martes, 31 de mayo de 2011

El llanto del Atardecer. Capítulo 8: Helena


Capítulo 8: HELENA

El aeropuerto de Washington D.C estaba tranquilo. Helena salía del recinto con una gran sonrisa en la cara. Era muy temprano y hacía un día esplendido. El jaleo del tráfico de la ciudad se empezaba a oír conforme la chica se dirigía a casa de una de las personas más importantes de su vida en un taxi. El Sol resplandecía en lo alto del cielo y casi no había nubes. El cielo estaba completamente desierto, azul intenso. La gente se movía de un lado para otro. Helena miraba las ruedas del taxi y pensaba en esa persona especial. Pronto volvería a verla. De repente, el coche se paró. La chica pagó al taxista y se bajó del vehículo. Subió los escalones de una casa grande y sencilla y tocó al timbre. Segundos después, alguien abrió.
- ¡Verónica, hermana!- gritó Helena.
- ¡No me lo puedo creer!
Las dos chicas se abrazaron fuertemente.
- ¡Has venido! ¡Qué alegría! ¿Te quedas?
- Sólo una temporada. Vengo de visita.- rio Helena.
- Pasa, tenemos tanto que contarnos…
La hermana de Verónica pasó dentro de la casa de ésta, con sonrisas y palabras sueltas de cariño. Helena conocía a los amigos de su hermana desde hace tiempo y siempre se llevó con todos muy bien. Verónica sentó a su hermana en el sillón y le empezó a contar todo lo que había ocurrido con Bianca. Cada palabra de la chica que salía de su boca, era un puñal para Helena que quedaba asombrada de la maldad que tenía.
- No sólo Bianca nos causó daño. Daniel ha vuelto.
- ¿Daniel? ¿Tu ex?
- Sí…cree que Richard es mi novio y quiere matarnos…
- ¡Pero será salvaje! ¡Tienes derecho a rehacer tu vida!
- Eso él no lo entiende. Tengo miedo.
- No te preocupes, hermana. Yo estoy aquí para protegerte.
Alguien llamó a la puerta. Verónica fue a abrir. Era Lily. Al encontrarse con Helena, le arreó un fuerte abrazo.
- ¡Pero qué alegría verte!- gritó Lily llena de emoción.
- Estoy deseando veros a todos.- sonrió Helena mirando a las chicas con dulzura.
- Creo que hoy no es un buen momento. Ray y una tal Brenda están en comisaría.- dijo Lily bajando la cabeza.- He venido para avisarte.
- ¿Qué ha pasado?- preguntó Verónica con los ojos como platos.
- Ray ha agredido esta mañana a una chica llamada Brenda en plena calle. Los testigos han dicho que ha sido una gran paliza.
- ¡Dios mío!- exclamó Helena.- ¿Cómo ha podido Ray hacer algo así?
- No lo sé, Helena.- dijo Lily.- Alan, Rose y Richard están en comisaría. Vamos, tenemos que saber lo que ha pasado realmente.
Las tres chicas cruzaron la puerta y la cerraron con un estruendo. Con rapidez, se dirigieron a la comisaría para averiguar el motivo de la agresión. Se encontraron a Richard, Alan y Rose en una sala de espera.
- ¡Vaya Helena!- exclamó Alan.- ¡Qué alegría verte! Esta es Rose, mi esposa.
Rose se levantó de la silla y saludó a la hermana de Verónica.
- Encantado.
Richard hizo lo mismo pero el ambiente no estaba para sonrisas, a pesar de la emoción. Ray y Stephanie llevaban más de media hora encerrados, hablando con el comisario. Quince minutos después de la llegada de Helena, los chicos salieron de la sala. Ray presentaba lágrimas por todos los lados y Stephanie estaba fría, como si no hubiese pasado nada.
- Voy a ir a la cárcel, voy a ir a la cárcel.- se lamentaba el chico con la mirada baja.
- No digas eso, Ray.- le animaba Alan.- ¡Seguro que fue un impulso!
- Por mí te puedes morir…creía que me querías.- fingió Stephanie.
- ¡Cállate!- bramó Ray enfadado.- TU TIENES LA CULPA DE TODO. FUISTE MÍA Y LO SEGUIRÁS SIENDO, ¡POR SIEMPRE!
- Se acabó, Ray.- sentenció la chica.- Hasta nunca…
Con paso ligero, Stephanie abandonó la comisaría. Ray, destrozado, se precipitó a llorar en los hombros de Alan. Los demás le animaron, pero nada pudo aclarar el corazón negro y hundido del chico.

*

El Sol dio paso a la misteriosa Luna. La noche cayó sobre Washington D.C, como una capa de niebla intensa. Las pocas luces de la Black Faith brillaban en la oscuridad como una casa fantasma. Stephanie estaba con Bianca en el salón. Las dos tenían su mirada clavada en el reloj.
- Pronto será la hora de empezar el juego…el juego final.- susurró Bianca.
- El final de Ray está cerca. Quedan escasos minutos…
- Me siento tan bien al saber que todos los malnacidos amigos de Alan van a tener su debido castigo, por lo mal que me han tratado…
- Muerte…me encanta esa palabra…es tan sabrosa…
El reloj marcó las doce de la noche. Las chicas se levantaron y salieron a la calle. Stephanie cogió el móvil y le mandó un SMS trampa a su víctima.
Soy Brenda. Tenías razón, solo soy tuya. Estoy arrepentida y quiero que me vuelvas a hacer el amor como aquella noche. Quiero volver a amarte porque me he enamorado de ti. El pasado quedó atrás. Nos vemos a las doce y cuarto en el parque donde nos conocimos’
La madrugada se abalanzó sobre Bianca y Stephanie, que aligeraron el paso para llegar al parque mencionado en el SMS. Se sentaron en el mismo banco donde se conocieron los chicos y esperaron a que llegara Ray. Éste no tardó mucho en caer en la trampa.
- Ya estoy aquí, Brenda. Por fin has entrado en razón. Te deseo tanto que voy a olvidarlo todo por ti…
- Creo que no te dará tiempo de eso.- rio Bianca levantándose del banco y sacando una pistola.
- ¿BIANCA?
- Cierto. Vas a pagar caro por haber agredido a mi compañera.- amenazó Bianca apuntando con el arma a su rival.
- Has vuelto…- dijo Ray cargado de miedo. Las piernas le empezaron a temblar.
- Mi nombre real es Stephanie y no Brenda. Todo era mentira. El pasado que te conté era falso. S-o-r-p-r-e-s-a.
Ray no podía creer lo que estaba oyendo. Todo hasta ahora relacionado con Brenda era mentira. Detrás de la hipocresía, solo se escondía una traficante de drogas, amiga de Bianca.
- Mi objetivo es acabar contigo y con todos los seres queridos de Alan.- susurró Bianca riendo.- Ahora, ha llegado la hora de que le digas adiós a Brenda, ¡Y A ESTE MUNDO!
- ¡NO DISPARES! ¡No te servirá de nada!
- ¡A MI CONCIENCIA…SÍ!- bramó Bianca, apretando el gatillo y disparando directo a la cabeza del chico. Después de un sonido seco y un grito de dolor, Ray cayó muerto al suelo bañado de sangre. Stephanie reventó a carcajadas mientras Bianca cogía el cuerpo sin vida de Ray y lo colocaba en el banco. Esa noche, Ray era un objeto inerte más del solitario y oscuro parque.

