lunes, 9 de enero de 2012

Hotel 666: El comienzo. Epílogo


EPÍLOGO

La espada celestial atravesó el fúnebre cuerpo de Abrahel, que se deshizo en cenizas tras un grito de derrota. Los ojos de Gabriel se iluminaron. La confianza que había puesto en Ariadna había merecido la pena. La chica retiró la espada y observó como su enemigo se convertía en polvo tras un tremendo rayo de luz. Algo resonó en su mente. 
''Bien hecho, Ariadna. Bien hecho...''
Gabriel se intentó incorporar, pero Ariadna le obligó a no hacerlo. El portal al infierno se deshizo entre las tinieblas y el ejército de los súcubos regresó al Inframundo para no volver jamás, por ahora. Mientras tanto, Ariadna ayudó a Gabriel a ponerse en pie y se echó su mano al hombro. Estaba cansada, horrendamente cansada. Su cuerpo le pedía un descanso. Sin poder ni andar, consiguió llegar a la sala de los espejos con su amigo. Allí le esperaban Pablo, Miguel y Marilin, felices de volver a verla.
- El espejo de María Tudor estalló en mil pedazos antes...- aclaró Pablo.
- Supongo que se rompió la maldición del hotel...- dijo Marilin suspirando tranquila.
Gabriel intentó hablar.
- Ariadna nos ha salvado a todos. Ella fue la que derrotó a Abrahel...
- Ari.- continuó Pablo.- Gracias.
Ariadna se acercó al hombre que le había hecho feliz días atrás y le besó apasionadamente, entre los aplausos de sus amigos y de un Gabriel un tanto herido.
- Esperad.- dijo Miguel preocupado.- Baphomet y Abrahel fueron vencidos...pero, ¿qué hay del demonio, de Satanás?
- Mientras el portal esté cerrado y nadie lo invoque...- dijo Gabriel mostrando estar un poco mejor.- ... no hay por qué preocuparse.
Sonrió. Los demás le siguieron la sonrisa, felices por el final feliz que acababan de presenciar. Ariadna vio su reflejo en uno de los miles de cristales que había dejado el espejo de María Tudor a su paso. Algo vibró en su bolsillo. El móvil. Llamaban del hospital.
- ¿Sí? ¿Felipe? Sí, sí, soy su amiga más cercana. ¿Novedades de él?
Hubo un silencio eterno. Las miradas de los demás empezaron a ser preocupantes.
- Gracias...Adiós. Sí, sí. Iremos en cuanto podamos...Adiós.
- ¿Qué pasa? ¿Cómo sigue Felipe?- preguntó Miguel curioso.
Ariadna mostró una mirada fría y nerviosa. Finalmente, suspiró y bajó la mirada, dejando caer lágrimas de rabia por su rostro. 
- Felipe ha muerto.


FIN

(Continuará...)

Hotel 666: El comienzo. Capítulo 10


LA PUERTA DEL INFIERNO

- ¿Qué quiere decir todo esto?- preguntó Ariadna, aterrorizada por los rostros sin forma de los súcubos.
- Gabriel no es un humano.- dijo Abrahel sonriéndole a la chica. Se dirigió a Gabriel y le miró profundamente a los ojos, con arrebatos de rabia y de rencor.
- Anda, valiente. ¿Por qué no les muestras tu verdadera forma?
Gabriel bajó la mirada y por un segundo, se sintió derrotado. Miró a sus amigos y se acercó a Ariadna. Los ojos del chico mostraban seguridad y valentía, pero su cuerpo no reaccionaba.
- Ari, es difícil de entender todo esto. Pero al fin y al cabo, los ángeles existen...
- ¿Qué me estás tratando de decir, Gabriel?- dijo Ariadna con lágrimas en los ojos.
Gabriel se apartó unos centímetros de ella y dejó que una luz intensa iluminara su cuerpo. Ariadna se tapó los ojos. Su retina no estaba acostumbrada a tan semejante resplandor. Lo siguiente que la chica vio fue a un hombre que se parecía a Gabriel. Era mucho más alto que él y de su espalda brotaban dos alas blancas e inmensas, casi transparentes. Sus ropas eran las mismas que Gabriel llevaba. El color de sus ojos era gris, como la superficie lunar. También llevaba una espada empuñada en su mano izquierda. Aquello que Ariadna estaba viendo era un arcángel.
- Díos mío...
- Escúchame, Ariadna.- replicó la voz del arcángel, que definitivamente era el mismo Gabriel.- Puede que creas que esto es un simple sueño, pero a veces, la realidad puede depararnos cosas inimaginables. Y una de esas cosas es haberte conocido. Gracias a ti, y a todos...
- Gabriel, hazme creer que esto es sólo un sueño. Que ni los ángeles existen ni los demonios...
- Los ancestros estaban en lo cierto. El mal siempre ha existido en La Tierra y siempre existirá. Muchos como yo protegemos hoy en día cualquier amenaza del mismísimo Satanás. Mi misión es protegeros de Abrahel. Por eso vine aquí. Este momento tenía que llegar...
Abrahel sonrió maliciosamente. Estaba cansada de diálogos. Deseaba destrucción.
- Ariadna.- continuó Gabriel.- este portal conduce a un lugar terrible. Siempre imaginaste el Infierno con llamas y la gente ardiendo. No es así. Es un lugar oscuro, donde existe dolor por todas partes y donde las tinieblas nunca cesan. Es un mundo paralelo al nuestro. Abrahel quiere hacerse con este mundo también, y por eso llamó a su ejército de súcubos. Sólo te pido una cosa. Los súcubos son especialistas en seducción. Te ruego que alejes a Miguel y Pablo de aquí. Llévalos a la habitación de las torturas. Allí estaréis a salvo.
Ariadna miró a Abrahel y luego le retiró la mirada para volver a Gabriel.
- Ariadna, hazme caso.- dijo Gabriel.- con esta espada acabaré con Abrahel y cerraré el portal.
- ¿Y si necesitas ayuda?- insistió Ariadna con un puñal de dolor en su corazón.
- La fuerza de tu corazón te avisará. Sólo si yo fallo tú serás la elegida para devolver el mal a donde pertenece. El lugar del que nunca debió salir.
Gabriel abrazó a Ariadna. Una ola caliente invadió a la chica.
- Vamos, ¡vete!
Ariadna y los demás corrieron a refugiarse a la habitación de las torturas. Esta vez, Ariadna sentía la suficiente valentía para enfrentarse a cualquier cosa. Gabriel miró a Abrahel y sonrió. Empuñó la espada con fuerza e intentó llamar la atención del gran súcubo.
- ¡SÚCUBOS! ¡ID TRAS ELLOS!- ordenó Abrahel, muerta de furia.
- Esto es entre tu y yo.- aclaró Gabriel elevándose en el aire.- ¡Y aquí termina todo!
Los súcubos corrieron a perseguir a los chicos, que habían bloqueado la puerta de la sala de las torturas. Derribaron la puerta que conducía a la sala de los espejos y entraron en ella. Marilin se encontraba en el suelo, desmayada. 
- ¡Marilin!- gritó Pablo, al mismo tiempo que acudía a socorrerla. El espejo de María Tudor brillaba entre las tinieblas.
- Chicos...- dijo Marilin intentando incorporarse.- Acudí aquí para descifrar el misterio de María Tudor y algo me golpeó. De lo demás no me acuerdo...
- Marilin, Abrahel y Gabriel están luchando en recepción. 
- ¿Abrahel? ¿Eh?
Ariadna suspiró.
- ¡DÉBORA ES UN DEMONIO! ¡Y GABRIEL UN ARCÁNGEL! Él vino para protegernos y me mandó reteneros aquí para manteneros a salvo. Un ejército de súcubos está intentando entrar aquí para matarnos. ¡Salieron de un portal que conduce al infierno!
- Díos mío...- pronunció Marilin, sin poder creérselo.- Gabriel...un arcángel...un portal al infierno... ¡UN PORTAL! ¡LO TENGO! ¡SÉ PORQUE MARÍA TUDOR VIAJÓ A ESPAÑA PARA INVOCAR AL DEMONIO!
Ariadna agarró a Marilin por los brazos y le suplicó que lo dijera. 
- María Tudor vino a España.- continuó Marilin.- porque era aquí donde sólo se podía comunicar con Satanás, ¡ya que sólo aquí se encontraba el portal paralelo a este mundo! ¡El Infierno!
- Ya tiene relación todo.- continuó Miguel.- La Inquisición fue un tribunal maldito. María hizo el pacto aquí mismo con Satanás. ¡Y él a cambio le pidió sus posesiones, o sea, la sala de torturas, y el hotel entero, que por entonces era pura tierra! Por eso...aparece aquí el portal. ¡Porque esto es la herencia de Satanás!
Todos permanecieron callados. Los gritos y golpes que se oían tras las paredes de los súcubos eran tremendos. La puerta de la habitación de las torturas no aguantaría mucho en pie. Ariadna pensó en la confianza que le había dado Gabriel y decidió salir. 
- Chicos, debo salir.
- ¿Estás loca?- dijo Pablo, sujetándola por el brazo.
- Debo salir. Algo me dice que Gabriel está en peligro. Debo ayudarle...
- ¡Ni se te ocurra salir! ¡No permitiré que te maten!- exclamó Pablo. 
''Las personas controlamos nuestra mente. Somos libres de pensar e imaginar lo que queramos. Pero a veces, el control se esfuma como las olas del mar, que van y vienen, y vuelven a venir. Si puedes pensar que todo irá bien, la realidad hará el resto.''
Ariadna cerró los ojos y se concentró.
''Y ahora reinará el silencio. Alguien te solicita. Tú puedes salvarte a tí y a los tuyos.''
Sintió una fuerza en su interior que nunca había sentido antes. Era como si sus pies se levantaran del suelo.
''He aquí el poder celestial. Ahora ve, y ayúdale. En tus manos está su destino, y el de todos''
Después de sufrir algunos mareos leves, Ariadna abrió los ojos. No se lo podía creer. Estaba frente a Abrahel, en la recepción. Gracias al poder de Gabriel, se había podido transportar desde la habitación de las torturas a la recepción. Observó que Gabriel estaba tendido en el suelo, herido gravemente. La espada estaba a su lado, fiel. Gabriel intentó hablar, pero sólo pudo susurrar levemente. 
- Acaba con ella, Ariadna...coge la espada y acaba con ella...confío en ti. Todos confiamos en ti...
Ariadna empuñó la espada y miró fríamente a Abrahel. 
''De pequeña, me enseñaron a ser valiente. A tomar decisiones justas y a tomar decisiones correctas. La vida de una mujer es un secreto guardado en el ático de los sueños. Una caja de sorpresas imposible de desvelar. Nuestro corazón recibe daño, pero siempre perdonamos. Somos sensibles a cualquier estímulo. Me enseñaron a ser fuerte y a afrotar los problemas, pero también a ser pura de corazón e inteligente. Y esta vez, me enfrentaré a la realidad. Porque confían en mí y yo confío en ellos. Y todo empieza, por la decisión que tomes.''
Un grito sonó en lo más profundo del Hotel 666. El espejo de María Tudor estalló en mil pedazos. 

