domingo, 30 de septiembre de 2012

Hotel 666: La maldición de la familia Benoit (Cap.11)


CAPÍTULO 11
LA SEÑAL

Gabriel estaba nervioso. Nunca se había enfrentado a tantos demonios tan poderosos. Cynthia dio un paso adelante y soltó una carcajada que hizo resonar todo el pasillo. Miró intensamente a Gabriel y luego se acercó a él y le escupió en la cara. 
- Nos volvemos a encontrar, angelito.- dijo Cynthia con una voz grave que se asemejaba al ruido que producía un camión en marcha.- Pero esta vez será la última.
- Ni lo sueñes, Lucifer.- respondió Gabriel sonriendo con nervios.- Tu soberbia me ha decepcionado, creía que eras más inteligente...
Cynthia empezó a hacer movimientos raros y luego se volvió al resto de la familia Benoit. Estaban susurrando algo en un lenguaje raro, que los demás chicos no conocían.
- Es latín.- susurró Gabriel al resto.- Huid ahora que podéis. Yo me encargaré de todos ellos.
- Pero no te podemos dejar solo.- añadió Ariadna, que controlaba su miedo por momentos.
- Iros. ¡Ahora que están distraídos!
Como estrellas fugaces, Ariadna, Pablo y Marilin corrieron a través de los cuerpos moribundos de la familia Benoit. Éstos soltaron un alarido al ver que sus presas se escapaban. Lionel miró a Gabriel con odio.
- ¡Matadlos!- ordenó mientras se dirigía a los suyos.- Yo acabaré con Gabriel.
Los miembros de la familia Benoit, excepto el cabeza de familia, corrieron a perseguir a los chicos, que se habían escondido por separado. Lionel caminó hacia donde estaba Gabriel hasta que su nariz tocó la del ángel.
- Desgraciado. ¿Crees que vas a poder evitar la destrucción de este mundo y el de los ángeles? ¡Sueñas! ¡Nuestro amo cada vez es más fuerte!
- ¿Sabes Amon? Prefiero morir luchando con mis amigos que perder siendo un cobarde solitario.
- Muy solidario, querido arcángel de pacotilla. Pero eso no te salvará de la muerte. ¡Prepárate para tu final! ¡Tu vida acaba aquí y ahora!
Gabriel levitó en el aire y retrocedió unos pasos. Desplegó sus enorme y blancas alas y las batió en señal de guerra. El cuerpo de Lionel tembló. Tomó un aspecto aún más estropeado. Su cuerpo empezó a echar chispas por toda la piel y sus ojos se encendieron en llamas. Amon se preparaba para atacar. Pero Gabriel fue más rápido. De sus manos salió una luz blanca y cegadora, que tumbó a Lionel en cuestión de segundos. El demonio se reincorporó tras unos minutos temblando en el suelo y después cogió a Gabriel por la cintura y lo lanzó contra la pared, que se derrumbó. El ángel salió disparado hacia el salón, donde chocó contra la ventana. Amon se acercó a él y le acarició su rostro lleno de sangre. Gabriel tenía los ojos entreabiertos y respiraba con dificultad.
- Siento que esto acabe así.
Y acto seguido, le lamió la parte inferior de la cara con la lengua, saboreando la victoria. Gabriel se desplomó sobre la ventana, inconsciente. Amon se disponía a clavarle sus garras en el pecho para arrancarle el corazón y acabar con su vida, pero en ese momento...
- La señal...- pronunció Gabriel recuperando débilmente la consciencia y mirando por la ventana, hacia el cielo.
Esta vez no había un solo destello en el cielo. Había más de medio millón de destellos. Y se dirigían a la mansión de la familia Benoit.