lunes, 30 de mayo de 2011

El llanto del Atardecer. Capítulo 7: Obsesión


Capítulo 7: OBSESIÓN

El silencio intimidó a la chica, que continuó después de unos segundos.
- Me maltrataban tanto psicológicamente como físicamente y me robaban cada vez que tenían oportunidad. Era horrible. Un día, llegaron a mi casa borrachos y me dieron una paliza brutal. Eso es lo último que recuerdo. Seguramente, para librarse de mí y quitármelo todo, me habían dejado en medio de la carretera, al lado de ‘Honey Village’. Eso es todo, Alan.
- Tu historia es increíble, Rose. Tienes que declararlo a la policía.
- Por favor, no quiero hablar hasta que sepa el motivo de la adopción de mi hermana…
- A lo mejor la respuesta la tiene Bianca.- dijo Alan con interés.
- No lo sé, solo nos queda esperar. Aunque, tengo una idea…
- ¿Cuál? Si te puedo ayudar…
- Intentar buscarla y pedirle respuestas…
- ¡Es lo más ridículo que he oído en mi vida! ¡TE MATARÁ!
- ALAN, ES LA ÚNICA FORMA DE SABER LA VERDAD. SOLO FALTA UNA PIEZA EN ESTE JUEGO…
- ¿Y si nunca consigues esas respuestas? 
- No importa un jaque mate, solo arriesgo...te pedí comprensión.
- No sé si lo podré soportar.- confesó el chico asustado.
- Todo saldrá bien. Confía en mí…- Rose besó a Alan con dulzura y confianza.- Te quiero.

*

Dan KK era el ‘Ray’ de la Black Faith. Destacaba por su fuerza y su bravura. Su objetivo: Verónica. Debido a su complejo de ser inferior a los demás, Dan KK era algo sensible. Su corazón le decía siempre que no debía de obedecer a Bianca pero su cerebro estaba en contra de eso. Se pasaba la mayoría de los días en la Black Faith. Era una especie de guardián. Él controlaba el dinero que llegaba a la organización y guardaba bien la droga para que la policía no los descubriera. Su sitio favorito para pasear era el río Anacostia, donde mucha gente se iba a hacer senderismo y actividades acuáticas. Tuvo la casualidad de encontrarse con Verónica y Richard, que hablaban sentados a la orilla. Se acercó sigilosamente y los espió.
- Alan me dijo que Bianca y Max han vuelto. Ésta vez tienen a más gente de parte suya. Tengo miedo a lo que pase…- dijo Verónica.
- No te preocupes.- dijo Richard cogiéndole las manos a la chica.- Sabes que me tienes para lo que haga falta.
- Gracias Richard, eres un buen amigo.- sonrió la chica acariciando a Richard.
Dan KK sacó una navaja que tenía guardada en el cinturón y se acercó a los chicos. Éstos al verlo, dieron un salto.
- ¿Quién eres tú? ¡Suelta el arma!
- Vaya, vaya, Verónica. Nos volvemos a ver.
- ¿Daniel? ¡Eres tú!
- Ha pasado tanto tiempo…
- ¿Quién es, Verónica?- preguntó Richard.
- Es mi ex novio. Hace años que lo dejé con él…no entiendo porque…
- ¡Así que esta es tu nueva víctima!- gritó Dan separando a los chicos.
Dan KK y Verónica se conocían de hace bastante tiempo. Dos años antes de que Alan y Rose se conocieran, ellos mantenían una relación sentimental que acabó por la adicción a las drogas por parte de él. Aprovechó que Verónica era la amiga de Alan y decidió destruirle por doble razón. 
- No, no es mi novio.
- ¡NO MIENTAS! ¡NO TE CREO! 
- Te juro que es verdad.- dijo Richard frunciendo el ceño.
Dan dio un paso adelante y apretó el mango de la navaja. Estaba dispuesto a acabar con la vida de los dos chicos. Richard se adelantó y presionó la mano de su rival contra el pecho, bloqueando el ataque.
- ¡Suéltame, malnacido!
- No lo haré, Verónica, llama a la policía.
La chica se disponía a coger el móvil cuando Dan KK empujó a Richard, que cayó al suelo herido por el roce de la navaja, que volaba por los aires.
- ¡Esto no quedará así! ¡Si no pudiste estar conmigo, no estarás con nadie más!- bramó Dan alejándose del río.
Verónica ayudó a su amigo a levantarse. Tenía dos heridas de la navaja pero no eran graves. Un paso ligero por urgencias sellaría aquel desgraciado día.