sábado, 7 de enero de 2012

Hotel 666: El comienzo. Capítulo 9


PALABRAS PROHIBIDAS

Habían pasado diez días desde la derrota de Baphomet. Felipe estaba en el hospital, en estado grave. El doctor bajaba la mirada cada vez que veía como se encontraba. Ariadna y Miguel acudían casi todos los días a visitarlo. Sin mediar palabra, Felipe dormía en silencio, esperando la muerte, que cada vez que acercaba más a él.
- En el hotel están muy preocupados.- le dijo Ariadna a Miguel.- Los médicos no tienen muchas esperanzas puestas en él...
- La esperanza es lo último que se pierde...- dijo Miguel sonriéndole.- Felipe es fuerte y aguantará esto y más. Salgamos, necesita descansar. ¿Te apetece un café?
- Está bien. Vamos.
Los chicos abandonaron la habitación de su amigo, que seguía durmiendo en su eterno y profundo sueño. Mientras tanto en el hotel, Débora recogía algunos papeles que, sin querer, se habían caído al suelo. Suspiró con una sensación de vacío en el estómago. 
- Débora...quisiera hablar contigo.- dijo Gabriel entrando en recepción.- Es sobre Baphomet. ¿Qué te dijo al oído?
- Gabriel, cielo.- contestó Débora mirándolo fríamente.- No es asunto tuyo.
- Dicen que el silencio es síntoma de complicidad, Débora. O quizá debería llamarte...
- ¡Cierra la boca! Sabía que supondrías un peligro...
- Al fin y al cabo, tenemos algo en común: no somos humanos.
- Pero sí soy...¡la que te va a eliminar!
Los ojos de Débora se volvieron negros ébano. Gabriel sintió un fuerte dolor de cabeza, que le hizo caerse al suelo muerto de dolor.
- Baphomet fue vencido. Pero la reina de los súcubos no fracasará...porque ya conoce a sus presas lo suficiente.
Débora sonrió. Pablo acudió a ver lo que estaba sucediendo. Los gritos de Gabriel les había resultado sospechosos.
- No ha sido nada, Pablo.- dijo Gabriel intentando disimular un accidente.- Un golpe tonto. No te preocupes.
Ariadna y Miguel llegaron preocupados del hospital. Felipe estaba muy grave y posiblemente no sobreviva. Débora se estremeció al oír las palabras de la chica, que reflejaban melancolía y tristeza. Ariadna besó en los labios a Pablo y abrazó al resto. En sus ojos se podía ver el futuro de Felipe.
- ¿De verdad no hay solución?- dijo Pablo dejando que sus lágrimas rozasen su rostro.
- Aún no sabemos si se recuperará.- dijo Miguel.- Ahora es cuando debemos de tener fe...
- ¿FE?- interrumpió Débora.- ¿Fe en qué? ¿En lo inevitable? A Felipe lo poseyó un demonio y eso provocó que se estrellara contra la pared y sufriera daños cerebrales. ¡No podemos tener fe sabiendo que no hay esperanzas de vida para él! ¿De verdad sigues pensando que todo está en manos de Dios, Miguel?
- Cuando piensas que todo está perdido, te das cuenta de que estás pensando mal.- dijo Ariadna enfrentándose a Débora. Gabriel las miró a las dos.
- ¿Dónde está esa Débora dulce y comprensiva? ¡No la veo por ningún lado!- añadió.
Débora era prisionera de sus palabras. Le hervía la sangre.
- Ya está bien de teatros...
Y diciendo esto, sus ojos se volvieron de color negro. Sus pupilas desaparecieron y el blanco natural de sus cristales, se convirtieron en pozos de oscuridad. Sus ropas se rasgaron y el pelo le creció. Parecía como si Débora hubiera rejuvenecido casi diez años. Sus pies se levantaron del suelo, desafiando al aire. De su espalda brotaron dos alas demoníacas, cubiertas de fuego.
- ¡Soy Abrahel! ¡Reina de los súcubos!
Los chicos no podían creer lo que estaban viendo. Abrahel se inclinó mirando al suelo y lanzó una fuerte ráfaga de fuego y tinieblas, que creó un gran portal ígneo y oscuro, que se abría a lo largo del suelo de la recepción. De él salieron todo un ejército de criaturas horrorosas, con ojos como supernovas y cuerpos distorsionados. Parecían mujeres. Eran los súcubos.
- Os presento a mi verdadera identidad y a mi ejército.- dijo Abrahel contemplando las caras de los chicos, que no tenían expresión.- ¡Mi misión es obedecer las órdenes de Satanás, para conquistar el mundo y dominar el mal en él! ¡Los humanos debéis morid! ¡AQUÍ Y AHORA!
El demonio se acercó a Ariadna y su poder psíquico la empujó contra la pared, lo que provocó que la chica cayera al suelo herida, muerta de dolor.
- ¡Muy bien, Gabriel! ¡MUÉSTRAME COMO LUCHAN LOS ARCÁNGELES! 