Ariadna corría y corría por los amplios pasillos de la mansión Benoit. Estaba sola. Esta vez no estaba Gabriel para protegerla. Tampoco estaba Pablo para decirle que todo iba a salir bien. No estaba muy asustada. Sólo tenía ganas de vengarse por la muerte de Felipe y de Miguel. También deseaba continuamente proteger el fénix de plata. Después de unos minutos deambulando sin parar por las habitaciones de la mansión en busca de un escondite, se paró en seco. Algo la estaba observando. Enseguida se percató de que era.
- ¡DÉJAME EN PAZ!- gritó la chica al ver la sombra de Damian en el pasillo.
- ¿Sabes, muchacha?- dijo Damian con los ojos blancos como la leche.- No tengo nada que envidiarte. Ah bueno, sí. Tú estás viva. Eso me produce una tremenda envidia. ¡Por eso he de saciarla!
Damian se apoderó del cuello de Ariadna de un salto.
- Soy Leviatán, el demonio más envidioso de todos. Y tú vas a ser mi víctima esta noche.
Ariadna intentaba hablar para pedir ayuda, pero no podía. La mano de Damian le presionaba el cuello con una fuerza increíble. Sentía que todos los recuerdos bonitos que había vivido con Pablo se desvanecían con la sensación débil y ligera que sentía en la tráquea.
- Aun...que...me...mates...no...ganar...ás...la...batal...la...
- ¡Mientes! ¡Los demonios nos apoderaremos de todo! ¡Seremos los reyes del mundo! ¡ESTÁ ESCRITO!
La presión aumentaba en el cuello de Ariadna. Sentía que las luces se apagaban, que el pasillo le daba vueltas, que todo llegaba lentamente a su fin...conforme se le iba acabando el oxígeno...Quizás pasara a la historia del reino celestial. O quizás pasara a la Historia de la Humanidad. O quizás fuera olvidada debido a la ignorancia de la gente de su mundo. Cuando estaba a punto de cerrar los ojos para siempre, algo hizo que los abriera completamente. Una tercera persona había cogido la mano de Damian y le había prendido fuego. El cuerpo del chico se retorcía de dolor mientras intentaba apagar la llama de su mano. Tras minutos bramando de angustia, Damian cayó al suelo, inerte. La presión desapareció del cuello de Ariadna, que se vio aliviada.
- ¿Estás bien?- dijo una voz proveniente de su lado.
Ariadna dirigió la mirada a la tercera persona que le había salvado la vida: Pablo. Le sonreía. Sin pensarlo, la chica se lanzó a sus brazos y lo abrazó con todas sus fuerzas.
- Perdóname, Pablo. Perdóname por no creerte, por no confiar en ti cuando me decías que entre tú y Kasha no había nada. Perdóname por favor...
- Ya está, Ari.- dijo Pablo cerrando los ojos y abrazando aún más fuerte a su chica.- Ya pasó, ya quedó en el olvido. Te quiero. Y eso es lo único que importa.
Se besaron apasionadamente. Un grito extremo les cortó el momento de romanticismo.
- ¡MARILIN!- bramó Ariadna tirando de Pablo y llevándolo al lugar de origen del grito de su amiga. Era la sala del fénix. Marilin estaba apoyada en el pedestal que sostenía la reliquia, asustada por la presencia de los cuerpos magullados de Cynthia, Dimitri, Doofy, Kasha y Orfeo. Ariadna se llevó las manos a la boca y Pablo soltó un grito ahogado.
- ¡Cristo!- gritó alguien a sus espaldas.
Los cuerpos del resto de la familia Benoit cayeron al suelo. Acto seguido, de su boca salieron nubes negras que parecían humo nuclear. Humo que iba tomando forma hasta convertirse en siluetas medio humanas medio cabras, flotando en el aire. El arcángel Miguel se dejó ver entre las sombras, para sorpresa de Marilin, Ariadna y Pablo. 
- Dios en latín. Los demonios odian su nombre.- dijo con una sonrisa.- Me alegro de volver a veros.
- ¿Qué...qué hace aquí?- preguntó Marilin asustada.
- Vengo para ayudaros. Y nos os preocupéis, traigo refuerzos. Mi ejército celestial está en el jardín.- respondió Miguel tendiendo una mano hacia el frente, de la que apareció una espada. Fue al encuentro de los demonios, que seguían flotando en el aire, y los atravesó a todos con un solo roce de su espada. Las siluetas se disiparon en el aire, dejando tras de sí un rastro de humo negro y chispas. 
- Se acabó.- dijo Miguel haciendo desaparecer la espada.- Los planes de Satanás han quedado reducidos a cenizas una vez más.
- ¿Y qué hay de la familia Benoit?- preguntó Marilin observando los cuerpos inconscientes de Orfeo, Dimitri, Doofy, Kasha y Cynthia.
- Se recuperarán, no te preocupes.- dijo Miguel sonriendo y guiñándole a Marilin.
Un ruido hueco se oyó en la habitación del fénix. Alguien estaba aplaudiendo. Una silueta negra, con enorme garras y rostro desfigurado, apareció delante del arcángel Miguel. 
- Bravo. Sensacional.
- Tu eres...
- Exacto. Soy Cazarel.
Miguel dio un paso atrás y ordenó a los demás que llevaran a la familia Benoit a las habitaciones. Pero nadie se movió.
- ¿Creíais que íbamos a rendirnos tan fácilmente, desgraciados?- rió Cazarel mirando con odio a los demás.
- ¡No robarás la reliquia de la inmortalidad! ¡No permitiremos que tu amo se salga con la suya!
Cazarel se colocó delante del fénix de plata y lo rozó con las garras, cubiertas de suciedad.
- Me lo llevaré antes de que pronunciéis otra palabra.
- Por encima de mi cadáver.- dijo Ariadna dando un paso adelante.
- Muy bien, entonces. ¡TENDRÉ QUE LIBRARME DE TI PRIMERO! ¡ADELANTE, VEN A MORIR!

