentes. Vetmi intentó apartarse a los animales de encima pero estaba paralizado. ¿Qué le estaba pasando? Sentía que un sudor frío le azotaba la frente. Estaba agobiado. Sentía una sensación horrible, entre el miedo y la desesperación. Mientras, el gato parlanchín y de ojos brillantes le miraba con una sonrisa. Vetmi dejó caer la navaja y notó como los espectros que lo envolvían iban desapareciendo poco a poco.
- ¿Qué me has hecho?
- La pregunta no es esa, humano. La pregunta es: ¿Qué has hecho tú?
- ¡Esos fantasmas me han hecho perder la razón!
- No estás loco, amigo mío.- continuó el gato relamiéndose de nuevo la pata. Sus ojos se clavaron en los de Vetmi, acompañados de una sonrisa pícara y blanca.- Sólo estabas disfrutando tus últimos momentos de vida terrenal, si quieres llamarlo así…
- ¿Quieres decir que…?
- Exacto, humano. Te di la oportunidad de escapar cuando te hice la señal para que me siguieras hasta aquí. Pero no fuiste un chico listo. Desaprovechaste la última oportunidad que te dio la vida bajo la farola.
Vetmi dio un paso atrás y miró al gato con rabia. Intentó escapar pero más de veinte gatos le cortaban el paso con gestos de enfado. El gato que hablaba caminó despacio y lo miró con una sonrisa.
- ¿Alguna vez has visto a un gato sonreír, humano? Porque esta es la última vez que lo vas a ver.
- ¿Qué eres en realidad? ¡Tú no eres un gato normal y corriente!
- Tenías que haberme acusado de esa manera la primera vez. Te hablé sobre los placeres de la vida, del regalo de nacer y morir viejo. De que la muerte todavía no está lista para recibirte. Y aún así, decidiste seguirme después de la charla asumiendo todas las consecuencias. Efectivamente, no soy un gato normal y corriente. Soy algo más poderoso y oscuro que eso.
El animal caminó algunos pasos hacia una pared que protegía el descampado y su sombra se proyectó bajo unos focos encendidos que pertenecían a una fábrica cercana. Vetmi pudo comprobar que no era una sombra normal de gato. Era como si su estatura hubiera cambiado; ahora era más alto. De su cabeza no salían dos orejas, sino dos cuernos de cabra bastantes grandes. La cola se volvió más larga y las patas de gato se convirtieron en pezuñas. El gato con el que había estado hablando desde el principio no era un animal. Era el mismísimo demonio.
- Dios mío… ¡SOCORRO!
- ¡Tuviste la oportunidad de ver mi sombra bajo esa farola, ya que su luz la proyectaba en la pared! ¡Pero estabas demasiado ocupado pensando en si mi voz era real o no! Perdiste tu tiempo, ¡como lo has hecho durante toda tu vida! Tu mala suerte sólo es culpa tuya, y no del dinero, ni de tu casa ni de tu esposa. ¡Fuiste tú el que desaprovechaste todas las oportunidades que te ofreció la vida! ¡Aún estando al filo de la muerte, pudiste escapar de mis garras! ¡Pero decidiste seguir a un gato que habla en vez de ser feliz y escapar! Un pobre desgraciado, ¡eso es lo que eres!
Vetmi se quedó petrificado. Los gatos que le cortaban el paso se iban acercando cada vez más a él. Satanás mantenía sus pezuñas en alto, dispuesto a atacar. Vetmi se agachó y cogió la navaja que antes se le había caído cuando estaba aprisionado por los espectros. Miró al demonio por última vez con lágrimas en los ojos y puso la navaja frente a su pecho.
- Todavía me queda una salida.
- ¿Una salida? ¡No me hagas reír! ¿Es lo único que se te ocurre decirme segundos antes de ser despedazado por el demonio y más de veinte gatos?
- Cuando ya no hay puertas para abrir y encontrar caminos, la única cosa que te queda por hacer es salir de la puerta en la que estás.
Vetmi miró al cielo y se penetró la navaja en el corazón. Cayó al suelo con el pecho ensangrentado. El demonio lo observó con una sonrisa pícara. Los demás gatos se desvanecieron. Satanás se acercó al cadáver de Vetmi y lo observó minuciosamente.
<<Nadie escapa así como así de mi, humano>>. Y desapareció.

miércoles, 3 de octubre de 2012

Hotel 666: La maldición de la familia Benoit (Epílogo)