*

La falsa Brenda, Stephanie, y Ray seguían besándose en la cama cuando el teléfono sonó. Stephanie se levantó y lo descolgó. Habían pasado toda la noche juntos y aún rasgando el mediodía, seguían disfrutando de su falso amor por parte de la chica y perjudicial por parte del chico. Ray se estaba obsesionando con Stephanie y no se daba cuenta. 
- ¿Quién llama?- dijo Stephanie hablando por su móvil. Caminó algunos pasos y asintió con la cabeza. Acto seguido, colgó.
- Ray, te tienes que marchar. Mis tíos están a punto de llegar. No me había acordado de su visita.
- No, Dios mío. Deja que me quede un poco más. Quiero seguir sintiendo tu aroma.
- Venga, levántate.- susurró la chica.- Por favor…
- No, Brenda. Deja que me quede, que me retuerza de placer en tus sábanas olor a perfume de mujer. Volvamos a amarnos.- insistió Ray agarrando por los hombros a su tentación.
- ¡Suéltame, burro! 
- ¡DEJA QUE ME QUEDE, VOLVAMOS A HACER EL AMOR! ¡VOLVAMOS A SUBIR AL CIELO Y LUEGO BAJAR! ¡VOLVAMOS A SUDAR DE PASIÓN SOBRE ESTA CAMA! ¡VOLVAMOS A HACERLO!
- ¡SUÉLTAME, MALNACIDO! 
- Eres mía, ¡MÍA! ME PERTENECES. Eres mía. Amémonos. Ahora y siempre. ¡Amémonos!
Stephanie le soltó una bofetada a Ray. Éste respondió con un empujón que tiró a la chica al suelo. Por unos segundos reinó el silencio.
- Vete de aquí, desgraciado. No vuelvas…
Ray cogió su ropa y con lágrimas en los ojos se fue de la habitación y abandonó la casa. La rabia lo había matado por dentro y estaba destrozado. Stephanie se quedó en el suelo de la Black Faith, saboreando su victoria.

viernes, 27 de mayo de 2011

El llanto del Atardecer. Capítulo 6: Descifrando el pasado


Capítulo 6: DESCIFRANDO EL PASADO

Las hojas de los árboles se movían con la fresca brisa que corría. Las nubes se amontonaron en el cielo. Había grises y blancas. En un suspiro de Stephanie, empezó a llover.

<<Será una lluvia tonta de verano. >> pensó la chica, mirando al cielo confusa.
Sacó el móvil y marcó el número de teléfono de Ray.
- ¿Dónde estás? Necesito un compañero de sentimientos.- mintió Stephanie.- ¿Quedamos a las ocho en la estación, y vamos a mi casa?
- Me parece buena idea. Tranquila, voy para allá enseguida.
- No tardes, Ray. Estoy fatal.
Stephanie colgó el teléfono y soltó una carcajada.
<<Estas perdido>>.
La estación quedaba a escasos metros de donde estaba Stephanie. No le llevó mucho tiempo llegar a ella. Las vías cantaban su largo silencio a través del hierro. Ningún tren pasaba por allí desde hace dos días. Tampoco había mucha gente, por lo cual, a Ray no le costó mucho encontrar a Stephanie. Se acercó a ella con suavidad y la miró directamente a los ojos.
- Ya estoy aquí, tranquila.- le sonrió Ray.
Stephanie fingió llorar y se abrazó a su presa. Empezó a sollozar como si se tratase de un problema grande y segundos después, se secó las lágrimas con la camiseta de Ray.
- Vamos a mi casa, Ray, allí te contaré. Estaremos más tranquilos.
La Black Faith estaba ocupada por todos sus miembros. Stephanie mandó un mensaje a Bianca, avisándola de que iba con Ray para allá. Bianca dio la voz de alarma a todos sus compañeros y abandonaron el edificio, que quedó a la espera de la pareja. Cuando los chicos llegaron a la puerta, Ray miró la Black Faith con curiosidad.
- Una casa enorme, eh. Bonita, muy bonita.
- Sí, somos una familia adinerada. Para mi suerte, no me interesa mucho el dinero. Solo ser feliz. Siempre he sido una chica sencilla…Entra.
La Black Faith estaba en perfecta condiciones a pesar de ser el principal centro oculto de droga ilegal de Washington D.C. A Ray le pareció una mansión puesto nunca había oído hablar de ella. Stephanie lo condujo rápidamente hacia su habitación y los dos se sentaron en la cama.
- Verás, Ray. Mi novio es de California. Él siempre me ha querido mucho y me ha respetado. Desde que nos conocimos, hemos sido almas gemelas y lo nuestro fue un flechazo…
- Eso son buenas noticias, ¿no?
- Eso creía yo también.
Stephanie desvió la mirada hacia la ventana.
- Hace unos días, lo notaba raro. Le preguntaba cada instante si le pasaba algo. Él me respondía mal y me decía que siempre me metía en sus cosas. Ayer, me confesó que ya…
- ¿El que te confesó, Brenda?
- Me dijo…que la pasión se había acabado. Que su corazón ya no sentía lo mismo, que lo bonito llegaba a su fin.
- ¿En serio? ¿Y qué le dijiste?
- Le demostré mi amor suplicándole que no me dejara. Que iba a hacer todo lo posible para que esa pasión volviera…
- ¿Conseguiste convencerlo?
- Me abandonó esa noche…y aquí estoy.
Ray contempló la mirada de Stephanie, bella como una joya. La chica puso sus manos en las mejillas del chaval.
- Ayúdame a olvidar, Ray.
- ¡Pero…!- interrumpió el chico.
- Cállate. Solo relájate.- dijo Stephanie tapándole la boca a su objetivo. Segundos después, con una mirada tentadora, la chica lo besó. El aliento a placer flotaba en el aire. La cama hizo de testigo esa noche.