Sólo hay una razón por la cuál vine aquí,
y esa razón tiene que estar guardada bajo llave,
hasta que llegue la última hora.
Mi nombre es Gabriel,
y pertenezco al Ejército de los Cielos.
Mi misión es proteger a la humanidad
de los planes del demonio.
Y aquí, y ahora,
empieza la batalla final.

viernes, 6 de enero de 2012

Hotel 666: El comienzo. Capítulo 8


LOS TAMBORES DEL INFIERNO


Felipe seguía lleno de arrebato en el suelo, mientras que Débora les decía a los chicos que si todos los espejos estaban tapados. Asintieron. Segundos después, Débora agarró el cuello del pobre Felipe y pronunció un pasaje de la Biblia, haciendo que el chico se pusiera peor. Las partes de su cuerpo se iluminaron y empezaron a echar humo. La temperatura de Felipe era increíble. O despertaba de su pesadilla o moría. Débora seguía rezando cuando de pronto, la locura de Baphomet cesó.
- ¡Por fin! ¡Ha parado!- gritó Marilin protegiéndose en los brazos de Miguel.
Los ojos de Felipe se cerraron. De su pecho, como niebla espesa, salió la misma sombra que había salido minutos antes del espejo de María Tudor. Marilin se cubrió los ojos, muerta de miedo.
- Es él...- anunció Débora.
Dos ojos rojos como la sangre se iluminaron detrás de la espesa niebla negra. Minutos después, la niebla se transformó en luz, dando lugar a una silueta demoníaca. Era Baphomet, que había tomado forma desde lo más profundo de su alma muerta. Su rostro representaba el dolor y la muerte, orgullosos de pertenecer a él. La figura sonrió.
- Ave...
- ¿Qué quieres de nosotros?- dijo Miguel lleno de valentía.
- Alguien me invocó...- pronunció Baphomet con dificultad.- Y ese alguien pagará las consecuencias por quererme destruir.
Baphomet miró a Débora y notó una cierta familiaridad en ella. Se acercó a ella y le susurró unas palabras al oído.
- Ama, ¿qué debo hacer?
- Acaba con ellos, Baphomet...
La voz de Débora sonaba mortífera esta vez. La figura se alejó de ella y comprobó que los chicos no habían oído nada. Minutos después, Baphomet se acercó a los chicos y les miró llenos de odio.
- Los que nunca creyeron en Satanás, pagarán por ignorantes. ¿Dónde está vuestro Dios ahora?
La voz de Baphomet se identificaba con tambores roncos. Eran los tambores del infierno.
- ¡Vete de aquí!- gritó Marilin ayudada de su propio corazón.
- El mal va a conquistar el mundo y empezaré con vuestra destrucción.
- Jamás.- dijo una voz a las espaldas de los chicos.
- ¿QUIÉN ERES TÚ?
En la puerta de la entrada, una silueta negra iluminaba el día. La voz les resultó conocida a los chicos. Débora frunció el ceño y apretó los puños. Era Ariadna.
- Debíais de hacer caso a vuestros ancestros, que estaban en lo cierto. Una tradición esconde un secreto. En estos tiempos, lo inesperadamente equivocado, puede ser perfectamente real.- dijo Baphomet dejando escuchar su voz tamboril. 
- Esta vez, el que está equivocado eres tú.- aseguró Ariadna sacando un crucifijo de su bolsillo.
Baphomet se le abalanzó, pero por suerte, Ariadna lo esquivó, yendo a parar contra la pared. La chica le mostró el objeto al demonio, y éste, al verlo, se abrumó.
- Lo siento Baphomet. Toda tradición tiene un final... ¡Y ESTE ES TU FINAL! ¡CRISTO!
Al oír la última palabra de Ariadna, Baphomet dejó escapar un grito de dolor que acabó por debilitarlo. La espesa luminosidad que desprendía volvió a ser una niebla negra y espesa, que acabó con su desaparición. 
- No tientes al demonio a no ser que puedas derrotarlo.- dijo Pablo lanzándose a los brazos de Ariadna y riendo de triunfo y felicidad.
- ¡Conseguiste vencer a Baphomet, Ari! ¡Sabía que no nos abandonarías!
Ariadna sonrió, y por encima de los hombros de Pablo, contempló la mirada enfadada de Débora, que se acercaba a la chica con cautela.
- Esto es sólo el principio...Baphomet ya fue derrotado una vez. Satanás no fue derrotado nunca.- dijo Débora dando la bienvenida a Ariadna.
- Detendremos al mismo diablo. Pero nadie pagará las consecuencias.
- ¡Y descubriremos la entrada al infierno! 
Gabriel optó por sonreír. La vuelta de Ariadna le había hecho feliz. Le abrazó fuertemente y le susurró bellas palabras al oído. 
- ¿Por qué decidiste volver?- dijo Débora
- Buscaba una nueva vida. Y no me daba cuenta de que la nueva vida ya la había empezado...junto a vosotros...
Ariadna sonrió y acarició a Pablo. Los chicos se besaron, dejando ver su amor secreto que ninguno de los dos se atrevía a confesar. Todos rieron asombrados.
- ¿Qué le ha pasado a Felipe?- dijo la chica acudiendo en su ayuda.
- Baphomet se apoderó de su cuerpo y de su alma.- dijo Gabriel entristecido.
Ariadna le tomó el pulso al blanco cuerpo de Felipe. Lo peor estaba por llegar.
- No respira...
El silencio se apoderó de la recepción. 
- ¡NO RESPIRA!- gritó Ariadna dejando que su voz se fundiese con el terror de sus ojos.

Hotel 666: El comienzo. Capítulo 7


ALMA POSEÍDA

Amaneció en el hotel. Pablo tocó en la habitación de Ariadna, pero no contestó nadie. Eran las dos de la tarde y al chico le había extrañado que no despertara su amiga. Tocó una vez más. Silencio.
- ¿Contesta alguien?- dijo Débora, que apareció por el pasillo con Marilin.
- No...¿le habrá pasado algo?
- Derriba la puerta.- aclaró Marilin, que estaba de los nervios.
- ¿Estás loca?
- La hemos buscado por todas las partes del hotel, ¡y no está! Derriba la puerta.
- Apartaros.
Con un fuerte golpe que se oyó por todo el pasillo, Pablo derribó la puerta, que cayó al suelo sin ningún rasguño de impacto. Los tres chicos entraron, pero para su sorpresa, Ariadna no estaba. Pablo se acercó a la cama de la chica y observó que sobre ella había un pequeño papel doblado. 
- Ey, aquí hay algo. Parece un papel.
- ¿Qué dice?- preguntó Marilin.
Pablo desdobló el papel y leyó en voz alta:

'En primer lugar, gracias por todo, en especial a Pablo y Débora.
A pesar del poco tiempo que hemos tenido para conocernos,
os llevaré siempre en el corazón, os lo prometo.
Pero debo irme, ya que no me siento amenazada por aquel hombre.
Tengo que rehacer mi vida y ser feliz.
Nos volveremos a ver.
Ariadna.'