EPÍLOGO
EL COMIENZO DE UNA GUERRA

- Pido perdón.
Pablo se volvió. Lionel estaba estupefacto y su esposa parecía estarlo también. Ariadna soltó una mueca de confusión y Gabriel de incomodidad. Todos callaron y fijaron la mirada en la mujer que levitaba que había a espaldas de Pablo. 
- Gabrielle...- dijo Marilin casi sin palabras.
El fantasma se acercó a Pablo, cuidadosamente. Su aspecto medieval y su blancura semejante al brillo de la Luna se reflejaron en el aspecto del chico.
- Yo quería a mi hijo con todas mis fuerzas. De hecho, mi amor fue lo que le salvó. Su padre lo odiaba por ser un enfermo mental, pero nunca hay que cuestionar el amor que siente una madre por su hijo. Él era todo lo que me quedaba en esta vida, ya que el hipócrita de mi marido me engañó con una ramera. A veces el amor puede doler, pero es lo único bueno que nos queda después de todo. Hay que aprender a conocerlo, y puede ser travieso, pero siempre esconde buenas intenciones. Es como un niño deseando salir a jugar. Sin amor, los seres humanos no seríamos nada más que máquinas sin derecho a sentir. Me alegro que Ariadna se hubiese salvado. De hecho, se lo merecía. Pablo, has demostrado que se puede burlar a la Muerte con el corazón. Y has salvado a nuestra raza del dominio de Satán. Una vez más, los dos mundos están en paz...pero...
La ligera forma del cuerpo de Gabrielle empezó a desaparecer.
- ...aún queda la etapa más difícil...y tendremos que luchar todos...para evitar la destrucción definitiva...lo más temido está...a punto de comenzar...
Gabrielle iba desapareciendo poco a poco. Sus palabras cada vez eran más lejanas.
- ¡Gabrielle! ¡Vuelve!- gritó Pablo acercándose al fantasma.
- Bien hecho, Pablo, bien hecho...bien hecho...bien...hecho...
Y con un soplido de viento, el fantasma de Gabrielle desapareció por completo. El silencio tardó unos minutos en dejar de reinar en el jardín. Nadie sabía que decir.
- ¿Gabrielle conocía la existencia de los mundos infernal y celestial?- preguntó Ariadna confusa. Miguel le sonrió y le acarició el rostro.
- Sí. Marco fue uno de los primeros seres humanos en darse cuenta de que su mundo no era el único, de que su raza vivía en una dimensión distinta. Y obviamente, el amor que sentía Gabrielle por su marido antes de dejar de quererlo le obligó a creerle cuanto se lo contó.
- ¿A qué se refería con eso de ''lo más temido está a punto de comenzar''?
- Ariadna, Satán ya estará informado de lo ocurrido esta noche. Tiene mensajeros por todos lados. Es inevitable que nos declare la guerra. Ángeles y humanos debemos luchar para evitar la destrucción de nuestros mundos por última vez. Tenemos que derrotar a Satanás y así acabar con el mundo Infernal. Sólo así existirá la paz entre las dimensiones.
Los ángeles lanzaron un grito de lucha al aire y levantaron las espadas. Miguel los observó emocionados. Gabriel sonrió. Tras la despedida, millones de destellos se hicieron notar en el firmamento. Los ángeles volvían a su mundo.
- Cuidaros todos. ¡Volveremos pronto para unir fuerzas!- gritó Miguel con un gesto de bondad. Y diciendo esto, levantó el vuelo. Gabriel se acercó a Ariadna y la besó en la mejilla. Luego le dio una palmada en la espalda a Pablo y lo abrazó. Acto seguido, dirigió a toda la familia Benoit una mirada fraternal.
- Volveré para la batalla. Y espero encontrarte más fuerte que nunca.- dijo volviendo la mirada de nuevo hacia su amiga.
- Seguiré adelante. Te lo prometo.- respondió Ariadna con una sonrisa radiante.
Y como las golondrinas, Gabriel emprendió el vuelo batiendo fuertemente sus alas hasta desaparecer, junto con los demás ángeles, en el cielo. Pero algo había interrumpido la noche. Ariadna y sus amigos dirigieron la vista al firmamento, que esta vez tenía unos tonos anaranjados y blancos. Estaba amaneciendo.

Hotel 666: La maldición de la familia Benoit (Cap.12)


CAPÍTULO 12
EL SECRETO DEL FÉNIX

- ¡No! - gritó Pablo, quien empezó a sollozar de rabia al ver que su chica estaba a punto de enfrentarse a la muerte.
- No lo hagas, Ariadna.- añadió el arcángel Miguel, sujetándola del brazo.- Es demasiado fuerte. No podrás con él.
- Deberías saber, Miguel, que soy capaz de dar la vida por mis amigos. ¿O tú no harías lo mismo por Gabriel? ¿O por alguno de los tuyos? 
Miguel se quedó callado. No podía soportar admitir la realidad. Ariadna tenía razón. Si él estuviera en una situación así y Cazarel hubiera hecho daño a alguno de sus amigos, él sin duda se enfrentaría a él y estaría dispuesto a salvar la vida de los suyos.
- ¡No sabes nada, estúpida!- chilló Cazarel volviendo a rozar el fénix.- ¡Después de que tu cuerpo caiga sin vida sobre el suelo de esta habitación, todos tus amiguitos van a ser despedazados por mis propias manos! ¡No dejaré a nadie vivo!
- Enfréntate a mi, Cazarel. Deja que los demás vayan al jardín con el ejército de los Cielos. Si muero, volverás al infierno con el fénix. Si yo te derroto a ti, el fénix se quedará. ¿Trato hecho?