*

Al día siguiente, Rose se despertaba antes de lo habitual. Se quitó las sábanas de encima y apretó la cabeza contra la almohada. Alan seguía durmiendo como un tronco. La chica se levantó, observó las maletas de su luna de miel y se fue directa a la cocina a desayunar. Alan, que abría los ojos suavemente, contempló a Rose alejarse de la habitación.
- No te preocupes, Rose.- sonrió Alan acercándose a su chica.- Todo saldrá bien, confía en mí.
- Tenemos que hablar. Lo he terminado de recordar todo y quiero hablarlo contigo. Por favor, espero que me comprendas.
- Claro que sí, Rose. Mi corazón está preparado.
La chica le sirvió a su marido el desayuno.
- Hace tres años, me enamoré de ti perdidamente. Cuando te veía en el hospital, sentía una sensación de placer y comodidad que nunca había sentido. Más tarde, esa sensación se convertía en amor. Tres años después, nos hemos casado y tenemos nuestra propia vida, juntos. Hasta ahora, mi pasado nunca ha sido revelado. He tenido un motivo: mi accidente. Aparecí en una calle de al lado de ‘Honey Village’, herida. Sé como llegué ahí.
- Estoy nervioso…- confesó Alan, temblando.
- Es un momento duro, lo sé. Pero siempre hay que estar preparado para saber la verdad porque, te puede sorprender y mucho. Estoy dispuesta a contarte mi historia ahora que la he recordado y te pido comprensión y respeto. Eres parte de mi vida y estoy seguro de que harás lo que te pido.
El chico tragó saliva.
- Adelante.
- Mis padres murieron en un accidente de tráfico. No sé ni porque tuvieron el accidente. Quizás un simple despiste. Tal vez una borrachera de éstas. Cuando la locura entra en el cuerpo, no quieres pararla porque realmente, te estás divirtiendo con ella. Eso es lo que quizás le pasó a mis padres. Sus nombres eran Victoria y Bill y siempre me quisieron mucho. Lo que realmente no sabía, es que tenía una hermana perdida por ahí y mi mente estaba concienciada de que yo era ‘hija única’. Oí discutir varias noches a mis padres. Seguramente, fue por eso: la adopción de Bianca. Victoria y Bill Doyle nunca han tenido el corazón de piedra y han sido unos padres maravillosos en todo momento. El motivo de la adopción de mi hermana no lo sé…quizás lo sepa algún día…
- ¿Nunca te contaron nada de la adopción?
- No, tampoco pregunté yo. No sabía que tenía una hermana y el mundo de color rosa de una niña me envolvía por completo.
- ¿Y tuvo que ver algo Bianca con tu accidente en la calle de al lado de ‘Honey Village’?
- Sí. Conocí a mi hermana por casualidad. Por aquellos tiempos, era una chica adorable. La maldad y la furia de saber que sus padres no la querían, la hicieron convertirse en una persona cruel y sin sentimientos. Ella se había criado en Arizona con otra familia y nos conocimos en el aeropuerto, porque ella se iba a venir aquí a estudiar. Estuvimos bastante tiempo recuperando el tiempo perdido pero el infierno llegó cuando conocí a Steve.
- ¿Steve? ¿Murió hace tres años en la playa de Washington, no?
- Sí, el mismo. Él y Bianca estaban enamorados y eran muy felices. Ella misma me confesó que no les dijera nada a nuestros padres para que su felicidad continuara. Cuando éstos murieron, me fui a vivir con ella. Todo iba muy bien y las relaciones eran geniales. Todo empezó a ir mal cuando Steve se adentró en el mundo del alcohol y las drogas. Lo más horroroso es que su adicción la expandió por el alma de Bianca y después…el mío.
- ¿Estuviste en la mala vida junto a tu propia hermana y su novio?
- Sí…fue una época horrible. El dinero se fue volando y hasta tuvimos que pedir limosna. Yo tuve un poco de suerte y abandone el mundo de las drogas. Encontré trabajo y me compré un piso. Mi dicha hizo que mi hermana y Steve tuvieran celos de mí y que cada vez me empezaran a tratar mal. 

viernes, 13 de mayo de 2011

El llanto del Atardecer. Capítulo 5: El retorno del mal


Capítulo 5: EL RETORNO DEL MAL

La carrera se ponía emocionante. Paul iba ganando pero Andrés hacía todo lo posible para adelantarle. Estaba claro que el deportivo de McCar estaba más preparado para carreras ilegales que el vehículo de su contrincante.

- ¿Puedo hacerte una pregunta?- le dijo Andrés a su rival mientras intentaba adelantarlo.
- ¿Qué si puedo dejarte ganar? ¡Ahí te quedas, pardillo!- gritó Paul riéndose.
- ¿Por qué te llaman McCar?
- Soy el dueño y señor de las carreras ilegales. Las he ganado todas. Todos los tipos que se han enfrentado a mí, han perdido.
- ¿Y qué pasa si te gano ahora?
- ¡NO LO HARÁS!
Paul pisó fuerte el acelerador y consiguió librarse fácilmente de Andrés. Éste, con furia y rabia, maldijo a su rival todas las veces que pudo antes de esquivar un árbol que estuvo a punto de fijar su destino. La meta estaba cerca y Paul parecía reinar el primer puesto. Con un derrape final, McCar se hizo con el triunfo de nuevo. Andrés, muerto de rabia, cruzó la meta con los ojos clavados en su enemigo. Los aplausos de mafiosos y delincuentes y los gritos y burlas por parte de Paul a Andrés por haber ganado se hicieron con el control de la situación. El chico, furioso, empujó a su rival con fuerza.
- ¿Quién te crees que eres, payaso? ¡Me has ganado a mí, pero con otros no lo harás!
- Sí lo haré, soy un profesional. Ya es la sexta vez que pierdes, ¿no? ¡Pobrecito!
- Juro por mi vida que esto no va a quedar así. ¡Te pido la revancha!
- Vaya, veo que quieres tu séptima derrota. Por el camino que llevas, vas a ser el peor conductor de carreras ilegales de la historia, pardillo.
- La semana que viene nos retaremos otra vez.
Andrés sacó el dinero que apostó en la carrera y se lo dio al vencedor.
- Nos vemos, pardillo…y gracias por la pasta.
El chico recordó las palabras de Bianca en su mente: <<No olvides jugar sucio>>. Segundos después, desapareció de ‘Blue Possy’