- Se ha ido...- comentó Pablo cabizbajo y con la voz entrecortada.
- Era predecible...- dijo Marilin al respecto. Abrazó a Pablo y le animó a seguir para adelante.
- Ahora no podemos perder tiempo. Tenemos que librar de la maldición a este hotel. Manos a la obra.- dijo Débora convencida de atrapar a Baphomet y ahuyentarlo.
<<Invocando a Baphomet conseguiré libraros de mí y haceros desaparecer de una vez por todas>>
Debora sonrió con una pizca de malicia adornando su juvenil cara. Observó como Marilin y Pablo cogían paños viejos de los armarios de las habitaciones y los bañaban en agua bendita, procedente de la botella que habían llenado un día antes en la Iglesia, gracias a la ayuda del sacerdote. Marilin y Pablo eran los encargados de tapar los espejos del pasillo y las habitaciones de la primera planta. Gabriel y Felipe se encargarían de los de recepción, sala de espejos y habitación de las torturas. Por último, Miguel y Débora taparían los espejos de las salas comunes y la segunda planta. 
- No entiendo porqué se marchó...aquí estaba bien...- dijo Felipe con una mueca de tristeza plasmada en su cara.
- Ha derramado demasiadas lágrimas. Ahora que su agresor ha muerto, tiene derecho a empezar de nuevo.- le aclaró Gabriel.
- Allá donde se encuentre ahora, le deseo lo mejor...
- Es una chica fuerte, sabrá cuidarse por sí sola.
Felipe tropezó con una cuna de Judas que días atrás se había cruzado con Ariadna . Percibió el perfume de la chica, que aún permanecía ahí. Observó la máquina de tortura y silbó para llamar la atención de su compañero. 
- ¿Qué puñetas es esto?
- Es una cuna de Judas.- aclaró Gabriel.- Colgaban a las prostitutas y homosexuales del techo y los dejaban caer sobre la pirámide., de forma que se producía el desgarramiento de la vagina y el ano. Era terrible.
Con la boca abierta, Felipe apartó la cuna de Judas y sacó de su bolsillo la llavecilla de la sala de los espejos, que le había dado Débora. Entraron los dos. Felipe sintió un escalofrío en su interior, observando la gran cantidad de espejos que debían de tapar. Tras media hora bañando en agua bendita dichos objetos, se sentaron a descansar en una especie de banco de madera antiguo que permanecía escondido en las sombras.
- Sólo queda uno. El espejo de María Tudor.- avecinó Felipe, exhausto.
Gabriel se levantó rápido y acudió a cazar su última presa. El espejo de María Tudor produjo un intenso brillo esmeralda, que trajo consigo la aparición del sigilo de Baphomet en la superficie. Una sombra del tamaño de un coche salió del espejo. Aquella cosa era casi invisible y apenas se podía ver. Felipe sintió un cosquilleo en su interior, como si algo quisiese apoderarse de él...y de su alma. Todo el cuerpo le quemaba. Era como si la lava de un volcán recorriera sus venas y arterias con un único destino: arder su corazón en llamas. Gabriel no lo reconocía. Felipe empezó a alterarse y puso los ojos en blanco al mismo tiempo que empezó a gritar en latín. Estaba rezando a Satanás. Aterrorizado, Gabriel corrió en busca de los demás para ayudar a su amigo, pero nada se podía hacer con el alma de Felipe. El cuerpo de éste empezó a arder, dejando ver la carne quemada a varios metros de distancia. Gritando en latín con la voz cada vez más grave y con los ojos como volcanes, corrió detrás de Gabriel para detenerlo. Baphomet se había manifestado. 
- ¿Qué coño pasa?- preguntó Pablo viendo llegar a Gabriel como un loco.
- ¡Felipe está poseído! ¡Baphomet está detro de él!
Entre las tinieblas, Débora sonrió. Los demás, mostraron su cara más pálida. Felipe, que no podía retomar su propio control, impactó contra la pared de la recepción y cayó al suelo lleno de adrenalina y dolor. Milagrosamente, Miguel y Gabriel consiguieron paralizarlo con agua bendita.
- Es hora de vernos las caras con Baphomet.- sentenció Débora, sujetando la Biblia.