lunes, 24 de septiembre de 2012

Hotel 666: La maldición de la familia Benoit (Cap.10)


CAPÍTULO 10
LA POSESIÓN

Habían pasados varios días y los chicos seguían sin recibir noticias del arcángel Miguel. El clima en la mansión Benoit estaba un poco alterado. Kasha mostraba continuamente su indiferencia al cruzarse con Ariadna. Ésta, por su parte, seguía sin dirigirse palabra con su chico, Pablo, que cada vez estaba más preocupado y más arrepentido de lo que había ocurrido con la joven hija de Lionel. La familia Benoit estaba nerviosa. Deseando poder ayudar al ejército de los Cielos, planeaban sus estrategias para cuando el ejército de los íncubos y súcubos llegara a la Tierra para robar el fénix de plata que ellos custodiaban en una de sus más misteriosas habitaciones. Gabriel estaba ensimismado en su mundo. Por una parte, adoraba ayudar a los humanos a alejar el mal de los tres mundos. Pero por otra, extrañaba demasiado el reino celestial y se planteó seriamente abandonar la Tierra después de la batalla contra Cazarel. Envuelto en sus más poderosos sentimientos de nostalgia, salió al anochecer a tomar aire fresco pensando en si los suyos estarían bien. Se sentó en el suelo del jardín, contemplando el cielo lleno de estrellos que se presentaba ante sus ojos. Algunos astros mostraban su brillo intensamente. Otros, en cambio, mostraban el mismo estado de ánimo que Gabriel: tristeza.
- Buenas noches, Gabriel.- dijo una voz a espaldas del ángel.
- Ah, eres tú, Ariadna...- contestó Gabriel con un tono de sorpresa y tristeza en la voz.
Ariadna le acarició el hombro y se sentó a su lado. Enseguida la chica notó el césped fresco en su espalda y sus piernas. Miró al cielo y después contempló a Gabriel con una mirada llena de cariño fraternal.
- Esta noche hay un montón de estrellas en el cielo, ¿no?
- Sí, parece que hay más que la otra noche...
- A mi todas las noches me parecen iguales...
- El cielo no es algo fijo. Las estrellas bailan y bailan, giran y giran. Es algo tan grande, tan maravilloso...a veces desearía tocarlas...
Ariadna miró a su amigo con un tono de preocupación.
- Creo que puedes hacerlo. Tienes alas.
- En mi mundo no hay apenas estrellas. La dimensión del reino celestial no permite divisar tal paisaje nocturno. Por eso a los ángeles nos gusta tanto la Tierra...
- Que raro que salgas a estas horas a contemplar el cielo, ¿ocurre algo? ¿ha mandado tu amigo alguna señal que afirme que el ejército de los Infiernos esté aquí?
- No. Aún no. Supongo que alguien vendrá a darnos la señal.
- ¿Alguien? ¿Conoces a más ángeles importantes?- preguntó Ariadna con una radiante inocencia en su tono de voz, que cada vez era más alegre.
- Sí, algunos. Somos viejos amigos, y de hecho, todavía mantenemos una bonita amistad. El mundo de los ángeles es diferente a éste. Emana tranquilidad por todos lados. Allí todo el mundo se lleva bien, no hay peleas ni guerras. Sólo discusiones que se solucionan con un simple diálogo pacífico. 
- Entonces te envidio.
- ¿Me envidias? El reino celestial también es difícil. Estamos amenazados de muerte por Satanás y compañía. Ellos nos odian, no nos pueden ni ver. Sólo por la razón de que nuestro mundo es más cómodo que el de ellos. Pura envidia.
- ¿Fue siempre el reino Infernal así?