- ¿Dejar escapar a toda esta gente? ¡ESTÁS LOCA! Impugno la negociación.
- ¡NO LO HAGAS, ARIADNA!- exclamó Pablo desde el otro lado del fénix.
- Cazarel, le arrebataste la vida a mi amigo. ¿Y todavía tienes la poca valentía de no enfrentarte a mí? No te importará arrebatar una vida más.
Cazarel se quedó pensando mientras miraba el fénix detenidamente. Luego miró a todos y cada uno de los que estaban en la habitación, incluidos la familia Benoit, que seguían inconscientes en el suelo. Se apartó del fénix y se dirigió a Ariadna, con una mueca de odio en su rostro desfigurado y podrido. Luego le rozó la cara con la garra y posteriormente, el cuello. Pablo le lanzó al diablo una mirada de asco y rabia.
- Está bien, humana. Luchemos los dos pues. ¡TODO EL MUNDO FUERA! ¡CONTEMPLAD A ESTA CHICA BIEN PORQUE SERÁ LA ÚLTIMA VEZ QUE VEÁIS LUZ EN SUS OJOS!
- ¡NO, ARIADNA, NO, NO!- chillaba Pablo mientras Miguel hacía un esfuerzo para sujetarlo. 
- Pablo, te quiero.- sentenció Ariadna mientras aparecía en su mano la espada celestial con la que había destruido a Abrahel. La apretó fuerte, dispuesta a usarla de nuevo. La chica lanzó una mirada de amor a Pablo, que se movía desesperadamente en los brazos de Miguel. Luego miró a Marilin y ésta asintió, en señal de aceptación y respeto. Miguel silbó y aparecieron doce ángeles que se llevaron a la familia Benoit al jardín. Cuando la habitación se hubo quedado solo con Cazarel y Ariadna, ésta sintió cada vez más fuerte su destino.
- Que tonta elección el morir sola.- farfulló Cazarel con un tono malicioso.- Aunque también es mejor que tu amorcito no vea como te arranco el corazón con mis propias garras.
- Todavía estás a tiempo de volver a tu mundo y dejarnos en paz. 
- No tengo intención de mostrar mi cobardía todavía. Prefiero luchar contigo, vencerte y volver triunfante con esta reliquia que tienes ahí.- dijo Cazarel señalando el fénix de plata.
- ¡JAMÁS!- gritó Ariadna corriendo hacia Cazarel, espada en mano.
Cazarel observó como la chica se acercaba a él, entre miradas de rabia y miedo. Sus ojos rojos se dilataron aún más. Puso las garras en alto, como si estuviera dispuesto a atacar en cuanto Ariadna llegara a la altura de su pecho. Tenía la intención de degollarla. Pero la chica se paró antes de llegar demasiado cerca y volteó la espada. Cuando el arma estaba a punto de partir en dos a Cazarel, éste la paró con las garras. Ariadna quedó impresionada. Cazarel era más veloz que Baphomet y Abrahel juntos.
- Esa técnica está demasiado vista...tendrás que recurrir a otros medios si quieres derrotarme, humana. 
Cazarel miró fijamente a Ariadna y le dio un puñetazo con la garra en la cara, lo que hizo que la chica volara por los aires y fuera a parar al otro lado de la habitación, chocando contra la pared. Un hilo de sangre corría por la cabeza de la chica. Cazarel se acercó a ella riendo.
- ¿CREÍAS QUE PODÍAS VENCERME CON UN SOLO MOVIMIENTO DE ESA ESPADUCHA? ¡EL PODER INFERNAL ES MUCHO MÁS ASOMBROSO! ¡ESTE ES TU FINAL, HUMANA!
Cazarel levantó la garra y, tras tres segundos, la incrustó en el pecho de Ariadna, atravesándola. Ariadna pudo notar como se le nublaba la vista, como todo empezaba a oscurecer. Miró hacia abajo. La garra de Cazarel le atravesaba el cuerpo, cubierta de sangre. Parpadeó unos momentos y sólo pudo oír la risa del demonio, que se regocijaba en su victoria. Pero había alguien más en aquella habitación. Alguien que ella conocía muy bien. Era Pablo. Había cogido la espada celestial, que había ido a parar a un extremo de la habitación cuando la chica había salido despedida por el golpe mortal de Cazarel. Segundos después volvía a ver oscuridad. Pero su vista mejoró momentos después. Observó que Pablo le clavaba a Cazarel la espada en la cabeza, y luego en la espalda, y luego en los pies, y luego en el pecho, y luego en el cuello. La espada brilló, anunciando la derrota de Cazarel. El demonio cayó al suelo cubierto de cortes del tamaño de trenes. El ladrón había muerto.
- Ariadna, ¿estás bien? ¡Ariadna!
Pablo soltó la espada y fue a socorrer a su chica, que yacía moribunda junto a la pared. Sus ojos, como dijo Cazarel, estaban perdiendo su luz. Miguel, Marilin, Gabriel y Pablo entraron corriendo, parándose en seco cuando vieron el cuerpo cubierto de sangre de Ariadna. La chica miró por última vez a Pablo, que lloraba sin cesar. Le besó y le susurró un ''te quiero'' con suavidad. Acto seguido, cerró los ojos y giró la cabeza hacia un lado para descansar eternamente. Pablo, que sostenía su cuerpo en sus brazos, lanzó al aire un grito de angustia y dolor mientras acariciaba el rostro del cuerpo sin vida de Ariadna. Luego la besó por segunda vez y derramó sus lágrimas en su cuello. Marilin también comenzó a llorar, muerta de miedo. Gabriel y Miguel bajaron la cabeza. 