miércoles, 28 de diciembre de 2011

Hotel 666: El comienzo. Capítulo 6


MARÍA TUDOR

Ariadna volvió a mirar el libro. Se quedó pensando por unos momentos mientras que los demás debatían. 
- Quizás sería porque María tendría alguna relación con España...
- ¡Ya está!- gritó Pablo.- Aquí, en este lugar, había algo relacionado con ella y con el demonio que no había en Inglaterra. En este mismo lugar, había una conexión con el diablo. Por eso viajó a España en secreto, para poder comunicarse con Satanás.
- Entonces, ¿me estás diciendo...- continuó Marilin.- ...que María Tudor fue la que maldijo esta zona de España? Ella fue la que trajo el demonio a este lugar...
- ¿Y no dejó escrito algún tipo de conjuro para ahuyentarlo?- insistió Ariadna.
Pablo dejó el libro en lo alto del mueble donde se lo había encontrado. Al ponerlo, una especie de carta se salió de las hojas y cayó al suelo. Ariadna la recogió con cuidado, abriéndola con suma delicadeza y curiosidad.
- Son instrucciones de algo...
Pablo le arrebató el papel. Miró asombrado el contenido.
- Chicos, hemos dado en la clave. Son instrucciones para ahuyentar a los seres malignos.
- ¿Quiénes?- preguntó Marilin con cierta curiosidad.
- Satanás, Baphomet...y...¿Abrahel?
Débora sintió una punzada de placer en su corazón
- ¿Abrahel? ¿Quién puñetas es Abrahel?
Débora dio un paso adelante y miró a Ariadna con dulzura. Parecía que ella sabía quién era aquel ser maligno, nombrado en la carta de la reina.
- Abrahel es la reina de los súcubos, poderosos seres femeninos que tientan hasta el más increíble de los hombres. Ella se encarga de vigilar que todo esté en orden para no enfadar a su amo, Satanás.
- ¿Satanás su amo?- preguntó Marilin.
- Sí.- continuó Débora.- Hace milenios, Abrahel tuvo un desagradable encuentro con el mismo rey de los demonios, Satanás. En un intento de conquistar la Tierra para hacer el mal, los dos ejércitos se enfrentaron fríamente, dando lugar a una guerra que duró más de ochocientos años. Para su suerte, Abrahel fue derrotada por Satanás, y éste le obligó a servir para él el resto de la eternidad. Algo parecido ocurrió con Baphomet...pero claro, todo esto es pura mitología.
- Tenemos entendido que Baphomet es el que lo ve y sabe todo...- dijo Pablo observando la carta.
- Baphomet era el demonio más astuto y escurridizo de todos. Satanás pidió a Belfegor, el demonio de la pereza, que durmiera a Baphomet para derrotarlo y hacerlo su siervo. Al final, fueron los dos los que cayeron bajo el dominio del rey del Infierno...
- ¿Quiénes contaban estas historias?
- Sobre todo los cristianos antiguos...se aburrían como muermos.
Ariadna sintió una punzada en su interior. Pablo volvió a mirar el papel y leyó en voz alta las instrucciones:
''Yo, María I de Inglaterra, dejó a la disposición de aquel que lo requiera las instrucciones para poder ahuyentar o espantar a Baphomet, semilla de la sabiduría, Abrahel, reina de lo prohibido y Satanás, amo del mal. Para el primero, solo se necesita tapar los espejos con un paño bañado en agua santa. Entonces, él se manifestará. Pero sólo se debe de hacer eso rezando la Biblia. Para Satanás hay que mezclar arena, agua santa y sal, y después, pronunciar 'Dios' en latín...''
- ¿Y para Abrahel?- Débora sonrió.
- La hoja parece quemada. No hay rastro de las instrucciones para ahuyentar a Abrahel.- dijo Pablo confuso. Miró la parte de abajo de la carta y observó que estaba quemada. 
- Alguien la quemó.- concluyó Marilin.
- Esta bien, vámonos de aquí. Ya sabemos como ahuyentar a Baphomet si aparece. Este lugar es peligroso, vamos.- insistió Débora abriendo de nuevo la puerta.
Pablo soltó el libro donde se lo había encontrado y tapó el espejo de María Tudor con una sábana. Acto seguido, los chicos se fueron de la sala de los espejos. Ariadna se preguntó por qué tardaban tanto Felipe y Miguel en venir del hospital con Gabriel. La tarde se le hizo interminable, intentando responder a preguntas sin respuesta que rondaban por su cabeza una y otra vez. La agonía de saber que le podía pasar algo al que fue el amor de su vida la cautivó por dentro. A pesar de las palizas que le daba, los insultos que le escupía y los malos tratos que le proporcionaba, ella lo quería. Se secó las lágrimas y se miró en el espejo de su habitación. Cogió el cepillo y se peinó un poco. Miró el reloj. Las diez. Era la hora de cenar pero no tenía ganas de comer. Pablo tocó a la puerta. Ariadna fue a abrir con una mueca de intriga en su cara. Al ver a Pablo con una penumbre triste, se le echó el mundo encima. Se esperó lo peor.
- ¿Qué ha pasado? ¡Dime que ha pasado!
- Ariadna, cálmate. Felipe, Miguel y Gabriel han llegado. Baja al comedor.
Como una locomotora ahogada en vapor, la chica echó a correr por el pasillo y bajó las escaleras, bañada en sudor frío. Al contemplar, las tristes figuras de sus amigos, un clavo agudo se impregnó de soledad en su interior. De nuevo, las lágrimas eran acompañantes eternas de Ariadna, que gritó respuestas al aire, esperando que alguien hablara para dar el veredicto final.
- El chico ha muerto. Ha sufrido un ataque cardíaco. Los médicos no han podido hacer nada.
Para la chica se paró el tiempo. Pero no volvió a llorar. Los demas se sorprendieron.
- ¿Ariadna, te encuentras bien?- preguntó Gabriel angustioso.
- No voy a derramar ni una lágrima más. Ya he derramado bastantes por hoy.
Y diciendo esto, se retiró a su habitación. El lúgubre brillo de La Luna reflejado en el ventanal, puso fin al luto que en ese momento se vivía en el Hotel 666.

sábado, 24 de diciembre de 2011

Hotel 666: El comienzo. Capítulo 5


LA SALA DE LOS ESPEJOS

Ariadna no era consciente de lo que había ocurrido. Se abrazó a Marilin y rompió a llorar cada vez más. Ésta intento tranquilizarla, pero el miedo y el pánico se habían apoderado del corazón de la chica. Gabriel retiró el cuerpo del novio de Ariadna con ayuda de Felipe y Miguel y lo depositaron en el suelo. 
- Escuchadme. Nadie debe saber que este hombre ha sido atravesado por los clavos de una dama de hierro. De lo contrario, nos meterán en la cárcel a todos por posesión de una máquina de tortura...
- Así que nosotros nos encargaremos de llevarlo al hospital y en cuanto lo hagamos, desapareceremos.- concluyó Felipe.
- Tened cuidado, chicos.- dijo Débora observando la cara desfigurada del agresor.- Ariadna necesita descansar. Pablo, Marilin, llevadla a su habitación, y que duerma. Por favor.
Sonrió. Una vez despejada la sala de las torturas, Débora sacó una llave del bolsillo de su chaqueta y se dirigió a un mueble alto que había al fondo de la habitación. Lo retiró con dificultad y dejó ver al descubierto una sucia y antigua puerta. La abrió con la llave y entró en la sala a la que daba. Estaba llena de espejos, de todas las formas y de todos los bordes de colores posibles. Era precioso. Una lámpara de araña colgaba del techo. Encendió la luz y caminó hasta un órgano. Encima del viejo instrumento de música, había un espejo inmenso. 
- Baphomet...
Se hizo el silencio. Una imagen borrosa de un rostro deforme salió en la superficie del espejo.
- ¿Mi señora?
- ¿Por qué lo has hecho? ¿Por qué has herido a ese chico?
- Solo intentaba divertirme, señora. No volverá a pasar.
- ¿Alguna noticia nueva sobre el amo?
- Ninguna nueva, señora.
- Mantenme informada todo el tiempo. Ya queda poco para la hora final...
Débora tocó el espejo y sonrió. Baphomet ardía en llamas de muerte al otro lado del espejo. La chica cerró con su llave la sala y se fue. Con sus secretos bien guardados y su dulce carácter falso, se dirigió a recepción como si nada hubiera pasado. Ariadna tenía el miedo metido entre oreja y oreja. Había vivido una serie de infernales sucesos paranormales, y no podía mantener la calma. A pesar de las afirmaciones de meter en la cárcel a su agresor cuando saliera del hospital por parte de Pablo, la chica no podía conseguir la tranquilidad. Sudaba más que nunca cuando Marilin resumía lo ocurrido, maldiciendo al novio de su amiga. 
- Quiero bajar...quiero bajar...- repetía incansablemente la chica.
- No, Ari. Tienes que descansar...
- Tengo que descubrir quién lo mató...
Ariadna se levantó de la cama y retiró bruscamente las sábanas, con un enfado enorme. Pablo decidió seguirla a donde iba: la habitación de las torturas. Pidió que Marilin los acompañara, por si les pasaba algo avisar a Débora. De nuevo, el ambiente a muerte y recuerdo se mezclaban en aquella habitación llena de polvo y tortura. Enseguida Ariadna localizó una puerta llena de suciedad, que alguien había olvidado ocultar de nuevo con un mueble. Intentó abrir la puerta, pero no pudo. Buscó en los cajones del mueble alguna llave con la que abrir aquella habitación, pero solo encontró herramientas de madera y paños sucios. 
- ¿Se puede saber que hacéis aquí?- una voz irrumpió a sus espaldas.
- Débora, quiero saber lo que mató a ese hombre.- aclaró Ariadna, sin ningún miedo.
- ¿Lo seguías queriendo...?
- No quiero hablar de eso...
- Sé sincera, Ariadna. Querías una amiga y aquí la tienes. ¿Le querías aún?
Ariadna miró hacia la puerta y le exigió a Débora que le confesara el método para abrirla. Finalmente, la chica accedió a duras penas y sacó la llave para desbloquear el misterio. Los chicos no podían contener la emoción al ver aquella sala llena de espejos y adornada por una gran lámpara de araña. Marilin tocó los bordes de todos los espejos. Estaban bañados en plata y oro. La maravilla de aquellas reliquias les asombró a todos.
- Está bien. Ya has entrado. Ahora, vámonos...
- Espera. Mirad que espejo. Qué grande es...
Ariadna observó el espejo por el cual Débora se había comunicado con Baphomet. Estaba asombrada. Observó que al lado del espejo, muy rebuscado, se encontraba un viejo libro de demonología.
- Vaya...aquí debe decir algo sobre lo que ha pasado.
- No toques eso, Ariadna. Pertenece al pasado de mi padre. Él era el dueño de este gran hotel.
- ¿Entonces el nombre de este hotel se debe a las aficiones de tu padre?
- Se puede decir más o menos que sí. Le encantaban estas cosas. Me parece un hobbie normal.
- Jugar con el demonio no es un hobbie normal.- aclaró Pablo. 
- Si juegas bien, lo es.- sentenció Débora.- Mi padre estaba un poco loco. Le ponían chiflado estos temas. Hasta él mismo inventó nuevos demonios para la cultura popular, y de ahí, partía su increíble literatura, que nunca llegó a tener éxito.
- Puede ser que tu padre haya invocado al demonio, que habita en este hotel desde que él lo llamó. Aunque...todavía me niego a creer estas hipótesis. Siempre el diablo fue mitología pura.- dijo Pablo hojeando el libro de demonología que le había arrebatado a Ariadna.
- ¿Encuentras algo, Pablo?
- Sí...y me parece que el padre de Débora no fue el primero que trajo el espíritu del demonio a este hotel.
- ¿Entonces, quién fue?
Débora sintió un placer interior en su alma. Sin duda, parecía como si condujera a los chicos a saber la verdad.
- Hace más de 400 años, María Tudor, la reina de Inglaterra, invocó al demonio para que protegiera a los tribunales que castigaban a los herejes.- Pablo observó las notas al margen.- Eh, parece que este libro está prohibido por los católicos. 
- ¿La Inquisición? ¿Un tribunal demoníaco?
- Según los escritos más íntimos de la reina, ella hizo un pacto con el demonio. Si los herejes eran ejecutados y borrados para siempre de la faz de la tierra (sobre todo los protestantes), el diablo podría tener libre propiedad de sus bienes.
- O sea.- añadió Marilin.- Que lo que hubiera antes de este hotel, un tribunal de torturas o algo parecido, estaba bajo custodia de la reina de Inglaterra.
- Dios...- dijo Ariadna.- Esto cambiaría la historia de Gran Bretaña...
- Aún hay más.- continuó Pablo.- ¿Sabéis cuál era el apodo que los ingleses le daban a la reina por sus crudos castigos contra herejes?
El aire de la habitación se ahogó en silencio.
- María La Sangrienta, es decir, 'Bloody Mary'. ¿Os suena a algo?
- El espíritu del espejo...quizás este espejo pertenezca a María Tudor.- añadió Ariadna.
- Una cosa chicos. ¿Alguien me dice que hacía la reina de Inglaterra en un tribunal contra herejes español?
La sombra del espejo sentenció el sumo silencio.

