martes, 21 de agosto de 2012

Hotel 666: La maldición de la familia Benoit (Cap.6)


CAPÍTULO 6
EL RETORNO DE CAZAREL

La gran mansión de los Benoit parecía haber quedado paralizada entre el miedo y la confusión. El simple hecho de que pudiera aparecer hojas invisibles en el diario le mordía la conciencia a Ariadna y a los demás chicos. ¿Cómo podrían saber si esas páginas estarían ocultas o no? Ni ella ni Pablo ni los demás tenían poderes mágicos. Sólo la familia Benoit tenían tales habilidades, y ni siquiera saben que hacer. Un mar de desesperación se poso sobre el alma de cada uno de ellos. Mil veces releyeron el diario, una y otra vez. No aparecía ningún hechizo para romper el encantamiento de la supuesta tinta invisible de las páginas. Lionel observó las últimas páginas del diario. Realmente parecía que las letras estaban ocultas. Harto de esperar, decidió probar con alguno de sus poderes. No dio resultado.
- Es raro que Di Leandro no escribiera en algún lado la respuesta a su secreto.- comentó Miguel con los ojos pegados al diario.
- Quizás por eso sean secretos...- añadió Marilin mirándole con un gesto alegre. Los chicos cruzaron sus miradas a tal punto que no se dieron cuenta de que estaban los demás a su alrededor. Lionel los miró embobados, apartando la mirada del diario.
Como si el silencio del salón estuviera sentenciado a romperse, Gabriel entró rápidamente en la habitación, alarmando a todo ser que habitaba en ella. Los chicos y la familia Benoit nunca habían visto antes la reacción de Gabriel al entrar. Estaba pálido, casi blanco. En sus manos quedaban restos de luz. Ariadna llegó a la conclusión de que había usado sus poderes recientemente. Lionel le preguntó qué le pasaba, pero el arcángel estaba mudo. Cuando por fin consiguió hablar, soltó un 'Venid, rápido', lo que hizo que todos le siguieran a una velocidad increíble, presagiando algo malo.
Gabriel los condució hacia la habitación del fénix. Un resplandor rojo fuerte apareció dentro. Lionel ordenó a Cynthia que se llevara a los dormitorios a los niños. Damian se adelantó, pero Gabriel le cortó el paso. 
- Esto es peligroso...
- No soy un niño, para tu información.
Gabriel dirigió su mirada hacia Ariadna y los demás chicos.
- Cazarel ha vuelto. Mantened la guardia.
Gabriel entró acompañado de Lionel, manteniendo la tranquilidad, pero a la vez sudando. Dos gritos suyos hicieron que el resto entrara con cautela. Los chicos encontraron a la figura que Ariadna había visto días antes. Estaba delante del fénix. Esta vez, la figura iba formándose poco a poco, hasta parecer una mezcla de humano y bestia con cuernos. Vestía ropas rasgadas y negras. Sus ojos eran la vil imagen del terror y su cola era tres veces sus dedos de las manos, afilados como cuchillas. Era una bestia horripilante. De su espalda sobresalían quince cuernos no muy grandes, que llegaban casi al techo. La bestia bramó, lo que hizo temblar la habitación. Su grito se asemejaba al lamento de la muerte. Era Cazarel.
- ¿Osáis retar a mi señor? ¡Seréis castigados por ello!- dijo la demoníaca bestia levantando sus afiladas zarpas. 
- ¡No conseguirás robar el fénix! ¡No lo permitiré!- dijo Gabriel haciendo que un haz de luz apareciera en la palma de su mano. El haz dio paso a una espada larga y brillante, la espada celestial, la misma espada que empuñó Ariadna al derrotar a Abrahel.
- ¿Vas a acabar conmigo con eso?- gritó el monstruo.- Conozco mejores armas para hacerme cosquillas.
Lionel y Damian se colocaron donde estaba Gabriel. Estaban dispuestos a ayudarle.
- El Ejército de los Infiernos está cerca...vamos a por ti, Gabriel. ¡Y a por toda tu panda de desgraciados!
- ¡Silencio!- bramó Gabriel.- ¡Fuisteis vosotros los que quedasteis cegados de ambición y poder! ¡Acarread las consecuencias! ¡No habrá inmortalidad a los faltos de humildad!
