jueves, 16 de agosto de 2012

Hotel 666: La maldición de la familia Benoit (Cap.3)


CAPÍTULO 3
''EL LADRÓN''

Habían pasado tres días desde la llegada de los chicos a la mansión de los Benoit. No tardaron en adaptarse al increíble mundo de las mil y una habitaciones. La mansión era inmensa, pero más grandes eran aún las ganas de los chicos de proteger el fénix de plata. A veces, el aspecto lúgubre del servicio asustaba a Miguel, que se burlaba de Ordog constantemente. Pablo y Ariadna habían recuperado sus caricias y a la chica ya no le importaban las miradas de Kasha. Pero la paciencia le duró poco.
- ¡Vaya, Pablo!- exclamó Kasha acercándose al chico cuando caminaba a la biblioteca a informarse sobre el fénix de plata.
- Hola, Kasha, ¿qué tal?
- Me preguntaba si podría acompañarte a la biblioteca. Me interesa saber algo más de ese fénix. Me llamó la atención cuando te sorprendiste...
- Sí.- interrumpió Pablo.- Es un lujo que ese fénix apareciera aquí, en esta mansión. Se le necesita demasiado...para protegerlo.
- Tienes razón. ¿Vamos?- dio Kasha sonriéndole con una pizca de lujuria.
Pablo no se dio cuenta de que Ariadna venía detrás de él. Observó a su chico con una mirada de incomodidad y luego le cerró el paso. Kasha rió con una risita falsa y miró a Pablo como si tuviera ganas de pelea.
- Buenas tardes, Ariadna. ¿Querrías venir con nosotros a la biblio...?
- No, gracias.- zanjó Ariadna seria.- Prefiero salir a pasear al jardín. Por si veo algo raro.
Besó a Pablo dulcemente y se perdió en la oscuridad del pasillo que llevaba a la biblioteca. Kasha observó como giraba la esquina y la miraba con destellos de odio. Acto seguido, rió. Pablo se quedo petrificado, sintiendo todavía en sus labios el perfume de jazmín de su novia. Cuando recuperó su estado normal, miró a Kasha con una mueca de 'aquí no ha pasado nada'. La chica le respondió con una sonrisa. 
- Parece que tu chica está celosa, querido Romeo...- se atrevió a decir Kasha manteniendo la sonrisa. 
- Tonterías.- dijo Pablo haciéndose el loco.- ¡Sólo que no os conocéis lo suficiente para ser amigas! Venga...- se aclaró la garganta- ...vamos a la biblioteca. Se hace tarde. Son casi las nueve.

Empezaba a anochecer en la mansión de los Benoit. Kasha y Pablo estaban en la biblioteca, buscando en vano alguna información sobre el fénix de plata. Miguel y Marilin estaban contándole al resto de la familia sus aventuras de hace algunos años con Débora, Baphomet y los demás. Sólo Ariadna permanecía en los pasillos dando vueltas, como una mujer dolida errante. No podía evitar sentirse mal. Quería a Pablo como nadie había querido a otra persona jamás. Temía perderlo. En su cabeza rondaban mil posibilidades de que todo saliera mal. Su mentalidad pesimista ya se la había jugado varias veces. Intentó no pensar en la sonrisa de Kasha, pero se imaginó lo peor. Llorando de impotencia, y en silencio, se asumió más aún en la oscuridad de los laberínticos pasillos de la segunda planta.
- Tienes lo que quiero...
Ariadna se quedó parada unos segundos. Había escuchado una voz proveniente de la nada, pero no estaba segura. A lo mejor era el viento que susurraba en las ventanas. Aunque la voz parecía un silbido del mismo aire. 
- Entrégame la inmortalidad...
Ariadna pudo observar como sus piernas temblaban del miedo. Intentó conservar la calma, pero no pudo. Estaba demasiado nerviosa. Armándose de valor, intentó terminar el pasillo. Su terror aumentó aún más cuando observó que estaba delante de la puerta cerrada que contenía en su interior el fénix de plata. 
<<Quién me mandaría a mí a despertar en plena Transilvania una mañana en la mansión de unos locos...>>
Enseguida volvió a escuchar la voz aguda que provenía de la nada. Ariadna contempló a su alrededor, pero no había nadie. Todos estaban en el salón, excepto Pablo y Kasha, que seguían investigando en la biblioteca. 
- Estoy cerca de ti...muy cerca...no puedes escapar...
Ariadna corrió como nunca. Intentó llegar a la biblioteca, y a duras penas lo consiguió. Jadeando y con el corazón en un puño, llegó a donde estaban sentados Kasha y Pablo. Éstos la miraban exaltados. El gesto de preocupación en la cara de Pablo no tardó en aparecer. 
- ¿Ocurre algo, cariño?
- Voces...en la habitación del fénix de plata...voces en los pasillos...
Ariadna creyó volverse loca por momentos. Cuando no estaba nerviosa, estaba mirando a Kasha con rabia. Ésta no mostraba su inoportuna sonrisita esta vez.
- Hay alguien...aquí...hay alguien...quiere algo de mi...algo que yo tengo y que él quiere.
- Tranquilízate, Ariadna.- dijo Kasha.- Estar nerviosa no sirve para nada...
- Lo sé.- dijo Ariadna con un tono de voz brusco.- pero solo sé que si no vamos a ver, el fénix de plata desaparecerá en cuestión de segundos.
- Está bien protegido por un hechizo, cielo.- insistió Kasha.- Nadie puede robarlo.
- ¿Cómo puedes estar tan segura? ¡Cualquier cosa puede ser la contraseña a la ambición!
- Madre mía.- continuó Kasha.- Tienes carácter. Me gusta.
- Supongo que...¿gracias?
- Dejad de pelear y vamos al pasillo.- zanjó Pablo.- Tenemos que proteger al fénix, esté hechizado o no.