*

Dos días después del fatídico derrumbe de la iglesia, el comisario mandó a declarar a Alan y a Rose.
- Buenos días. Ustedes deben de ser Alan Jones y Rose Jones, ¿no?
- Sí, somos nosotros.- dijo Alan con la mirada baja.
- Sentimos que hayan retrasado su luna de miel pero la ley es la ley.
- No se preocupe. Nuestra vida está llena de sobresaltos por culpa de mi hermana.
- El tema fraternal es otro tema del que me gustaría hablar también.- dijo el comisario aclarándose la voz.
Los chicos se sorprendieron.
- Bueno. Ha dicho usted que sus vidas están llenas de sobresaltos por culpa de su hermana Bianca Jones. ¿A qué se debe?
- Bianca siempre le tuvo celos a Rose. Además, un día me habló de un pasado negro de mi esposa.- comentó Alan.- Llegó un momento en el que mi hermana enloqueció y se propuso quitar de en medio a Rose, incluso a mí también, con ayuda de sus cómplices.
- Todos los planes de su hermana fueron fallidos, ¿no?
- Sí.- dijo Alan tragando saliva.
- ¿Se ha preguntado por qué?
- ¿El papel de la policía? ¿Casualidad? ¡No me caliente la cabeza!
Silencio. El comisario se levantó.
- He estado un año estudiando este caso, señor Jones. Hágame caso. Su hermana Bianca parece padecer enfermedades mentales. Vamos, que no está bien del coco. Eso de crucificar a dos personas con una iglesia llena de bombas no es de estar muy cuerdo, y más, la noche de antes a la luna de miel.
- Señor comisario, todo lo que ha dicho ya lo sabía…
- Hay algo que usted aún no sabe.
- Dígamelo.- Alan agarró de la mano a Rose.
El comisario miro a la chica con los ojos serios y fríos. Su mirada escondía una gran verdad.
- Señor Jones, su hermana Bianca y su esposa…
- ¿Qué? ¿Qué pasa?
- Bianca y Rose son hermanas. HERMANAS DE SANGRE.
A Alan se le paró el corazón. Rose quedó petrificada.
- ¿Cómo dice? ¿Está loco?
- Tengo pruebas, señor Jones.- susurró el comisario entregando unos papeles al chico.- Al parecer, señora Jones, sus padres no querían a esa niña de ojos grises. No la buscaban, pero mire usted por dónde, nació. Separadas al nacer. Su hermana de sangre. Estos papeles lo confirman. Son pruebas de ADN.
Rose dejó caer algunas lágrimas.
- No puede ser…
- Tal vez puede ser ese el pasado que esconde Bianca.- rio el comisario.
Alan se tocó el pelo y cogió un pañuelo que había encima de la mesa para limpiarse el sudor.
- Muchas gracias por su colaboración, señores Jones.- se despidió el comisario con un estrechamiento de manos.
Rose se levantó tirando la silla y clavando los ojos en su chico.
- YA RECUERDO. YA LO HE RECORDADO. ¡YA LO HE RECORDADO!
*

En el salón de la Black Faith, la televisión era el ocio principal. Mientras que Bianca pensaba nuevos planes para destruir a su hermano y a Rose, Carl tenía la mirada sellada a aquel aparato eléctrico que tenía frente a él. Stephanie no estaba. Había salido.
- ¿Dónde está la solitaria de Steph?
- Ha quedado con Richard. El plan va viento en popa.- reía Bianca sacando un libro de la pequeña biblioteca del salón.- ¡Deberías de hacer tú lo mismo, Carl!
- Mmm… estoy eligiendo a mi víctima.- rio Carl.- Dame tiempo, preciosa.
La ventana estaba abierta. Esa noche refrescaba. Bianca se precipitó a cerrarla. La brisa le acariciaba en la cara.
- Tenemos que darnos prisa…Carl…
- ¿Por qué lo dices?
- Tenemos que acabar con Alan, Rose y sus amiguitos. También, conseguir suficiente dinero mediante la cocaína para irnos a Europa a rehacer nuestras vidas. Esto acabará pronto…
- Todo saldrá bien, Bianca. ¡El mal vencerá!
- Por supuesto.- rio Bianca soltando el libro en la estantería.- El mal y la muerte RETORNAN.

miércoles, 11 de mayo de 2011

El llanto del Atardecer. Capítulo 4: Apocalipsis


Capítulo 4: APOCALIPSIS

Las campanas de la iglesia sonaban por la mañana al día siguiente. Bianca estaba en la puerta del edificio fumándose un cigarrillo. Miró el reloj durante unos segundos. Minutos después de que Bianca bajara el brazo después de observar el reloj eterno, una furgoneta sucia y vieja se acercó a ella. El conductor era Max. Paró el motor y se bajó del vehículo con bastante prisa, como si se quisiera quitar de en medio algo lo antes posible. Miró a Bianca con una mirada dulce y abrió las puertas traseras de la furgoneta. Dos cuerpos envueltos en bolsas de tela fina se encontraban en el interior. Los sacó con cuidado y miró a un lado y a otro, asegurándose de que no había nadie por allí. Las campanas de la iglesia seguían sonando cuando Bianca apagó el cigarrillo con el pie y ayudó a su compañero a sostener los cuerpos. Acto seguido y con cuidado, tocaron en la puerta de la iglesia. Carl y Stephanie les abrió. Los cuatro pasaron al interior, ayudándose para que los cuerpos no cayeran al suelo. Los soltaron en los bancos y se sacudieron las manos. Después, Carl se dirigió al confesionario y lo abrió. El sacerdote de la iglesia se encontraba allí, inconsciente y atado de manos.
- ¡Despierta, malnacido!- bramó Stephanie produciendo eco en todo el edificio.
Max soltó una carcajada y Bianca le tapó la boca.
- Hagamos lo que tenemos que hacer pronto.- dijo Bianca seduciendo con la mirada al sacerdote.
Stephanie con ayuda de Max y Carl sacaron los cuerpos de las bolsas de tela. Eran Alan y Rose.