Pero en ese momento, el fénix empezó a brillar. Emanaba una luz púrpura que asombró a todos los presentes en la sala. Pablo dirigió la mirada al fénix, cuya luz se reflejaba en los cuerpos sin vida de Cazarel y Ariadna. Una voz se hizo oír entre el silencio de la luz púrpura:

''El amor nos hace fuertes, aunque el camino para llegar a conocerlo sea duro.''

Las palabras de la voz resonaron en Ariadna. La luz púrpura se trasladó desde la estatua del fénix de plata hasta el corazón de la chica. Segundos después se apagó. Sin poder creerlo, Pablo observó como Ariadna abría los ojos lentamente. Los demás se acercaron con curiosidad y pudieron comprobar que, efectivamente, Ariadna estaba viva. Pablo la besó intensamente y le ayudó a levantarse.
- Era el amor.- dijo Gabriel sonriendo.- El amor era la contraseña para activar la inmortalidad del fénix de plata. Por eso Marco y Gabrielle no sobrevivieron, porque no se amaban, ya que Marco prefería a Mary Jeth. Y por eso Jonah siguió vivo, porque, a pesar de no ser querido por su padre por ser un enfermo mental, su madre si lo quería, con todas sus fuerzas.
- Tú has demostrado tu amor por Ariadna al llorar por su muerte, Pablo. Y eso ha hecho que ella goce del privilegio de la inmortalidad. Pero me temo que no por mucho tiempo, ya que, al haber estado muerta, desaparece el efecto.- dijo Miguel sonriéndole a Pablo.

En el jardín, un montón de ángeles celebraban la victoria de Pablo, junto con la familia Benoit, que ya había recuperado la consciencia, Marilin y Ariadna. Gabriel le sonrió a Pablo y le lanzó una mirada de ''esta vez has sido tú el héroe de la humanidad''. 
- No puedo creer que hayas sido capaz de vencer al esbirro más fuerte de Satanás.- dijo Damian mientras miraba a Pablo con una mueca de confusión.
- Cuando te han arrebatado a lo que más quieres, no tienes nada que perder.
- Bien hecho, Pablo.- le dijo Lionel abrazándolo fuerte.
Los ángeles levantaron sus espadas en alto en honor a la victoria de Pablo sobre Cazarel. Ariadna sonrió y besó a su chico con más fuerza que nunca. Millones de gritos y aplausos hicieron que Pablo se sonrojara. Una vez más, la humanidad quedaba a salvo de los planes de Satanás. Pero alguien todavía tenía una conversación pendiente con Pablo. Y estaba detrás de él, mirándolo fijamente.

domingo, 30 de septiembre de 2012

Hotel 666: La maldición de la familia Benoit (Cap.11)