- Tus palabras solo escupen veneno angelical...- rió la bestia pasándose las garras por su abultado pecho marrón oscuro.- Seguro que dentro de unas horas volverás a tu asqueroso mundo llorando por haber sido derrotado por el gran Cazarel.
- Esto se acaba aquí, Cazarel.- sentenció Gabriel empuñando la espada.
- Ni lo sueñes, viejo amigo.- afirmó la bestia.
Gabriel se adelantó hacia donde estaba su enemigo y saltó en el aire, moviendo la espada para conseguir que Cazarel perdiera la mirada en ella. Acto seguido, la bestia hirió al ángel en la espalda tras darle un zarpazo. Gabriel cayó al suelo tras un resplandor de luz, pero no tardó en levantarse. Las heridas de su espalda comenzaron a sanarse como si nada y las cicatrices se convirtieron en el nacimiento de dos alas que poco a poco empezaron a emerger del interior del arcángel. Las alas, blancas como la nieve, envolvieron a Gabriel antes de que éste pudiera recibir otro zarpazo de su rival. Lionel y Damian intentaban sin éxito lanzar bolas de luz a Cazarel. La bestia se las devolvía con más energía. 
Miguel intentó proteger el fénix, pero Cazarel lo vio y le propinó una patada en la cabeza. Miguel se estrelló contra la pared tras un fuerte estruendo y un río de sangre a sus pies. Sus ojos empezaron a sollozar en silencio, mientras Marilin acudía en su ayuda. La habitación se paralizó. Miguel intentó reincorporarse con ayuda de Marilin, y lo consiguió tras mucho esfuerzo. Cazarel miró a su alrededor y viéndose acorralado, atravesó la pared y huyó por la casa. Gabriel, Damian y Lionel corrieron tras él. El monstruo se paró finalmente en el jardín. Los demás llegaron después, ya que Miguel estaba débil y necesitaba descansar. Gabriel ordenó a la chica que llevar a Miguel a la habitación para que estuviera a salvo.
Marilin se retiró a las espaldas de Cazarel, que parecía la bestia más furiosa del planeta. Desesperado, creó con ayuda de sus zarpas una bola de fuego, que lanzó a Gabriel con la potencia de mil toros. Gabriel utilizó su espada para hacer rebotar la bola, que fue a Miguel y Marilin, que cayeron al suelo heridos. Marilin observó como Miguel se retorcía de dolor. Pablo, Ariadna y Kasha acudieron en su ayuda. Marilin, a duras penas, consiguió llegar a donde estaba Miguel y se abrazó a él. Moribundo, Miguel miró a la chica con dolor y agonía.
- No te mueras, Miguel...no te mueras.
Gabriel consiguió ahuyentar a Cazarel con la espada celestial, la cual le hirió en los brazos. La bestia se esfumó tras una nube espesa de polvo granate. Lionel, Damian y el arcángel corrieron rápidamente a auxiliar a los demás. Miguel estaba empapado en sangre, al igual que Marilin.
- No te mueras...- insistía la chica, llorando sin parar.
- No creo que...dure...mucho...- dijo Miguel con la voz cortada por la sangre.
- ¡No puedes morir! ¡NO PUEDES! ¡NO TIENES LA CULPA!
Marilin posó su cabeza sobre el pecho de Miguel, bañado en sangre.
- No voy a soportar perderte...- dijo Marilin a duras penas.
- Tranquila, Marilin...- dijo Miguel sintiendo como su corazón se apagaba.- Me llevarás ahí siempre...
Marilin se acercó a los labios de Miguel.
- Te quiero...- añadió el chico.- Y perdón por no haber tenido el valor de decírtelo.
- Yo también.- afirmó Marilin sonriendo y llorando a la vez.- Sabes bien que no tengo nada que perdonar...
Miguel contempló a Marilin por última vez, y después expiró. Los gritos de Marilin envolvieron la mansión por todas partes. Ariadna apartó a Marilin del cuerpo inerte de su amigo. 
- Vamos, ya no podemos hacer nada...
Pablo cerró los ojos sin luz de Miguel. 
- ¡JURO VENGARME! ¡JURO VENGARME!- bramaba Marilin mientras Ariadna la sostenía para que no se abalanzara sobre el cadáver.- ¡POR TI, Y POR NOSOTROS!

No hay comentarios:

Publicar un comentario