- Hubo un tiempo que no. Hace miles de años los íncubos y los súcubos eran ángeles frustrados, ángeles que no se sentían identificados con mi raza. Eran incomprendidos, marginados. Y entonces decidieron unirse y formar una propia especie. Y a partir de ahí, habitaron el peor mundo que la Creación pudo formar; un lugar reservado para los deshechos de la vida. El Infierno.
- Es triste...
- Sí. Ellos buscaron su propio destino. Quisieron ser mejores que los humanos y los ángeles, los cuales estaban llenos de virtudes. Quisieron controlar todo lo bueno para dirigirlo a su manera, y se sublevaron. Aunque hubieseis derrotado a Abrahel y Baphomet, todavía quedan muchos seres infernales que destruir. Ellos no están hechos de vida, sólo de vacío y odio. 
- ¿Vacío y odio?
- Exacto. Ellos no tienen corazón. No pueden sentir.
- ¿Y por qué esa nostalgia que tienes? ¿A qué se debe?
- Querida Ariadna, aunque me encanta este mundo, yo no pertenezco a este lugar. Soy de otro mundo, de otra dimensión, de otro tipo de seres: los ángeles. Quizás si todo sale bien, vuelva al reino celestial después de la batalla...
- Pero puedes quedarte, y todos tus amigos también. La Tierra es muy grande. Hay sitio para todos.
Gabriel sonrió en el momento en que Ariadna dijo la palabra ''todos''. Después volvió la mirada al cielo lleno de estrellas y respiró hondo. Frunció el ceño.
- Tenemos compañía inesperada.
Ariadna se sobresaltó. No entendía lo que quería decir su amigo. 
- ¡Están en peligro ahí dentro! ¡Lo presiento!
Gabriel se puso de pie de un salto y señaló la mansión de la familia Benoit. Ariadna se levantó y observó que su amigo empezaba a correr a gran velocidad. Intentó seguirlo lo más rápido que pudo. Cuando los dos chicos entraron por la muerte, vieron a Lionel tirado en el suelo del pasillo. Estaba inconsciente. Intentaron reanimarlo, pero sus intentos no servían para nada.
- ¿Está muerto?- preguntó Ariadna con un nudo en la garganta.
- No.- se apresuró a contestar Gabriel.- Peor aún. Está poseído.
- ¿Poseído? 
- Sí, por un demonio enviado por Satanás.- Gabriel intentó concentrarse para oír los latidos del corazón de Lionel.- Es Amon, marqués del Infierno y el demonio de la ira.
Ariadna sintió que el corazón le daba un vuelco. De pronto vieron a Marilin y Pablo correr hacia ellos. Marilin parecía asustada, a punto de llorar. Pablo estaba conmocionado de miedo.
- ¡LA FAMILIA BENOIT ESTÁ MUY RARA! ¡COMO SI ESTUVIERAN POSEÍDOS!- chilló Marilin lanzándose a los brazos de Gabriel.
- Están poseídos por esbirros de Satanás. Debemos impedir que sigan aprovechándose de sus cuerpos...
- ¿Pero cómo?- preguntó Pablo nervioso.
- Debemos reunirlos a todos. ¡En el salón! ¡Ahora!- gritó Gabriel alarmando a Lionel, que había abierto los ojos.
- Creo que Lionel se ha despertado...- dijo Ariadna entre susurros.
- ¡Iros! ¡Yo me encargo de Amon!- chilló Gabriel sosteniendo a Lionel por el torso.
Pero era demasiado tarde. Kasha, Cynthia, Damian, Dimitri, Orfeo y Doofy estaban de pie junto a ellos. Todos tenían un aspecto demoníaco. Sus ojos eran rojos como rosas, con las pupilas blancas como la nieve. Las manos eran garras y la mandíbula era más gruesa de lo habitual. La boca dejaba ver unos horrorosos dientes verdes. Kasha berreó. 
- Adorad a nuestro amo: Satanás, dios y creador de las tinieblas.
La familia Benoit, contando a Lionel que ya se había puesto de pie y se había librado de Gabriel, empezó a caminar amenazando con rugidos a los chicos. No había escapatoria posible.