CAPÍTULO 11
LA SEÑAL

Gabriel estaba nervioso. Nunca se había enfrentado a tantos demonios tan poderosos. Cynthia dio un paso adelante y soltó una carcajada que hizo resonar todo el pasillo. Miró intensamente a Gabriel y luego se acercó a él y le escupió en la cara. 
- Nos volvemos a encontrar, angelito.- dijo Cynthia con una voz grave que se asemejaba al ruido que producía un camión en marcha.- Pero esta vez será la última.
- Ni lo sueñes, Lucifer.- respondió Gabriel sonriendo con nervios.- Tu soberbia me ha decepcionado, creía que eras más inteligente...
Cynthia empezó a hacer movimientos raros y luego se volvió al resto de la familia Benoit. Estaban susurrando algo en un lenguaje raro, que los demás chicos no conocían.
- Es latín.- susurró Gabriel al resto.- Huid ahora que podéis. Yo me encargaré de todos ellos.
- Pero no te podemos dejar solo.- añadió Ariadna, que controlaba su miedo por momentos.
- Iros. ¡Ahora que están distraídos!
Como estrellas fugaces, Ariadna, Pablo y Marilin corrieron a través de los cuerpos moribundos de la familia Benoit. Éstos soltaron un alarido al ver que sus presas se escapaban. Lionel miró a Gabriel con odio.
- ¡Matadlos!- ordenó mientras se dirigía a los suyos.- Yo acabaré con Gabriel.
Los miembros de la familia Benoit, excepto el cabeza de familia, corrieron a perseguir a los chicos, que se habían escondido por separado. Lionel caminó hacia donde estaba Gabriel hasta que su nariz tocó la del ángel.
- Desgraciado. ¿Crees que vas a poder evitar la destrucción de este mundo y el de los ángeles? ¡Sueñas! ¡Nuestro amo cada vez es más fuerte!
- ¿Sabes Amon? Prefiero morir luchando con mis amigos que perder siendo un cobarde solitario.
- Muy solidario, querido arcángel de pacotilla. Pero eso no te salvará de la muerte. ¡Prepárate para tu final! ¡Tu vida acaba aquí y ahora!
Gabriel levitó en el aire y retrocedió unos pasos. Desplegó sus enorme y blancas alas y las batió en señal de guerra. El cuerpo de Lionel tembló. Tomó un aspecto aún más estropeado. Su cuerpo empezó a echar chispas por toda la piel y sus ojos se encendieron en llamas. Amon se preparaba para atacar. Pero Gabriel fue más rápido. De sus manos salió una luz blanca y cegadora, que tumbó a Lionel en cuestión de segundos. El demonio se reincorporó tras unos minutos temblando en el suelo y después cogió a Gabriel por la cintura y lo lanzó contra la pared, que se derrumbó. El ángel salió disparado hacia el salón, donde chocó contra la ventana. Amon se acercó a él y le acarició su rostro lleno de sangre. Gabriel tenía los ojos entreabiertos y respiraba con dificultad.
- Siento que esto acabe así.
Y acto seguido, le lamió la parte inferior de la cara con la lengua, saboreando la victoria. Gabriel se desplomó sobre la ventana, inconsciente. Amon se disponía a clavarle sus garras en el pecho para arrancarle el corazón y acabar con su vida, pero en ese momento...
- La señal...- pronunció Gabriel recuperando débilmente la consciencia y mirando por la ventana, hacia el cielo.
Esta vez no había un solo destello en el cielo. Había más de medio millón de destellos. Y se dirigían a la mansión de la familia Benoit.

Ariadna corría y corría por los amplios pasillos de la mansión Benoit. Estaba sola. Esta vez no estaba Gabriel para protegerla. Tampoco estaba Pablo para decirle que todo iba a salir bien. No estaba muy asustada. Sólo tenía ganas de vengarse por la muerte de Felipe y de Miguel. También deseaba continuamente proteger el fénix de plata. Después de unos minutos deambulando sin parar por las habitaciones de la mansión en busca de un escondite, se paró en seco. Algo la estaba observando. Enseguida se percató de que era.
- ¡DÉJAME EN PAZ!- gritó la chica al ver la sombra de Damian en el pasillo.
- ¿Sabes, muchacha?- dijo Damian con los ojos blancos como la leche.- No tengo nada que envidiarte. Ah bueno, sí. Tú estás viva. Eso me produce una tremenda envidia. ¡Por eso he de saciarla!
Damian se apoderó del cuello de Ariadna de un salto.
- Soy Leviatán, el demonio más envidioso de todos. Y tú vas a ser mi víctima esta noche.
Ariadna intentaba hablar para pedir ayuda, pero no podía. La mano de Damian le presionaba el cuello con una fuerza increíble. Sentía que todos los recuerdos bonitos que había vivido con Pablo se desvanecían con la sensación débil y ligera que sentía en la tráquea.
- Aun...que...me...mates...no...ganar...ás...la...batal...la...
- ¡Mientes! ¡Los demonios nos apoderaremos de todo! ¡Seremos los reyes del mundo! ¡ESTÁ ESCRITO!
La presión aumentaba en el cuello de Ariadna. Sentía que las luces se apagaban, que el pasillo le daba vueltas, que todo llegaba lentamente a su fin...conforme se le iba acabando el oxígeno...Quizás pasara a la historia del reino celestial. O quizás pasara a la Historia de la Humanidad. O quizás fuera olvidada debido a la ignorancia de la gente de su mundo. Cuando estaba a punto de cerrar los ojos para siempre, algo hizo que los abriera completamente. Una tercera persona había cogido la mano de Damian y le había prendido fuego. El cuerpo del chico se retorcía de dolor mientras intentaba apagar la llama de su mano. Tras minutos bramando de angustia, Damian cayó al suelo, inerte. La presión desapareció del cuello de Ariadna, que se vio aliviada.
- ¿Estás bien?- dijo una voz proveniente de su lado.
Ariadna dirigió la mirada a la tercera persona que le había salvado la vida: Pablo. Le sonreía. Sin pensarlo, la chica se lanzó a sus brazos y lo abrazó con todas sus fuerzas.
- Perdóname, Pablo. Perdóname por no creerte, por no confiar en ti cuando me decías que entre tú y Kasha no había nada. Perdóname por favor...
- Ya está, Ari.- dijo Pablo cerrando los ojos y abrazando aún más fuerte a su chica.- Ya pasó, ya quedó en el olvido. Te quiero. Y eso es lo único que importa.
Se besaron apasionadamente. Un grito extremo les cortó el momento de romanticismo.
- ¡MARILIN!- bramó Ariadna tirando de Pablo y llevándolo al lugar de origen del grito de su amiga. Era la sala del fénix. Marilin estaba apoyada en el pedestal que sostenía la reliquia, asustada por la presencia de los cuerpos magullados de Cynthia, Dimitri, Doofy, Kasha y Orfeo. Ariadna se llevó las manos a la boca y Pablo soltó un grito ahogado.
- ¡Cristo!- gritó alguien a sus espaldas.
Los cuerpos del resto de la familia Benoit cayeron al suelo. Acto seguido, de su boca salieron nubes negras que parecían humo nuclear. Humo que iba tomando forma hasta convertirse en siluetas medio humanas medio cabras, flotando en el aire. El arcángel Miguel se dejó ver entre las sombras, para sorpresa de Marilin, Ariadna y Pablo. 
- Dios en latín. Los demonios odian su nombre.- dijo con una sonrisa.- Me alegro de volver a veros.
- ¿Qué...qué hace aquí?- preguntó Marilin asustada.
- Vengo para ayudaros. Y nos os preocupéis, traigo refuerzos. Mi ejército celestial está en el jardín.- respondió Miguel tendiendo una mano hacia el frente, de la que apareció una espada. Fue al encuentro de los demonios, que seguían flotando en el aire, y los atravesó a todos con un solo roce de su espada. Las siluetas se disiparon en el aire, dejando tras de sí un rastro de humo negro y chispas. 
- Se acabó.- dijo Miguel haciendo desaparecer la espada.- Los planes de Satanás han quedado reducidos a cenizas una vez más.
- ¿Y qué hay de la familia Benoit?- preguntó Marilin observando los cuerpos inconscientes de Orfeo, Dimitri, Doofy, Kasha y Cynthia.
- Se recuperarán, no te preocupes.- dijo Miguel sonriendo y guiñándole a Marilin.
Un ruido hueco se oyó en la habitación del fénix. Alguien estaba aplaudiendo. Una silueta negra, con enorme garras y rostro desfigurado, apareció delante del arcángel Miguel. 
- Bravo. Sensacional.
- Tu eres...
- Exacto. Soy Cazarel.
Miguel dio un paso atrás y ordenó a los demás que llevaran a la familia Benoit a las habitaciones. Pero nadie se movió.
- ¿Creíais que íbamos a rendirnos tan fácilmente, desgraciados?- rió Cazarel mirando con odio a los demás.
- ¡No robarás la reliquia de la inmortalidad! ¡No permitiremos que tu amo se salga con la suya!
Cazarel se colocó delante del fénix de plata y lo rozó con las garras, cubiertas de suciedad.
- Me lo llevaré antes de que pronunciéis otra palabra.
- Por encima de mi cadáver.- dijo Ariadna dando un paso adelante.
- Muy bien, entonces. ¡TENDRÉ QUE LIBRARME DE TI PRIMERO! ¡ADELANTE, VEN A MORIR!