Cuando los chicos se despertaron de su, al parecer casi eterno sueño, se encontraban a bastante altura. Miraron abajo y vieron a Bianca y a los demás cruzados de brazos. También se encontraba el sacerdote atado de manos y ya despierto. Miraron a su izquierda y a su derecha y vieron que sus manos estaban atadas a madera. Miraron arriba y vieron un saliente del mismo material asomando por su cabeza. No había duda. Estaban crucificados.
- ¡BIANCA! ¿QUÉ HAS HECHO?- gritó Alan con dolor en la voz.
- Bienvenido a vuestro apocalipsis. Alan Jones. Rose Doyle.- dijo Bianca con una sonrisa radiante.
Rose intentó soltarse de las cuerdas pero no pudo hacer nada.
- Si os soltáis, caeréis sin más.- rió Max.
Bianca dio un paso adelante, remangándose las mangas de su camisa.
- ¿Recordáis esta iglesia? ¡La iglesia donde os casasteis! Pensé que vuestra fe no os lo perdonaría si no moríais en la fe católica. Así que, esta iglesia se irá al infierno acompañada de vuestras almas. VUESTRAS MALDITAS ALMAS.
- ¡Bájanos de aquí, Bianca!- gritó Rose.
La parte más baja de las cruces tenían dinamita conectada a una mecha. La iglesia entera estaba plagada de bombas, que programadas para explotar en diez minutos.
- ¿Habéis visto nuestra obra de arte? ¡PÓLVORA Y DINAMITA! ¡Qué cosa tan bonita!- gritó Bianca.
- Por favor Bianca, soy tu hermano, ¡bájanos de aquí y entrégate a la policía!
Bianca encendió la mecha.
- En diez minutos, todo habrá acabado. ¡Pudriros en el infierno!
Rose soltó un grito y empezó a sollozar. Alan no pudo controlar los nervios y se desmayó.
- LARGA VIDA…AL AMOR- rio Bianca mientras veía el triste final de los dos chicos.
Dicho esto, los miembros de la Black Faith salieron a paso lento por la puerta de la iglesia riéndose y burlándose de los tres desgraciados. La mecha llegaba a su fin y el sacerdote gritaba y rezaba en voz alta. Rose intentaba escaparse de las cuerdas pero no podía. Alan estaba desmayado y no daba señales de recuperar el conocimiento. De pronto, la madera de la cruz empezó a arder lentamente. Varios trozos cayeron al suelo. Rose empujó su cuerpo hacia adelante, haciendo que la cruz se destrozara. La chica cayó al suelo de la iglesia, amortiguada por la mesa. Se levantó con algunas heridas en las piernas y en la cara y apagó la mecha rápidamente con la bolsa de tela en la que había sido transportada hasta la iglesia. Una vez la mecha apagada, miro a su alrededor y observó las bombas. No había tiempo. El sacerdote seguía rezando en voz alto mientras el fuego de la cruz se hacía más intenso.
- Padre, ayúdeme. Si la cruz de Alan se parte, éste caerá. Está desmayado y no podrá reaccionar ante el golpe. Necesitamos algo para amortiguar.
- En mi despacho hay varios mantones. Los utilizamos para ponérselos a la Virgen en tiempos de Pascua. ¡Dios nos ayude!
Rose y el sacerdote corrieron a coger los mantones que estaban depositados en varias urnas de una estantería de éste. Se precipitaron a subir al altar y sostener el manto para que Alan cayera ileso. La cruz del chico se partió en dos. El fuego acarició la piel de Alan, que cayó al manto con restos de cuerda aún en las manos. Segundos después, se despertó.
- ¿Cómo diablos ardió la cruz?- preguntó Rose con lágrimas en los ojos.
- ¡Ha sido la fuerza de Dios! ¡Un milagro!- gritaba el sacerdote besando el suelo y mirando al crucifijo que había en el altar.
- Hoy creo en los milagros…hoy sé que existen.- decía Rose abrazando a su marido.
Los dos chicos y el sacerdote salieron de la iglesia rápidamente, viendo como las bombas llegaban al final de su vida. Una vez fuera, el edificio explotó en una nube de un intenso ruido brutal.
- ¡La Casa de Dios!- gritó el sacerdote tapándose la cara con las dos manos.
Alan y Rose contemplaron la horrorosa escena mientras que la policía y los bomberos acudían en su ayuda. Humo negro como el ébano salía por todas partes de la iglesia, irreconocible. Pocos segundos después, se derrumbó. El coche de Bianca, que permanecía a varios metros del edificio, arrancó de furor.
-  ¡Maldita sea! ¿CÓMO SE SALVARON?
- Quizás…obra del Espíritu Santo.- se burló Stephanie.
- ¡Ya decía yo que todo no iba a ser tan fácil! Ahora, estamos en busca y captura de nuevo. Y tenemos doble razón de cárcel.- se lamentó Max cerrando los ojos.
- Esos dos no se saldrán con la suya, ¡juro por Steve que no se saldrán con la suya!- bramó Bianca. Y diciendo esto, se marchó con el resto de la Black Faith

*

Andrés acababa de llegar al circuito de ‘Blue Possy’. Su coche, un Citroën C5 SX, ansiaba por empezar la carrera minutos antes del comienzo. Paul McCar, enemigo íntimo del chico, estaba dispuesto a ganar de nuevo a su rival. Le guiñó un ojo y se montó en su vehículo, un deportivo. La carrera estaba a punto de empezar. ‘Blue Possy’ estaba a reventar de gente. Unos animaban a Andrés, otros a Paul. Los motores rugían.
- Que gane el mejor, perdedor.- se burló Paul.
- Cuanto lo siento. Hoy es mi día de suerte.- dijo Andrés con una sonrisa.
El tiro de salida hizo que los coches volaran por el terreno, dejando un manto de humo que mareó a más de un espectador.