jueves, 22 de diciembre de 2011

Hotel 666: El comienzo. Capítulo 4


CRIMINAL

Ariadna abrió los ojos. Se encontraba en su habitación nueva, sin nadie. Sólo le acompañaba el sonido silencioso del silencio. Miró por la ventana para ayudar a activar su cerebro y se dio cuenta de que era de noche. El trauma de Baphomet le había causado un daño de varios días y ya parecía más calmada. 
''Vuelve...vuelve...''
Las palabras de aquella horrible escena todavía seguían atormentando su mente. El deseo de liberarse por fin se contraponía a su escaso nivel económico. Se acomodó de nuevo en la cama y agarró con fuerza la almohada. La olió. Lavanda. Las sábanas de su casa de Madrid también olían a lavanda. Una lágrima cayó por el rostro de la chica. Cerró los ojos y pensó en aquel infierno que le atormentaba tantas veces, en aquella escena que difícil sería olvidar.
- ¡No me vas a mandar a callar nunca más!
- ¡Por si no te has enterado aquí mando yo, y harás lo que yo diga!
Ariadna corrió a su habitación, presa del pánico pero con la chispa suficiente de valentía para plantarle cara a su novio.
- ¡Abre la puerta! ¡Abre ahora mismo!
- ¡Déjame en paz! ¡Voy a llamar a la policía!
La chica cogió el teléfono y marcó los números rápidamente. Su mayor pánico derribó la puerta de dos fuertes patadas y la cogió del cabello, retorciéndole las raíces.
- Escúchame zorra, te vas a portar bien, ¿me oyes?
- No eres nadie para decirme lo que tengo que hacer.- dijo Ariadna entre lágrimas y aguantando la presión en su cabello.- Soy libre. 
El novio de la chica le dio una bofetada a ésta y la tiró al suelo de un fuerte empujón. Acto seguido, le bajó los pantalones y le puso la mano en la boca, intentando hacerla callar. Ariadna no paraba de llorar, esta vez, muerta de miedo. El chaval se bajó la bragueta y se dispuso a violarla. Al contemplar el panorama, la chica le dio una patada en sus partes e hizo que cayera redondo al suelo, muerto de dolor. Pero la furia de aquel chico no acababa ahí. Arrastró a su víctima por la cocina y le clavó un cuchillo en el pecho.
- Dulces sueños, zorrita.
Ariadna pidió ayuda como pudo por la terraza, que conectaba a la casa del vecino. Esa noche quedaría profundamente en el recuerdo de Ariadna, que hizo las maletas poco tiempo después y se marchó de la ciudad.
La chica se despertó de repente, sudando a mares. Pablo entró en la habitación agitado, intrigado por saber lo que le pasaba a su amiga. Gabriel le acompañaba.
- Tranquila, no pasa nada...
- Está aquí, Pablo. ¡Ese criminal está aquí!
- ¿Criminal? ¿De qué hablas, Ariadna? Sólo ha sido un sueño.
- Dios...dios...
Cuando la situación parecía tranquila, Gabriel se presentó a la chica. Su mirada angelical hizo que los ojos de Ariadna se fijaran directamente en los suyos. Su pelo rubio rizado parecía bordado en oro y su sonrisa blanca como la nieve relucía en el mediodía. La intensa mirada de los chicos hizo que Pablo se pusiera nervioso.
- Ariadna, vamos a desayunar. Se hace tarde, y estarás hambrienta, ¿no?
- Sí, vamos...
La habitación de las torturas había causado furor en el desayuno. Todos hablaban de aquel tema como si de una novedad musical se tratase. Débora contemplaba a sus amigos sentados en la mesa y comiendo, como si vigilara por si iba todo bien. La hora del desayuno fueron eternas para Ariadna, que no dejaba de pensar en la paranoia que había tenido minutos antes en su habitación. Estaba sudando de nuevo y los pensamientos le abrumaron las ideas. Todo era un caos en la mente de la chica. Habían pasado demasiadas cosas juntas como para que ella pudiera ser consciente. 
- Ari, preguntan por ti en recepción.- dijo Marilin acercándose a la mesa de la chica, donde también estaba Pablo.
El corazón de Ariadna dio un vuelco. No esperaba visitas. ¿Quién podría ser? Con una fuerte cuerda rompiéndose en su corazón, caminó a paso lento y desconfiado hacia el recibidor, donde le esperaba una sombra negra como el carbón, mirando por el ventanal grande de la entrada.
- ¿Sí?
- ¿Creías que te ibas a escapar de mí tan fácilmente...zorrita?
Al escuchar aquellas palabras llenas de odio, Ariadna dio tres pasos para atrás y echó a correr hacia dentro del hotel. La sombra le perseguía adonde iba, sin perderle el rastro.
- ¡Déjame! ¡Fuera de aquí! ¡Fuera de aquí! ¡Vete! Ayuda...
Las fuerzas para correr se debilitaban en el cuerpo de la chica. Había recorrido todo el pasillo central y estaba destrozada. Con el miedo estampado en la cara, se encerró en la habitación de las torturas. La sombra se paró ante la puerta y la luz del techo dejó ver a un hombre de unos veintisiete años bastante estropeado para su edad. Derribó la puerta y entró. Ariadna no estaba. Seguramente se había escondido. Miró hacia todos los lados y solo miró horrorosas máquinas y herramientas de tortura. Observó la dama de hierro y sonrió. 
- Ahí estás...zorrita.
Ariadna, que permanecía oculta tras una cuna de Judas, observó como el criminal abría la dama de hierro y se asomaba en el interior para ver si su víctima estaba allí. Y entonces, en una mirada de relámpago, observó que en la pared estaba de nuevo el rostro de Baphomet. Y como por arte de magia, la dama de hierro se cerró, capturando en su interior al dolorido delincuente.  La chica lanzó un alarido al aire. Los demás llegaron al escuchar los gritos a la habitación y observaron a Ariadna asustada como un cervatillo en la noche. 
- ¿Qué ha pasado, Ari?- dijo Marilin mirándola con ojos como platos.
- Ba...Baphomet...ha matado a ... lo ha matado...
- ¿Qué? No te entiendo. 
Ariadna señaló la pared. Y allí estaba, el rostro del demonio, desapareciendo poco a poco después de acabar la faena. Después señaló la dama de hierro cerrada y pidió a Débora que la abriese.
- Díos mío...- exclamó Miguel al ver el cadáver del novio de Ariadna.
- Él vino a por mí... me quería matar. Me escondí aquí y creyó que me ocultaba tras esa máquina...algo cerró la dama...- rompió a llorar.
Gabriel examinó el cadáver y se quedó sorprendido al ver que las púas no habían pasado por ninguno de los órganos vitales del asesino. Se acercó al pecho del criminal y puso la oreja en él.
- Este hombre no está muerto. Está inconsciente, pero vivo.- sentenció el chico mirando a los demás.