lunes, 24 de septiembre de 2012

Hotel 666: La maldición de la familia Benoit (Cap.10)


CAPÍTULO 10
LA POSESIÓN

Habían pasados varios días y los chicos seguían sin recibir noticias del arcángel Miguel. El clima en la mansión Benoit estaba un poco alterado. Kasha mostraba continuamente su indiferencia al cruzarse con Ariadna. Ésta, por su parte, seguía sin dirigirse palabra con su chico, Pablo, que cada vez estaba más preocupado y más arrepentido de lo que había ocurrido con la joven hija de Lionel. La familia Benoit estaba nerviosa. Deseando poder ayudar al ejército de los Cielos, planeaban sus estrategias para cuando el ejército de los íncubos y súcubos llegara a la Tierra para robar el fénix de plata que ellos custodiaban en una de sus más misteriosas habitaciones. Gabriel estaba ensimismado en su mundo. Por una parte, adoraba ayudar a los humanos a alejar el mal de los tres mundos. Pero por otra, extrañaba demasiado el reino celestial y se planteó seriamente abandonar la Tierra después de la batalla contra Cazarel. Envuelto en sus más poderosos sentimientos de nostalgia, salió al anochecer a tomar aire fresco pensando en si los suyos estarían bien. Se sentó en el suelo del jardín, contemplando el cielo lleno de estrellos que se presentaba ante sus ojos. Algunos astros mostraban su brillo intensamente. Otros, en cambio, mostraban el mismo estado de ánimo que Gabriel: tristeza.
- Buenas noches, Gabriel.- dijo una voz a espaldas del ángel.
- Ah, eres tú, Ariadna...- contestó Gabriel con un tono de sorpresa y tristeza en la voz.
Ariadna le acarició el hombro y se sentó a su lado. Enseguida la chica notó el césped fresco en su espalda y sus piernas. Miró al cielo y después contempló a Gabriel con una mirada llena de cariño fraternal.
- Esta noche hay un montón de estrellas en el cielo, ¿no?
- Sí, parece que hay más que la otra noche...
- A mi todas las noches me parecen iguales...
- El cielo no es algo fijo. Las estrellas bailan y bailan, giran y giran. Es algo tan grande, tan maravilloso...a veces desearía tocarlas...
Ariadna miró a su amigo con un tono de preocupación.
- Creo que puedes hacerlo. Tienes alas.
- En mi mundo no hay apenas estrellas. La dimensión del reino celestial no permite divisar tal paisaje nocturno. Por eso a los ángeles nos gusta tanto la Tierra...
- Que raro que salgas a estas horas a contemplar el cielo, ¿ocurre algo? ¿ha mandado tu amigo alguna señal que afirme que el ejército de los Infiernos esté aquí?
- No. Aún no. Supongo que alguien vendrá a darnos la señal.
- ¿Alguien? ¿Conoces a más ángeles importantes?- preguntó Ariadna con una radiante inocencia en su tono de voz, que cada vez era más alegre.
- Sí, algunos. Somos viejos amigos, y de hecho, todavía mantenemos una bonita amistad. El mundo de los ángeles es diferente a éste. Emana tranquilidad por todos lados. Allí todo el mundo se lleva bien, no hay peleas ni guerras. Sólo discusiones que se solucionan con un simple diálogo pacífico. 
- Entonces te envidio.
- ¿Me envidias? El reino celestial también es difícil. Estamos amenazados de muerte por Satanás y compañía. Ellos nos odian, no nos pueden ni ver. Sólo por la razón de que nuestro mundo es más cómodo que el de ellos. Pura envidia.
- ¿Fue siempre el reino Infernal así?
- Hubo un tiempo que no. Hace miles de años los íncubos y los súcubos eran ángeles frustrados, ángeles que no se sentían identificados con mi raza. Eran incomprendidos, marginados. Y entonces decidieron unirse y formar una propia especie. Y a partir de ahí, habitaron el peor mundo que la Creación pudo formar; un lugar reservado para los deshechos de la vida. El Infierno.
- Es triste...
- Sí. Ellos buscaron su propio destino. Quisieron ser mejores que los humanos y los ángeles, los cuales estaban llenos de virtudes. Quisieron controlar todo lo bueno para dirigirlo a su manera, y se sublevaron. Aunque hubieseis derrotado a Abrahel y Baphomet, todavía quedan muchos seres infernales que destruir. Ellos no están hechos de vida, sólo de vacío y odio. 
- ¿Vacío y odio?
- Exacto. Ellos no tienen corazón. No pueden sentir.
- ¿Y por qué esa nostalgia que tienes? ¿A qué se debe?
- Querida Ariadna, aunque me encanta este mundo, yo no pertenezco a este lugar. Soy de otro mundo, de otra dimensión, de otro tipo de seres: los ángeles. Quizás si todo sale bien, vuelva al reino celestial después de la batalla...
- Pero puedes quedarte, y todos tus amigos también. La Tierra es muy grande. Hay sitio para todos.
Gabriel sonrió en el momento en que Ariadna dijo la palabra ''todos''. Después volvió la mirada al cielo lleno de estrellas y respiró hondo. Frunció el ceño.
- Tenemos compañía inesperada.
Ariadna se sobresaltó. No entendía lo que quería decir su amigo. 
- ¡Están en peligro ahí dentro! ¡Lo presiento!
Gabriel se puso de pie de un salto y señaló la mansión de la familia Benoit. Ariadna se levantó y observó que su amigo empezaba a correr a gran velocidad. Intentó seguirlo lo más rápido que pudo. Cuando los dos chicos entraron por la muerte, vieron a Lionel tirado en el suelo del pasillo. Estaba inconsciente. Intentaron reanimarlo, pero sus intentos no servían para nada.
- ¿Está muerto?- preguntó Ariadna con un nudo en la garganta.
- No.- se apresuró a contestar Gabriel.- Peor aún. Está poseído.
- ¿Poseído? 
- Sí, por un demonio enviado por Satanás.- Gabriel intentó concentrarse para oír los latidos del corazón de Lionel.- Es Amon, marqués del Infierno y el demonio de la ira.
Ariadna sintió que el corazón le daba un vuelco. De pronto vieron a Marilin y Pablo correr hacia ellos. Marilin parecía asustada, a punto de llorar. Pablo estaba conmocionado de miedo.
- ¡LA FAMILIA BENOIT ESTÁ MUY RARA! ¡COMO SI ESTUVIERAN POSEÍDOS!- chilló Marilin lanzándose a los brazos de Gabriel.
- Están poseídos por esbirros de Satanás. Debemos impedir que sigan aprovechándose de sus cuerpos...
- ¿Pero cómo?- preguntó Pablo nervioso.
- Debemos reunirlos a todos. ¡En el salón! ¡Ahora!- gritó Gabriel alarmando a Lionel, que había abierto los ojos.
- Creo que Lionel se ha despertado...- dijo Ariadna entre susurros.
- ¡Iros! ¡Yo me encargo de Amon!- chilló Gabriel sosteniendo a Lionel por el torso.
Pero era demasiado tarde. Kasha, Cynthia, Damian, Dimitri, Orfeo y Doofy estaban de pie junto a ellos. Todos tenían un aspecto demoníaco. Sus ojos eran rojos como rosas, con las pupilas blancas como la nieve. Las manos eran garras y la mandíbula era más gruesa de lo habitual. La boca dejaba ver unos horrorosos dientes verdes. Kasha berreó. 
- Adorad a nuestro amo: Satanás, dios y creador de las tinieblas.
La familia Benoit, contando a Lionel que ya se había puesto de pie y se había librado de Gabriel, empezó a caminar amenazando con rugidos a los chicos. No había escapatoria posible.