sábado, 22 de septiembre de 2012

Hotel 666: La maldición de la familia Benoit (Cap.9)


CAPÍTULO 9
LA INFIDELIDAD

Lionel leyó en voz alta. Todos lo escucharon estupefacto. Nadie nunca había oído un relato tan sorprendente sobre una infidelidad contada en primera persona. Cuando Lionel pronunció las últimas palabras que minutos antes estaban cubiertas de tinta invisible, el silencio se hizo en la habitación. Doofy y Dimitri dejaron escapar un sonido divertido, y Ariadna los miró con dulzura. Pablo bajó la cabeza y contempló el diario de Di Leandro en manos del cabeza de familia.
- Así que esa tal Mary Jeth se acostó con Marco, que le fue infiel a Gabrielle...- se atrevió a decir Pablo alejando los pensamientos de Ariadna de su cabeza. 
- Seguimos igual.- dijo Gabriel dando un paso adelante bruscamente.- Ese tío se molestó en hechizar la tinta para una tontería. No nos descifra nada. Ese fragmento sólo nos habla de una de sus locuras nocturnas.
- Una cosa tenemos segura hasta ahora. Jonah sobrevivió y Gabrielle y Marco murieron. Lo que no sabemos es por qué sobrevivió el hijo y los padres no.- añadió Marilin.
- Es verdad. Se supone que había una grave epidemia por esos tiempos...- dijo Cynthia pensativa, mirando a sus hijos con una expresión de nerviosismo.
- Quizás todo el misterio esté en el fénix de plata.- aclaró Damian.
- Es extraño. El fénix mantuvo con vida a Jonah porque él sobrevivió después de la muerte de sus padres. Pero...¿cómo sabía Jonah la contraseña para activar la inmortalidad del fénix?- se preguntó Ariadna mirando a Pablo con una mirada de soslayo.
- Posiblemente no la supiera. A lo mejor Marco decidió salvarle a él, puesto que era la esperanza de la familia...
- Imposible.- negó Lionel.- Marco odiaba a su hijo porque era un enfermo mental.
- Sigo pensando que la clave es el fénix.- continuó Damian.
- Un momento.- se atrevió a decir Kasha, que miraba el diario con una pizca de curiosidad.- Creo que Marco Di Leandro sabía la contraseña desde el principio. Nunca la olvidó...
- ¿Cómo dices?- interrumpió su padre.
- Tiene sentido. La contraseña no tenía por qué ser una palabra. Podía ser un acto, una expresión...pero Marco no conseguía realizarla y por eso murió.
- Tienes razón, mi querida hija. No tenía por qué ser una palabra...
- Fuera lo que fuese, Jonah sabía la contraseña...y no creo que Marco se la hubiera dicho cuando lo odiaba a muerte.
- ¿Cuál es el papel de la madre en todo esto?- preguntó Cynthia.
- Creo que Gabrielle tiene que ver poco en el misterio.- se atrevió a decir Lionel.
- ¿Y si la infidelidad tiene que ver algo con todo esto?- añadió Damian.
- No es cierto. No encaja con las demás escenas.- se apresuró a decir Gabriel.- Haber leído ese fragmento ha sido un error. No nos ha aportado ninguna pista.
Gabriel cogió el diario y lo puso en una estantería que había al lado de la chimenea. Después, sus ojos fijaron la vista en la ventana. Algo en el cielo parecía brillar. Se apresuró a curiosear un poco más, pero aquella cosa todavía era muy pequeña para verse desde La Tierra. Era como un destello azul plateado, que poco a poco, se dirigía hacia donde estaban ellos.
- Algo se acerca. Del cielo. Es un destello plateado.
- Salgamos.- sentenció Lionel.
La familia Benoit, Ariadna, Pablo, Marilin y Gabriel salieron al jardín, donde pudieron ver que el destello azul plateado se acercaba más y más. El misterioso objeto aterrizó en la tierra a la velocidad de un cometa y levantando una gran capa de tierra. Cuando hubo pasado la humareda, todos pudieron comprobar que no se trataba de un objeto, sino de una persona. Su silueta se hizo más clara conforme se acercaba a ellos. Parecía un hombre, de aspecto legendario. Tenía el cabello negro, liso y no muy largo. Sus ojos plateados relucían a la luz de la Luna. Vestía una camisa blanca como las nubes, larga. También llevaba un pantalón negro humo y un chaleco del mismo color. Era delgado y al ver a Gabriel, lanzó una débil sonrisa.