Hotel 666: El comienzo. Capítulo 3


LA HABITACIÓN DE LAS TORTURAS

Habían pasado dos días. Ariadna se había cambiado de habitación por el miedo que sintió. Pablo tuvo que quedarse esa noche a cuidarla porque no paraba de pensar en aquel rostro manchado en la pared de su habitación. Las horrorosas imágenes de aquel sacerdote decapitado le atormentaban en pesadillas. El sangriento mensaje que apareció en la pared después de todo, vagaba por la cabeza de la chica sin rumbo. Mientras Ariadna temblaba en su habitación al lado de Pablo, Marilin se molestaba en bajar a la biblioteca y ojear algunos libros de demonología con Miguel y Felipe.
- Aquí está. Baphomet.- dijo Marilin sobresaltándose.
- Dios mío, el sigilo de Baphomet, el poderoso símbolo del demonio.- añadió Miguel.
Felipe cogió el libro y observó la portada. Después, lo examinó por fuera y decidió abrirlo.
- Aquí dice que Baphomet era una deidad de la Orden del Temple, una organización militar cristiana que se fundó tras la Primera Cruzada. Su nombre significa 'el bautismo de la sabiduría'.
- ¿Y si era una orden cristiana, por qué practicaban el satanismo?
- Aquí dice que fueron castigados por su herejía. Entonces, confesaron que practicaban actos satánicos y que adoraban a una deidad cuyo nombre es este.
- Así que Baphomet es la deidad de los Templarios...- añadió Miguel mirando fijamente el sigilo de Baphomet.
Felipe ojeó más páginas del satánico libro y se paró en unas en las que aparecía la representación del demonio y algunas de las descripciones que lo calificaban.
- Baphomet, el señor oscuro. Guarda el secreto del sigilo, del silencio y de la prudencia. Se le representa con cuerpo de humano, cabeza de carnero y alas demoníacas. Él es el que todo lo ve, pero es difícil de descubrir. Siempre está en el momento en el que hablamos, comemos, andamos o dormimos. Él nos observa durante el día y la noche. Él ve como nacemos, crecemos y morimos. Como siempre lo ve todo, también lo sabe todo. Él sabe qué hacemos en cada momento y en qué pensamos. A veces, es incluso más poderoso que el demonio de la ira, Satanás...
- ¿Satanás? ¿El demonio de la ira?- preguntó Marilin confusa.
- Sí.- aclaró Felipe.- Según algunos escritos, hay siete demonios para cada uno de los pecados capitales. Lucifer es el demonio de la soberbia, Mammón es el de la avaricia y Asmodeo es el demonio de la lujuria. Satanás representa la ira, Belcebú la gula, Leviatán la envidia y Belfegor la pereza.
- ¿Puede ser este demonio el que tentó a Eva con la fruta prohibida?- preguntó Miguel mirando fijamente la imagen de Baphomet.
- No sé. Aquí no dice nada de eso...Mirad lo que pone aquí. Baphomet suele descubrirse en lugares malditos. En lugares que conectan directamente con el infierno. Es decir...que en este hotel hay un acceso real al infierno...
- No digas bobadas. El infierno no existe...porque no existe, ¿no?
- Sólo hay una manera de descubrirlo. La habitación 66.
Pablo observó como su nueva amiga dormía. Tenía el pelo medio mojado del pánico y aún estaba sudando. Débora entró a la habitación y vio a Ariadna en la cama, durmiendo. Se acercó al chico y acarició a la sudorosa bella durmiente.
- ¿Cómo está?
- Algo mejor. La noche pasada no ha dormido nada. Hace media hora que paró de temblar.
- Si necesitas algo...estaré en recepción, ¿vale?
- Muchas gracias Débora. Nunca te podré agradecer lo que haces por nosotros.
Miguel entró de pronto en la habitación, gritando como un loco.
- ¡RÁPIDO, A LA HABITACIÓN 66!
Débora sintió que su corazón palpitaba a mil por hora. Le dijo a Pablo que fuese a ver lo que pasaba, que ella se quedaba cuidando de Ariadna. Tan pronto como el chico besó a su amiga, salió pitando con Miguel hacia la habitación 66. Al llegar, descubrió que la puerta había sido derribada por alguien y que Felipe y Marilin permanecían conmocionados frente a todo lo que allí había.
- Qué cojones es esto...
- Tuve que derribar la puerta.- comentó Felipe.- Aquí hay algo.
Miguel tocó con cuidado todos los objetos que allí se encontraban. Para su sorpresa, eran todos instrumentos y máquinas de tortura.
- Son máquinas de tortura...que fuerte...- dijo Marilin tocando algo que parecía un sarcófago.
- Yo que tu no tocaba eso.- dijo una voz a sus espaldas.- Es una dama de hierro.
Un joven de unos veinticinco años se asomó a la habitación sin puerta. Entró en ella y se paró delante de Marilin. Le sonrió. 
- ¿Quién eres...?
- Soy Gabriel, vuestro nuevo acompañante a partir de hoy.
- ¿Has venido hoy?
- Llegué ayer, pero no quise molestaros. Parecíais todos muy asustados. Ya me contó Débora.
- ¿Dices que este chisme de aquí es una dama de hierro? ¿Qué es eso?
- Un instrumento de tortura. Mirad.- añadió Gabriel abriendo el sarcófago.- Hay clavos letales que se usaban para provocar daño al hereje. La persona se depositaba dentro de la dama y a medida que se cerraba, los clavos iban atravesando las partes de su cuerpo, pero sin llegar a matarlo, puesto que esquivaba las partes vitales. La persona moría a los dos días aproximadamente, después de soportar todo el daño de los clavos incrustados en sus genitales, cabeza, brazos y piernas. 
- ¿Y por qué están todos estos instrumentos de tortura aquí?
- Quizás sea obra del Tribunal de la Inquisición. Estoy casi seguro de que antes de que se construyera este tétrico hotel, aquí había un tribunal eclesiástico que condenaba a herejes.
Los chicos se paralizaron.
- Chicos, estáis ante una de las obras más terribles de aquel monstruo que llamamos Ser Humano. 