martes, 10 de mayo de 2011

El llanto del Atardecer. Capítulo 3: La despedida


Capítulo 3: LA DESPEDIDA

Carl y Bianca se dirigieron a una calle con poca luz. Estaba anocheciendo y el Sol cada vez se ocultaba más. La chica encendió un cigarrillo con el mechero que había encontrado minutos antes en el bolsillo de su vaquero. De pronto, con una luz intensa que cegó a los chicos, apareció un coche negro en la oscuridad como si fuera un fantasma. El conductor aparcó cerca de ellos y apagó el motor. Después, salieron del vehículo tres hombres vestidos de negro y con sombrero. Uno de ellos llevaba en la mano una pistola. Era alto y delgado. Los otros dos eran musculosos y recios.
- Que alegría me da volver a veros…- dijo el hombre de la pistola.
- Giovanni…acaba cuanto antes. Tenemos cosas que hacer.- dijo Bianca en voz baja.
El hombre sacó un manojo de billetes de su bolsillo mientras que Carl le daba la droga.
- Diez mil dólares, ¿no?- preguntó Carl riendo.
- Hay seis mil. Estoy un poco arruinado este mes.- se burló Giovanni.
- O diez mil o nada…es lo que hay.
- Vamos Carl, ¿no le vas a hacer un descuentito a un ex miembro de la Black Faith?
- Tú ya no perteneces a la Black Faith.- interrumpió Bianca poniéndose delante de Giovanni.- Coge la coca y vete, imbécil…
- Vale, vale. No te pongas así Bianca.- le susurró Giovanni al oído.- Recuerda que os vigilo…
Segundos después, soltó una carcajada. Tecleó algunas veces en su móvil y después entró en el coche. Los matones que le seguían hicieron lo mismo.
- ¡Gracias por la joya que tengo entre mis manos!
Bianca lo miró con odio.
- ¡LARGA VIDA A LA BLACK FAITH!- rió Giovanni burlándose de los dos chicos. Y diciendo esto, arrancó el motor del coche y se fue. Carl y Bianca se quedaron contemplando como el coche se alejaba de la oscuridad a todo gas. Luego, se dirigieron a la Black Faith.
- Ese bastardo de Giovanni no se saldrá con la suya de volver al grupo…
- Es un traidor. Casi nos pilla la policía por su culpa. Nunca le perdonaré que nos haya vendido…
- Maldito Judas…el dinero le volvió loco y lo prefirió antes que a nosotros.
- Dejemos de hablar de Giovanni…me aburre ese tipo.
Andrés esperaba a Carl y Bianca en el vestíbulo del escondite. Cuando entraron, se lo encontraron con un volante en las manos. Se sorprendieron.
- ¿Qué haces con eso?- dijo Bianca extrañada.
- Lo robé. ¿Algún problema, jefa?- dijo Andrés con tono vacilante.- Lo necesito para mañana. Tengo una carrera ilegal en ‘Blue Possy’ a las seis de la tarde. Mi coche está preparado, voy a ganar…
- Creo que confías demasiado en ti mismo, Andrés.- interrumpió Bianca sonriendo.- Ten cuidado. Tengo entendido que Paul McCar está dispuesto a ganar.
- ¿Paul McCar?- rió Andrés.- ¿INSINUAS QUE ME VA A GANAR ESE MATADO? ¡Soy el rey de las carreras ilegales!
- No serás el rey cuando te han ganado cinco años consecutivos…
- No me lo recuerdes, Carl.- dijo Andrés furioso.- Este año ganaré.
Bianca se dispuso a entrar en el salón. Miró a Carl y le sonrió a Andrés.
- Andrés, no olvides jugar sucio…

*

La luna de miel de Alan y Rose estaba a punto de comenzar. Hacía unos días se habían comprado un piso en el centro de la ciudad y entre tanto ajetreo de la boda, no les había dado tiempo a disfrutarlo.
- ¡Qué cómodo es este piso! ¡Qué pena dejarlo por una semana!
- El tiempo pasa volando.- dijo Alan besando suavemente a Rose en los labios.- Volando…
El timbre interrumpió el beso de los chicos. Alan fue a abrir con una mueca de molestia. Rose rió. Era Brian, el primo del chico. Alan le abrió la puerta y le dio un abrazo.
- ¿Cómo tú por aquí, primo?
- Buenas noches…siento molestar tan tarde.
- ¡Qué va! ¡Nunca molestas!- dijo Alan recordando el beso interrumpido.- Pasa y siéntate.
- La verdad es que vengo a despedirme. Hoy a las cinco de la mañana parto a California.- Brian bajó la mirada.
Los chicos pasaron al salón. La cara de Rose se volvió blanca. Realmente no se lo esperaba.
- ¿CÓMO QUE TE VAS?- Alan no se lo creía.
- He encontrado un buen trabajo allí y me voy con algunos amigos de Dallas que también han encontrado curro allí. Vendré a visitaros los veranos y en las fiestas.
- ¡Me alegro de que hayas encontrado trabajo!- dijo Rose con lágrimas en los ojos.- Te echaremos de menos…
- Bueno, solo vine para desearos lo mejor en vuestra luna de miel y cuando volváis. Esta tarde me despedí del resto del grupo. Me lo he pasado genial en estos años, de verdad. Ahora quiero empezar una nueva vida, conocer a alguien, enamorarme, experimentar el amor como vosotros habéis hecho y ser feliz.- dijo Brian sonriéndoles a los chicos.
- Estoy seguro que harás todo eso que has dicho, Brian. Eres una de las mejores personas que he conocido.- dijo Rose.
Alan le pasó la mano por el hombro a su primo.
- Cuídate, Brian. Sabes que te quiero un montón, ¿no? Y que sepas que eres mi primo preferido.
- ¡Soy tu único primo!- exclamó Brian con una sonrisa.
Los chicos rieron.