- Amigo mío...
- ¡Miguel!
Marilin se estremeció al oír el nombre del misterioso hombre, que le recordaba a su amigo fallecido, puesto tenían el mismo nombre.
- Vaya, no has cambiado mucho desde que te fuiste. Sigues igual de descuidado.
- ¿Qué haces aquí, amigo? ¿Qué te trae por el mundo terrenal?
Miguel apartó la mirada de Gabriel y se fijó en los demás. Les sonrío con una sonrisa amable. 
- ¿Quién es, Gabriel?- preguntó Marilin con un tono curioso.
- Es Miguel, el arcángel que comanda el Ejército de los Cielos.
- ¿Arcángel?- dijeron Ariadna y Pablo a la vez. Después se miraron. Durante unos segundos, sus ojos quedaron cruzados como flechas. Acto seguido bajaron la cabeza sin mirarse.
- Sí.- dijo Miguel con una sonrisa, cerrando los ojos. De la espalda del ángel salieron dos alas blancas como la espuma, grandes. Gabriel le sonrió, guiñándole un ojo, mientras que los demás quedaron boquiabiertos. El cuerpo de Miguel desprendía un brillo muy intenso, que transmitía tranquilidad y paz.- Vengo a avisaros, y a advertiros.
- ¿Qué problema hay, hermano?
- El Ejército de los Infiernos está ganando fuerza de nuevo, hermano. Satanás está reclutando a nuevas fuerzas del mal para que se unan a él y luchar contra el mundo de los Cielos y el mundo terrenal. Nosotros, los ángeles, estamos dispuestos a luchar, pero no somos tan fuertes como esperábamos. Necesitamos más ayuda.
- ¿Qué puedo hacer al respecto?- preguntó Gabriel boquiabierto.
- Primero de todo, debéis proteger el fénix, ya que Satanás pretende usarlo para resucitar a Abrahel y Baphomet. No debemos permitir que ocurra eso. Supondría una catástrofe a nivel de los tres mundos. Segundo, nosotros, los ángeles, estamos dispuestos a unir las fuerzas con tus amigos, esta gente de aquí, para derrotar al mundo Infernal. Así, tanto la humanidad como el reino celestial quedará salvado. Sólo así podremos proteger nuestra naturaleza, nuestra raza y nuestra paz.
Los chicos se quedaron callados. Doofy empezó a llorar y Dimitri la consoló con una corta canción, que hizo sonreír a Miguel, que seguía de pie frente a los demás. Gabriel se dirigió a sus amigos y los observó con una mirada triste. Luego los miró fijamente.
- ¿Estáis dispuestos a ayudarnos?
- ¿Sabes una cosa, Gabriel?- se apresuró a decir Ariadna.- Hace meses derroté yo misma a Abrahel. Pero no fui yo sola. Mis amigos me ayudaron, y aunque hubo pérdidas inesperadas, todos conseguimos alejar el mal de nuestro mundo. Pero no sólo mis amigos me ayudaron. También lo hiciste tú, que ahora también formas parte de mí, y de todos. Sin la espada celestial no hubiera podido acabar con Abrahel. Y ahora es el momento de devolverte el favor. Estoy deseando ayudar al mundo de los ángeles a recuperar la paz. Cuenta conmigo.
Pablo miró con una sonrisa a Ariadna, pero ésta ni siquiera le miró.
- Y conmigo.- añadió. Ariadna se molestó en mirarlo esta vez.
- Y conmigo también.- dijo Marilin.
La familia Benoit se miró entre sonrisas y asintieron con la cabeza.
- Estupendo.- dijo Miguel sonriendo de nuevo.- Gracias.
- ¿Qué tenemos que hacer?- dijo Ariadna, que se dio cuenta de que Gabriel estaba llorando en silencio de emoción.
- Por ahora esperar la señal.- dijo Miguel mirando al cielo.- Estoy seguro de que sabréis cual es. Sobre todo Gabriel.
Gabriel dio un paso adelante y le tocó la espalda a su amigo.
- Supongo que es mejor fracasar todos juntos...
- No fracasaremos, amigo. Confío en ellos. Confío en mi. Y en ti también.