Seis segundos después, los chicos estaban frente a la puerta que custodiaba el fénix. El viento azotaba en las ventanas y la oscuridad se apoderaba del panorama. Una sombra con aspecto de persona se movía entre las tinieblas. Parecía tener agilidad.
- Mantened la calma. Recuerda, Ariadna. Ya hemos pasado por esto antes. Si en algo tenemos que creer, es en lo que nunca existió.
- ¿Qué puñetas es eso?- dijo Kasha con un tono de voz extraño.
La figura se seguía moviendo en la oscuridad. De pronto, como si la fuerza proviniera de la nada, la puerta de la habitación que guardaba el fénix se partió por la mitad y después, estalló en pedazos ante los ojos de los chicos. Dos ojos como dos destellos de fuego aparecieron en lo que parecía el rostro de la figura. El extraño dejó ver la forma de dos garras de tinieblas que se extendían por todo el espacio del pasillo. Los chicos estaban conmocionados. Nunca antes habían visto nada igual. La figura se acercaba más y más a ellos, dejando ver a la luz de la Luna que brillaba por la ventana, las garras llenas de materia y oscuridad. 
- Viene a por nosotros.- dijo Kasha frunciendo el ceño.
- ¿QUÉ HACEMOS?- preguntó Ariadna desesperada.
La figura realizó un ataque que Kasha pudo esquivar. No estaban armados. Tampoco tenían poderes. Los chicos pensaron que estaban en las últimas.
- ¡QUIETO!- gritó una voz a las espaldas de Pablo.
La figura de oscuridad miró para los lados, buscando el origen de tal voz atronadora.
- FUERA DE AQUÍ.- ordenó la voz misteriosa.
Un destello de luz inmenso apareció al fondo del pasillo. Una especie de hombre con ropas largas y cabello rizado se acercaba a los chicos. Su rostro les resultaba conocido.
- ¡GABRIEL!- gritó Ariadna llena de alegría.
- Nos volvemos a ver, chicos.- dijo Gabriel, chasqueando los dedos. Acto seguido, los destellos de luz y los paños largos desaparecieron de su cuerpo, para dejar paso a ropa normal y corriente. 
La figura estalló en rabia y se disolvió en la oscuridad. Gabriel se acercó a Ariadna y la abrazó.
- Me llena de alegría volver a veros.
- ¡Qué bien que has vuelto! ¡Tengo muchas preguntas que hacerte!- añadió Ariadna.
- ¿Qué demonios era eso?- preguntó Kasha.
- Era Cazarel, el enviado de Satanás para robar la reliquia del fénix de plata.

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