sábado, 22 de septiembre de 2012

Hotel 666: La maldición de la familia Benoit (Cap.9)


CAPÍTULO 9
LA INFIDELIDAD

Lionel leyó en voz alta. Todos lo escucharon estupefacto. Nadie nunca había oído un relato tan sorprendente sobre una infidelidad contada en primera persona. Cuando Lionel pronunció las últimas palabras que minutos antes estaban cubiertas de tinta invisible, el silencio se hizo en la habitación. Doofy y Dimitri dejaron escapar un sonido divertido, y Ariadna los miró con dulzura. Pablo bajó la cabeza y contempló el diario de Di Leandro en manos del cabeza de familia.
- Así que esa tal Mary Jeth se acostó con Marco, que le fue infiel a Gabrielle...- se atrevió a decir Pablo alejando los pensamientos de Ariadna de su cabeza. 
- Seguimos igual.- dijo Gabriel dando un paso adelante bruscamente.- Ese tío se molestó en hechizar la tinta para una tontería. No nos descifra nada. Ese fragmento sólo nos habla de una de sus locuras nocturnas.
- Una cosa tenemos segura hasta ahora. Jonah sobrevivió y Gabrielle y Marco murieron. Lo que no sabemos es por qué sobrevivió el hijo y los padres no.- añadió Marilin.
- Es verdad. Se supone que había una grave epidemia por esos tiempos...- dijo Cynthia pensativa, mirando a sus hijos con una expresión de nerviosismo.
- Quizás todo el misterio esté en el fénix de plata.- aclaró Damian.
- Es extraño. El fénix mantuvo con vida a Jonah porque él sobrevivió después de la muerte de sus padres. Pero...¿cómo sabía Jonah la contraseña para activar la inmortalidad del fénix?- se preguntó Ariadna mirando a Pablo con una mirada de soslayo.
- Posiblemente no la supiera. A lo mejor Marco decidió salvarle a él, puesto que era la esperanza de la familia...
- Imposible.- negó Lionel.- Marco odiaba a su hijo porque era un enfermo mental.
- Sigo pensando que la clave es el fénix.- continuó Damian.
- Un momento.- se atrevió a decir Kasha, que miraba el diario con una pizca de curiosidad.- Creo que Marco Di Leandro sabía la contraseña desde el principio. Nunca la olvidó...
- ¿Cómo dices?- interrumpió su padre.
- Tiene sentido. La contraseña no tenía por qué ser una palabra. Podía ser un acto, una expresión...pero Marco no conseguía realizarla y por eso murió.
- Tienes razón, mi querida hija. No tenía por qué ser una palabra...
- Fuera lo que fuese, Jonah sabía la contraseña...y no creo que Marco se la hubiera dicho cuando lo odiaba a muerte.
- ¿Cuál es el papel de la madre en todo esto?- preguntó Cynthia.
- Creo que Gabrielle tiene que ver poco en el misterio.- se atrevió a decir Lionel.
- ¿Y si la infidelidad tiene que ver algo con todo esto?- añadió Damian.
- No es cierto. No encaja con las demás escenas.- se apresuró a decir Gabriel.- Haber leído ese fragmento ha sido un error. No nos ha aportado ninguna pista.
Gabriel cogió el diario y lo puso en una estantería que había al lado de la chimenea. Después, sus ojos fijaron la vista en la ventana. Algo en el cielo parecía brillar. Se apresuró a curiosear un poco más, pero aquella cosa todavía era muy pequeña para verse desde La Tierra. Era como un destello azul plateado, que poco a poco, se dirigía hacia donde estaban ellos.
- Algo se acerca. Del cielo. Es un destello plateado.
- Salgamos.- sentenció Lionel.
La familia Benoit, Ariadna, Pablo, Marilin y Gabriel salieron al jardín, donde pudieron ver que el destello azul plateado se acercaba más y más. El misterioso objeto aterrizó en la tierra a la velocidad de un cometa y levantando una gran capa de tierra. Cuando hubo pasado la humareda, todos pudieron comprobar que no se trataba de un objeto, sino de una persona. Su silueta se hizo más clara conforme se acercaba a ellos. Parecía un hombre, de aspecto legendario. Tenía el cabello negro, liso y no muy largo. Sus ojos plateados relucían a la luz de la Luna. Vestía una camisa blanca como las nubes, larga. También llevaba un pantalón negro humo y un chaleco del mismo color. Era delgado y al ver a Gabriel, lanzó una débil sonrisa.
- Amigo mío...
- ¡Miguel!
Marilin se estremeció al oír el nombre del misterioso hombre, que le recordaba a su amigo fallecido, puesto tenían el mismo nombre.
- Vaya, no has cambiado mucho desde que te fuiste. Sigues igual de descuidado.
- ¿Qué haces aquí, amigo? ¿Qué te trae por el mundo terrenal?
Miguel apartó la mirada de Gabriel y se fijó en los demás. Les sonrío con una sonrisa amable. 
- ¿Quién es, Gabriel?- preguntó Marilin con un tono curioso.
- Es Miguel, el arcángel que comanda el Ejército de los Cielos.
- ¿Arcángel?- dijeron Ariadna y Pablo a la vez. Después se miraron. Durante unos segundos, sus ojos quedaron cruzados como flechas. Acto seguido bajaron la cabeza sin mirarse.
- Sí.- dijo Miguel con una sonrisa, cerrando los ojos. De la espalda del ángel salieron dos alas blancas como la espuma, grandes. Gabriel le sonrió, guiñándole un ojo, mientras que los demás quedaron boquiabiertos. El cuerpo de Miguel desprendía un brillo muy intenso, que transmitía tranquilidad y paz.- Vengo a avisaros, y a advertiros.
- ¿Qué problema hay, hermano?
- El Ejército de los Infiernos está ganando fuerza de nuevo, hermano. Satanás está reclutando a nuevas fuerzas del mal para que se unan a él y luchar contra el mundo de los Cielos y el mundo terrenal. Nosotros, los ángeles, estamos dispuestos a luchar, pero no somos tan fuertes como esperábamos. Necesitamos más ayuda.
- ¿Qué puedo hacer al respecto?- preguntó Gabriel boquiabierto.
- Primero de todo, debéis proteger el fénix, ya que Satanás pretende usarlo para resucitar a Abrahel y Baphomet. No debemos permitir que ocurra eso. Supondría una catástrofe a nivel de los tres mundos. Segundo, nosotros, los ángeles, estamos dispuestos a unir las fuerzas con tus amigos, esta gente de aquí, para derrotar al mundo Infernal. Así, tanto la humanidad como el reino celestial quedará salvado. Sólo así podremos proteger nuestra naturaleza, nuestra raza y nuestra paz.
Los chicos se quedaron callados. Doofy empezó a llorar y Dimitri la consoló con una corta canción, que hizo sonreír a Miguel, que seguía de pie frente a los demás. Gabriel se dirigió a sus amigos y los observó con una mirada triste. Luego los miró fijamente.
- ¿Estáis dispuestos a ayudarnos?
- ¿Sabes una cosa, Gabriel?- se apresuró a decir Ariadna.- Hace meses derroté yo misma a Abrahel. Pero no fui yo sola. Mis amigos me ayudaron, y aunque hubo pérdidas inesperadas, todos conseguimos alejar el mal de nuestro mundo. Pero no sólo mis amigos me ayudaron. También lo hiciste tú, que ahora también formas parte de mí, y de todos. Sin la espada celestial no hubiera podido acabar con Abrahel. Y ahora es el momento de devolverte el favor. Estoy deseando ayudar al mundo de los ángeles a recuperar la paz. Cuenta conmigo.
Pablo miró con una sonrisa a Ariadna, pero ésta ni siquiera le miró.
- Y conmigo.- añadió. Ariadna se molestó en mirarlo esta vez.
- Y conmigo también.- dijo Marilin.
La familia Benoit se miró entre sonrisas y asintieron con la cabeza.
- Estupendo.- dijo Miguel sonriendo de nuevo.- Gracias.
- ¿Qué tenemos que hacer?- dijo Ariadna, que se dio cuenta de que Gabriel estaba llorando en silencio de emoción.
- Por ahora esperar la señal.- dijo Miguel mirando al cielo.- Estoy seguro de que sabréis cual es. Sobre todo Gabriel.
Gabriel dio un paso adelante y le tocó la espalda a su amigo.
- Supongo que es mejor fracasar todos juntos...
- No fracasaremos, amigo. Confío en ellos. Confío en mi. Y en ti también.

jueves, 20 de septiembre de 2012

Hotel 666: La maldición de la familia Benoit (Cap.8)


CAPÍTULO 8
''CORAZONES ROTOS''