jueves, 20 de septiembre de 2012

Hotel 666: La maldición de la familia Benoit (Cap.8)


CAPÍTULO 8
''CORAZONES ROTOS''

La historia de Gabrielle y los celos por Pablo habían dejado agotada a Ariadna. Su cabeza estaba de nuevo revuelta. Estaba segura de que no había nadie más confusa sobre la Tierra que ella. Y ya era decir. Se pasó los siguientes días metida en la biblioteca, intentando reflexionar sobre todo lo que había pasado, y tratando de buscar información en los libros satánicos de la familia Benoit sobre tintas invisibles y otros hechizos de ocultismo. Pasaba las páginas, las pasaba y las pasaba, pero su mente sólo estaba centrada en una cosa: Pablo. Tenía un miedo horrible a que Kasha, con sus encantos venenosos, lo atrapara hacia su mundo. Pensaba que Pablo sería su próxima presa. 
Se levantó por fin y abrió la puerta para salir de aquel lugar que le hacía pensar más en su tormento. Miró el reloj. Eran las doce de la mañana y faltaba poco para el almuerzo. Quizás debería de salir al jardín a tomar un poco el fresco antes de comer. Con el pensamiento de que ''todo iba a salir bien'' se dirigió al jardín, donde para su sorpresa, se encontró con Kasha y Pablo, y no de una manera que a Ariadna le agradase. Pablo estaba tumbado en el césped con la camiseta sobre la hierba, desnudo por la parte de arriba. Kasha le estaba dando un masaje en la espalda con aceite. Ariadna sintió una punzada horrible dentro de su corazón. Era el colmo de los colmos, lo último que estaba dispuesta a consentir.
- ¿MOLESTO?- preguntó Ariadna lanzando una mirada asesina a Kasha, que la miraba con una sonrisa de oreja a oreja.
- Claro que no, cielo.- se atrevió a responder la joven Benoit.
- ¡Esto es lo que me faltaba...!
- Tranquila, Ari.- dijo Pablo interrumpiendo el masaje al notar la presencia de su chica.- Es sólo un masaje. No estamos haciendo nada raro.
- ¿ES QUE NO TE DAS CUENTA? ¡ESTA ZORRA VA DETRÁS TUYA!
Kasha no se molestó. Incitó a Pablo a seguir con el masaje, pero éste no quiso.
- Y tu sabiéndolo, podrías cortarte un poco, ¡imbécil!- gritó Ariadna a punto de llorar.
- Cariño, no sabía que Ka...
- ¡CÁLLATE! No me valen tus excusas de 'esto no lo sabía' o 'me acabo de dar cuenta'. Sabías perfectamente que todo lo que hacía Kasha estos días ha sido para separarte de mí. Desde el primer momento que te vio en la habitación, ha querido ir a por ti. ¡IMBÉCIL, IMBÉCIL!- gritó Ariadna rompiendo a llorar.
- Ari...- dijo Pablo intentando de consolar a Ariadna, pero de nada le sirvió. Aunque el chico quiso acariciarla, Ariadna le apartó la mano. Se fue corriendo, rota de dolor, mientras que él iba detrás de ella, ante la mirada arrogante de Kasha.
Ariadna corrió hacia su habitación y se echó en la cama, dejando que sus lágrimas empaparan las sábanas. Las cogió y las tiró al suelo con fuerza. Ivette y Ordog observaron la escena, pero no quisieron intervenir, ya que su mente pesimista se lo impedían. Pablo entró corriendo detrás de Ariadna, aún poniéndose la camiseta y lanzando gritos de perdón.
- Fuera...¡FUERA!
- Te recuerdo que ésta también es mi habitación.
- TE VAS O ME VOY.- zanjó Ariadna dando un ultimátum.
- Ariadna, por favor, he estado ciego. Perdóname. Volvamos a ser la pareja que éramos antes.
- Ya no hay nada, Pablo. Gracias a tu ignorancia lo has roto todo. ¡LO HAS ROTO TODO!
- Ariadna...
- Vete por favor.- continuó Ariadna, llorando con más intensidad.
Ordog se estremeció. Hizo una seña a Ivette para que se fueran y dejaron a los chicos solos. Pablo no tuvo más remedio que salir de la habitación sollozando, con la cabeza baja. Puso rumbo al salón, donde Ingrid estaba preparando la mesa.
- Ingrid, no pongas cubiertos para mí, no tengo ganas de comer...
- De acuerdo.- dijo Ingrid con un tono de voz apagado y oscuro. La sirvienta se quedó por un momento mirando al chico, que se sentaba en el sillón delante de la chimenea, que daba calor sin ser necesario.
- Lo hemos oído todo desde aquí. Las voces parecían truenos...- se atrevió a decir Ingrid.
- He sido un imbécil. No me daba cuenta de que Kasha...
- Siempre ha sido así. Kasha siempre fue una niña demasiado espabilada. Y nadie le paraba los pies, nadie. Ni siquiera su madre, que la quería con todo su alma, y la sigue queriendo...
- Ahora no sé que hacer. Me ha dejado...y la quiero.
- No es que sepa dar buenos consejos...mejor que hables con Ivette.
- No quiero hablar con nadie. O si no, volveré a liar las cosas aún más. Me voy al jardín, quiero estar solo...
Pablo se levantó del sillón sin ganas de nada. Su cabeza era una nube oscura y sin rumbo. Ingrid lo miró con preocupación.
- El amor no depende de quién, sino de cómo. Si no te rindes, es posible que te sorprendas.
- ¿Qué quieres decir?- preguntó Pablo mirando a Ingrid con curiosidad. Pero al volverse, la criada ya se había ido. Pablo suspiró y se dirigió al jardín, a despejarse de todo lo que había pasado en unos minutos.

