miércoles, 3 de octubre de 2012

Hotel 666: La maldición de la familia Benoit (Epílogo)


EPÍLOGO
EL COMIENZO DE UNA GUERRA

- Pido perdón.
Pablo se volvió. Lionel estaba estupefacto y su esposa parecía estarlo también. Ariadna soltó una mueca de confusión y Gabriel de incomodidad. Todos callaron y fijaron la mirada en la mujer que levitaba que había a espaldas de Pablo. 
- Gabrielle...- dijo Marilin casi sin palabras.
El fantasma se acercó a Pablo, cuidadosamente. Su aspecto medieval y su blancura semejante al brillo de la Luna se reflejaron en el aspecto del chico.
- Yo quería a mi hijo con todas mis fuerzas. De hecho, mi amor fue lo que le salvó. Su padre lo odiaba por ser un enfermo mental, pero nunca hay que cuestionar el amor que siente una madre por su hijo. Él era todo lo que me quedaba en esta vida, ya que el hipócrita de mi marido me engañó con una ramera. A veces el amor puede doler, pero es lo único bueno que nos queda después de todo. Hay que aprender a conocerlo, y puede ser travieso, pero siempre esconde buenas intenciones. Es como un niño deseando salir a jugar. Sin amor, los seres humanos no seríamos nada más que máquinas sin derecho a sentir. Me alegro que Ariadna se hubiese salvado. De hecho, se lo merecía. Pablo, has demostrado que se puede burlar a la Muerte con el corazón. Y has salvado a nuestra raza del dominio de Satán. Una vez más, los dos mundos están en paz...pero...
La ligera forma del cuerpo de Gabrielle empezó a desaparecer.
- ...aún queda la etapa más difícil...y tendremos que luchar todos...para evitar la destrucción definitiva...lo más temido está...a punto de comenzar...
Gabrielle iba desapareciendo poco a poco. Sus palabras cada vez eran más lejanas.
- ¡Gabrielle! ¡Vuelve!- gritó Pablo acercándose al fantasma.
- Bien hecho, Pablo, bien hecho...bien hecho...bien...hecho...
Y con un soplido de viento, el fantasma de Gabrielle desapareció por completo. El silencio tardó unos minutos en dejar de reinar en el jardín. Nadie sabía que decir.
- ¿Gabrielle conocía la existencia de los mundos infernal y celestial?- preguntó Ariadna confusa. Miguel le sonrió y le acarició el rostro.
- Sí. Marco fue uno de los primeros seres humanos en darse cuenta de que su mundo no era el único, de que su raza vivía en una dimensión distinta. Y obviamente, el amor que sentía Gabrielle por su marido antes de dejar de quererlo le obligó a creerle cuanto se lo contó.
- ¿A qué se refería con eso de ''lo más temido está a punto de comenzar''?
- Ariadna, Satán ya estará informado de lo ocurrido esta noche. Tiene mensajeros por todos lados. Es inevitable que nos declare la guerra. Ángeles y humanos debemos luchar para evitar la destrucción de nuestros mundos por última vez. Tenemos que derrotar a Satanás y así acabar con el mundo Infernal. Sólo así existirá la paz entre las dimensiones.
Los ángeles lanzaron un grito de lucha al aire y levantaron las espadas. Miguel los observó emocionados. Gabriel sonrió. Tras la despedida, millones de destellos se hicieron notar en el firmamento. Los ángeles volvían a su mundo.
- Cuidaros todos. ¡Volveremos pronto para unir fuerzas!- gritó Miguel con un gesto de bondad. Y diciendo esto, levantó el vuelo. Gabriel se acercó a Ariadna y la besó en la mejilla. Luego le dio una palmada en la espalda a Pablo y lo abrazó. Acto seguido, dirigió a toda la familia Benoit una mirada fraternal.
- Volveré para la batalla. Y espero encontrarte más fuerte que nunca.- dijo volviendo la mirada de nuevo hacia su amiga.
- Seguiré adelante. Te lo prometo.- respondió Ariadna con una sonrisa radiante.
Y como las golondrinas, Gabriel emprendió el vuelo batiendo fuertemente sus alas hasta desaparecer, junto con los demás ángeles, en el cielo. Pero algo había interrumpido la noche. Ariadna y sus amigos dirigieron la vista al firmamento, que esta vez tenía unos tonos anaranjados y blancos. Estaba amaneciendo.

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