La historia de Gabrielle y los celos por Pablo habían dejado agotada a Ariadna. Su cabeza estaba de nuevo revuelta. Estaba segura de que no había nadie más confusa sobre la Tierra que ella. Y ya era decir. Se pasó los siguientes días metida en la biblioteca, intentando reflexionar sobre todo lo que había pasado, y tratando de buscar información en los libros satánicos de la familia Benoit sobre tintas invisibles y otros hechizos de ocultismo. Pasaba las páginas, las pasaba y las pasaba, pero su mente sólo estaba centrada en una cosa: Pablo. Tenía un miedo horrible a que Kasha, con sus encantos venenosos, lo atrapara hacia su mundo. Pensaba que Pablo sería su próxima presa. 
Se levantó por fin y abrió la puerta para salir de aquel lugar que le hacía pensar más en su tormento. Miró el reloj. Eran las doce de la mañana y faltaba poco para el almuerzo. Quizás debería de salir al jardín a tomar un poco el fresco antes de comer. Con el pensamiento de que ''todo iba a salir bien'' se dirigió al jardín, donde para su sorpresa, se encontró con Kasha y Pablo, y no de una manera que a Ariadna le agradase. Pablo estaba tumbado en el césped con la camiseta sobre la hierba, desnudo por la parte de arriba. Kasha le estaba dando un masaje en la espalda con aceite. Ariadna sintió una punzada horrible dentro de su corazón. Era el colmo de los colmos, lo último que estaba dispuesta a consentir.
- ¿MOLESTO?- preguntó Ariadna lanzando una mirada asesina a Kasha, que la miraba con una sonrisa de oreja a oreja.
- Claro que no, cielo.- se atrevió a responder la joven Benoit.
- ¡Esto es lo que me faltaba...!
- Tranquila, Ari.- dijo Pablo interrumpiendo el masaje al notar la presencia de su chica.- Es sólo un masaje. No estamos haciendo nada raro.
- ¿ES QUE NO TE DAS CUENTA? ¡ESTA ZORRA VA DETRÁS TUYA!
Kasha no se molestó. Incitó a Pablo a seguir con el masaje, pero éste no quiso.
- Y tu sabiéndolo, podrías cortarte un poco, ¡imbécil!- gritó Ariadna a punto de llorar.
- Cariño, no sabía que Ka...
- ¡CÁLLATE! No me valen tus excusas de 'esto no lo sabía' o 'me acabo de dar cuenta'. Sabías perfectamente que todo lo que hacía Kasha estos días ha sido para separarte de mí. Desde el primer momento que te vio en la habitación, ha querido ir a por ti. ¡IMBÉCIL, IMBÉCIL!- gritó Ariadna rompiendo a llorar.
- Ari...- dijo Pablo intentando de consolar a Ariadna, pero de nada le sirvió. Aunque el chico quiso acariciarla, Ariadna le apartó la mano. Se fue corriendo, rota de dolor, mientras que él iba detrás de ella, ante la mirada arrogante de Kasha.
Ariadna corrió hacia su habitación y se echó en la cama, dejando que sus lágrimas empaparan las sábanas. Las cogió y las tiró al suelo con fuerza. Ivette y Ordog observaron la escena, pero no quisieron intervenir, ya que su mente pesimista se lo impedían. Pablo entró corriendo detrás de Ariadna, aún poniéndose la camiseta y lanzando gritos de perdón.
- Fuera...¡FUERA!
- Te recuerdo que ésta también es mi habitación.
- TE VAS O ME VOY.- zanjó Ariadna dando un ultimátum.
- Ariadna, por favor, he estado ciego. Perdóname. Volvamos a ser la pareja que éramos antes.
- Ya no hay nada, Pablo. Gracias a tu ignorancia lo has roto todo. ¡LO HAS ROTO TODO!
- Ariadna...
- Vete por favor.- continuó Ariadna, llorando con más intensidad.
Ordog se estremeció. Hizo una seña a Ivette para que se fueran y dejaron a los chicos solos. Pablo no tuvo más remedio que salir de la habitación sollozando, con la cabeza baja. Puso rumbo al salón, donde Ingrid estaba preparando la mesa.
- Ingrid, no pongas cubiertos para mí, no tengo ganas de comer...
- De acuerdo.- dijo Ingrid con un tono de voz apagado y oscuro. La sirvienta se quedó por un momento mirando al chico, que se sentaba en el sillón delante de la chimenea, que daba calor sin ser necesario.
- Lo hemos oído todo desde aquí. Las voces parecían truenos...- se atrevió a decir Ingrid.
- He sido un imbécil. No me daba cuenta de que Kasha...
- Siempre ha sido así. Kasha siempre fue una niña demasiado espabilada. Y nadie le paraba los pies, nadie. Ni siquiera su madre, que la quería con todo su alma, y la sigue queriendo...
- Ahora no sé que hacer. Me ha dejado...y la quiero.
- No es que sepa dar buenos consejos...mejor que hables con Ivette.
- No quiero hablar con nadie. O si no, volveré a liar las cosas aún más. Me voy al jardín, quiero estar solo...
Pablo se levantó del sillón sin ganas de nada. Su cabeza era una nube oscura y sin rumbo. Ingrid lo miró con preocupación.
- El amor no depende de quién, sino de cómo. Si no te rindes, es posible que te sorprendas.
- ¿Qué quieres decir?- preguntó Pablo mirando a Ingrid con curiosidad. Pero al volverse, la criada ya se había ido. Pablo suspiró y se dirigió al jardín, a despejarse de todo lo que había pasado en unos minutos.

Tanto en el almuerzo como en la cena, Pablo y Ariadna estuvieron sin dirigirse la palabra. La familia entera había oído la discusión ya que las voces de Ariadna no eran muy silenciosas y se oían por toda la casa. Pablo estaba muy incómodo, sin poder acercarse a su chica. Ariadna no lo había mirado ni por un segundo, y sólo se limitaba a comer. La tensión también se vivió en los demás. Marilin y la familia Benoit menos Kasha estaban muy preocupados, y ésta se mostraba indiferente. Después de comer, Lionel cogió el diario y se sentó delante de la chimenea a leerlo una vez más, tratando de descubrir nuevos enigmas. 
- ¿Para que tenéis el fuego encendido? Hace calor.- dijo Marilin observando el fuego de la chimenea, que se asemejaba al plumaje de un fénix.
- Ahuyenta las malas influencias.- dijo Cynthia con una sonrisa.- Si Cazarel vuelve, le costará entrar en la mansión...
Lionel seguía embobado en el libro, pasó páginas hasta llegar a las invisibles y acercó bien los ojos para descubrir algo, pero no notó nada. De inmediato, las llamas del fuego iluminaron algo que nunca antes había visto en el diario. La tinta invisible se hacía visible y dejaba ver un par de páginas que antes estaban vacías. La tinta recorrió todo el papel, hasta convertirse en un texto. Lionel quedó sorprendido.
- ¡POR FIN!- gritó Lionel llamando la atención de todos.
- ¿Qué pasa ahora?- preguntó Damian de mal humor.
- ¡LA TINTA DEL PAPEL DE LAS HOJAS INVISIBLES YA SE VE! ¡HA SIDO EL FUEGO! ¡EL FUEGO AHUYENTA LA TINTA INVISIBLE!- gritó Lionel poniéndose de pie y sacando a Gabriel a bailar, celebrando su descubrimiento. Pero a Gabriel no le hacía mucha gracia.
- Leamos entonces.- zanjó Ariadna.