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Hotel 666: El comienzo. Capítulo 2


BAPHOMET

Ariadna se despertó a la mañana siguiente con un profundo sueño. Miró a un lado y a otro de la habitación y descubrió que no estaba en su casa. Por unos momentos, no parecía acordarse de nada. Volvió a la Tierra y entró en razón. El viaje la había dejado muerta y su mente estaba hecha un caos. En menos de dos horas había entrado en un sitio extraño que parecía un cementerio y había recibido en forma de bomba miles de nombres de personas en su cabeza. Se levantó y se puso sus zapatillas. Retiró las sábanas con delicadeza e hizo la cama. 
- Buenos días, guapa.- dijo una voz acercándose a ella con una bandeja que contenía el desayuno.
- ¿Aquí no hay comedor?- dijo Ariadna sin reconocer la voz ni la silueta que veía sus borrosos ojos. 
- Ya ha cerrado. Te traje esto.- rio la voz, que era masculina.
Ariadna abrió un poco más los ojos y lo vio. Era Pablo, que tenía una impecable sonrisa blanca mañanera. Le colocó la bandeja con tostadas y leche en la cama y le acarició.
- Son las once de la mañana. ¡Eres una dormilona!
La chica se sonrojó. Un escalofrío de placer invadió su cuerpo. Pablo era, en esos momentos, su mayor apoyo. Agarró las sábanas de la cama recientemente hecha y sintió una punzada de quinceañera en su corazón. Pensó en la noche pasada, cuando todos contaron en el pasillo de las habitaciones el motivo por el cual se refugiaban en el hotel. Estuvieron bastante tiempo hablando antes de irse a dormir, por lo que se pudieron conocer mejor. Ariadna sentía que esa iba a ser su familia a partir de ahora.
''En Andalucía la vida es fantástica, tienes un buen clima y la gente es maravillosa. Pero quise cambiar de aires por un hecho que me marcó la vida: la muerte de mi novia. Estábamos muy enamorados, y un cáncer me la arrebató. Decidí quedarme aquí porque Débora no me iba a cobrar nada por la estancia. Ella solo quiere que seamos felices. Encontré trabajo y estoy la mar de feliz''
''Ser la única chica entre tanto hombre no es fácil, sobre todo si no hay alguna mujer con la que hablar y desahogarte. Trabajé varios años en el circo de equilibrista y, una vez, me caí y me rompí una pierna. Desde entonces se burlaron de mí en aquel sitio y lo que se había convertido en mi casa durante muchos años, se convirtió en el infierno. Por suerte, encontré a Débora y ella me recogió.''
''No sé si te lo he dicho antes, pero me apellido es Cannavaro. Felipe Cannavaro. Huí de Italia por problemas con la justicia. Me acusaron de asesino siendo inocente, y tuve que irme porque allí las cosas están muy mal. Débora se portó muy conmigo y me dio trabajo.''
Pablo se adelantó y cogió las manos de Ariadna.
''Todavía tengo aquel recuerdo en mi cabeza. Aquella estampa última de la Torre Eiffel, que sentenció mi destino. Mi padre estaba endeudado con unos mafiosos de Rusia y la pagaron conmigo ante la cobardía de mi padre, que huyó. Por más que quise pagarles lo que les debía mi padre, los rusos juraron muerte al hijo de aquel estúpido, yo, y me escapé, huyendo de la mala vida.''
Ariadna no pudo evitar emocionarse al escuchar a Pablo. Recordó el peor momento de su vida y lo lanzó al viento.
''Estoy aquí por un hombre. Éramos muy felices y nos queríamos a reventar. Pero el alcohol, las drogas y la locura madrileña hicieron que su mano quedara estampada en mi cara. Todos los días me daba palizas y, muerta de dolor, hice un día la maleta y me escapé de aquel infierno''
Ariadna volvió a la realidad. Sin duda, su vuelta al pasado no había sido del todo agradable. Pero volvió a sonreír al ver que Pablo le daña el cariño que necesitaba para vivir. 
- ¡Mira eso!- gritó el chaval al ver algo misterioso en la pared.
- Dios santo...- susurró Ariadna sin palabras.
En la pared blanca como la nieve, había aparecido durante la noche un rostro. Un rostro difuminado por los rayos del día. Muerta de miedo, Ariadna se recogió en los brazos de su acompañante. Pablo decidió avisar a Débora.
- Tenemos un problema. 
- Dios, ¡que horror!- gritó Marilin entre lágrimas.
- En esta habitación hay demonios.- dijo Débora, segura de sus palabras.
- ¿Demonios?- se aseguró Ariadna.- No existen los demonios.
- Nunca retes al diablo, querida. Llamaré a un exorcista.
Un anciano con aspecto de sacerdote visitó el hotel en cuestión de una hora. Tenía aspecto serio. Marilin decidió encerrarse en su cuarto. Estaba aterrada. Débora le explicó al exorcista que había sentido malas presencias en esa habitación, que sacara el demonio de allí inmediatamente. Abrió la puerta de la habitación. El anciano pidió que se le dejara solo. Contempló el rostro en la pared, que había cambiado de forma. Los ojos de la mancha eran rojos como el carmín. Los chicos junto con Débora esperaron a que el exorcista terminara su trabajo, excepto Marilin, que permanecía encerrada en su habitación, entreteniéndose para no perder la calma.
- De Jehová es su tierra y su plenitud...el que no ha elevado a cosas vanas...
El sacerdote sacó un crucifijo y una rosa blanca, mientras que leía un pasaje de la Biblia regando la pared con agua bendita. 
- Alzad, oh puertas, vuestras cabezas...y entrará el Rey de gloria...¡SAL DE AQUÍ!
Un destello procediente de la mancha dejó ciego al viejo sacerdote, que lanzó un alarido de dolor al aire. Débora, sudando, decidió entrar a ver lo que había sucedido después de que el silencio reinara durante varios minutos. La puerta se abrió sola. Los chicos entraron y descubrieron lo que no querían ver. El exorcista permanecía muerto en el suelo, con la cabeza decapitada. Bañado en sagre, sólo el tallo de la flor sobrevivió. El agua bendita se había secado, la Biblia estaba quemada y el crucifijo torcido. Débora observó, ante la sorpresa de lo chicos, que la mancha había desaparecido. En su lugar, había escrito en sangre un mensaje en aquella superficie gruesa.
''Os estoy vigilando. Yo lo sé todo''
Débora dejó caer gotas de sudor por la frente y se dirigió a los chicos. Marilin, que se había armado de valor, gritó al ver el cadáver del sacerdote. 
- Se ha ido. El demonio se ha ido.
- ¿Quién puñetas ha escrito eso?- dijo Felipe con una chispa de nervios en el cuerpo.
- Baphomet, el demonio que lo ve y lo sabe todo.- sentenció Débora.