domingo, 8 de mayo de 2011

El llanto del Atardecer. Capítulo 2: Perjudicial


Capítulo 2: PERJUDICIAL

Stephanie, chica bella y atractiva, descansaba en un banco del parque al lado del centro de la ciudad. Observaba el paisaje tranquilamente a la vez que le leía un libro llamado ‘Sombras en la oscuridad y otras historias’. Ray, que pasaba por allí para ir a trabajar aún con resaca de la noche anterior en el banquete de la boda, le llamó la atención ver a Stephanie leer el libro.
- ¿Conoces al autor del libro?- dijo Ray acercándose a la chica.
- Sí, es un autor bastante bueno. Su especialidad es la novela de misterio y suspense.
Ray se sentó a su lado.
- Me encanta ese hombre. Tengo todos sus libros. Por cierto, me llamo Ray.
- Encantada…yo soy…Brenda.- mintió la chica.
La mirada de la chica se volvió fría. Sus ojos advirtieron a Ray que no agradaba su presencia pero éste estaba demasiado ocupado contemplando su belleza.
- Debo marcharme, Ray.
- ¿Te vas? Si quieres puedo invitarte a un café y hablamos del autor del libro.- dijo Ray tan distraído que no se acordaba de que tenía que ir a trabajar.
- Gracias, pero no. Tengo… cosas que hacer.
- ¿Nos volveremos a ver, Brenda? ¡Toma mi número de teléfono, para cuando quieras hablar de libros! Disponible las veinticuatro horas.
- Seguro que nos volvemos a ver…gracias y adiós.- se despidió Stephanie.
Se alejó entre los arbustos mientras Ray se levantaba del banco y se iba. La chica caminó algunos pasos y después sus pies se pararon. Una sombra apareció entre las hierbas.
- Bien hecho, Stephanie. Ni se ha inmutado.
- Suelo manejar bastante bien los sentimientos de la gente.
- Ya sabes que debemos vengarnos de la muerte de Steve mediante la eliminación de todas las personas cercanas a Rose.
Stephanie sonrió.
- Yo me encargo de éste…no te preocupes…
- Bien, volvamos a la Black Faith.
- Entendido…Bianca.
La Black Faith Home era una gran casa escondida a las afueras de Washington D.C. Allí vivían los miembros de la Black Faith: Bianca, Max, Carl, Stephanie, Dan KK y Andrés.
- Giovanni y yo hemos quedado esta tarde.- dijo Carl sentándose en una silla vieja.
- Vaya, ¿de nuevo?- preguntó Andrés.
- Esta vez es una gran cantidad de dinero. Ni se imagina lo feliz que lo voy a hacer con esta maravilla.- susurró en voz baja el chico cogiendo una pequeña bolsa de droga.
- ¿Sabes, Carl?- dijo Bianca mirándolo con cara de asco.- Tendré que ir contigo…
Max intervino.
- ¿Qué vas con él? ¿Y qué hay de nuestra cena?
- Es verdad, nuestra cena. Te prometí que cenaríamos esta noche…
- Llegará a tiempo para eso.- interrumpió Carl sonriendo.- Giovanni siempre es breve, y yo…también.
- Tened cuidado con la policía.- dijo Stephanie mordiéndose el labio.

*

Mientras Carl y Bianca se disponían a vender droga al traficante más famoso de Washington D.C, Rose y Alan preparaban la maleta para irse de luna de miel a París. Una vez casados y felices, querían pasar mucho tiempo juntos y su corazón recibía cada vez más amor.
- Rose, hace tiempo que no sabemos nada de Bianca…concretamente más de 3 años…
- La verdad es que me gustaría saber por dónde anda. Es capaz de cualquier cosa con tal de vengarse por la muerte de Steve.
- Creo que fue un duro golpe para ella…
- Cuando estás enamorado de alguien y ese alguien muere, se te viene el mundo encima.
- Menos mal que la persona de mis sueños no está muerto, sino aquí y conmigo, a mi lado, amándome.
- Creo que conozco a esa persona, Alan…
Los dos chicos se besaron. Cerraron la maleta y se tumbaron encima de la cama.
- ¿Te acuerdas? Aquella noche, silenciosa, preciosa, bonita, hermosa. Aquella noche en aquella playa tan tranquila, tan magnífica, nos entregamos uno al otro. Nuestros cuerpos fueron solo uno y disfrutamos de nuestro amor hasta el amanecer. ¿Por qué se tenía que acabar esa noche, esa noche tan mágica y llena de amor? Quizás para los dos se hubiera hecho corto pero a la vez fue eterno. La arena nos rozaba la piel y la espuma del agua nos acompañaba en aquella escena. Los pájaros del alba anunciaban el amanecer, un alba lleno de dulzura y pasión al borde del mar donde nuestro amor triunfó sobre La Tierra.
- Sí, me acuerdo como si fuera ayer. Confié plenamente en ti y pude disfrutar de nuestro amor. Prometo ser una buena compañera hasta el día en que me muera, Alan. Prometo ser el mejor regalo que te haya dado el destino. Estoy contigo hasta el final.
- Nunca llegará el final.
- ¿Por qué?
- Porque lo nuestro es eterno, amor eterno.

*

Ray volvía de trabajar por la tarde cuando, en el mismo lugar, se encontró a Stephanie. Ésta vez no leía un libro, sino que contemplaba el paisaje mirando los pájaros que cantaban en las ramas de los árboles. El chico se acercó tímidamente.
- Hola Brenda, que alegría volver a verte…
- Vaya, hola Ray. Mira esos pájaros.
Ray desvió la mirada hacia la rama del árbol donde había un nido pequeño y un colorido pájaro estaba alimentando a sus crías.
- Esos pájaros son como la vida…- dijo Stephanie levantándose del banco.
- ¿Cómo la vida? No entiendo…
- Bonitos. Son bonitos.
- A veces la vida no es bella, como dices…
- ¿Y por qué no hacerla siempre bella? No lo hacemos porque no queremos.
- Desgracias, sufrimientos, accidentes…- Ray se encogió de hombros.
- Bah.- se burló Stephanie.- Son cosas que podemos evitar. Todo es posible menos la muerte.
- La muerte es la cosa más terrible del mundo…
- Te equivocas, Ray. Lo más terrible del mundo es lo perjudicial para ti. Cada persona es un mundo y lo más horripilante que te puedes encontrar es lo que te haga mal a ti.- Stephanie continuó.- Cuando mueras no sentirás nada de horror. Sin embargo, si te pasa algo malo, sufrirás las consecuencias. Ten cuidado, chico.
La chica le guiñó un ojo.
- No dejes que nadie te perjudique. Así, podrás tener una vida bella y sin desgracias. Créeme.
Sin dejando tiempo a responder a Ray, Stephanie echó a andar rápidamente y dejó al chico pensando sobre lo que le había dicho.
<<Es una chica interesante. >> pensó.