Tanto en el almuerzo como en la cena, Pablo y Ariadna estuvieron sin dirigirse la palabra. La familia entera había oído la discusión ya que las voces de Ariadna no eran muy silenciosas y se oían por toda la casa. Pablo estaba muy incómodo, sin poder acercarse a su chica. Ariadna no lo había mirado ni por un segundo, y sólo se limitaba a comer. La tensión también se vivió en los demás. Marilin y la familia Benoit menos Kasha estaban muy preocupados, y ésta se mostraba indiferente. Después de comer, Lionel cogió el diario y se sentó delante de la chimenea a leerlo una vez más, tratando de descubrir nuevos enigmas. 
- ¿Para que tenéis el fuego encendido? Hace calor.- dijo Marilin observando el fuego de la chimenea, que se asemejaba al plumaje de un fénix.
- Ahuyenta las malas influencias.- dijo Cynthia con una sonrisa.- Si Cazarel vuelve, le costará entrar en la mansión...
Lionel seguía embobado en el libro, pasó páginas hasta llegar a las invisibles y acercó bien los ojos para descubrir algo, pero no notó nada. De inmediato, las llamas del fuego iluminaron algo que nunca antes había visto en el diario. La tinta invisible se hacía visible y dejaba ver un par de páginas que antes estaban vacías. La tinta recorrió todo el papel, hasta convertirse en un texto. Lionel quedó sorprendido.
- ¡POR FIN!- gritó Lionel llamando la atención de todos.
- ¿Qué pasa ahora?- preguntó Damian de mal humor.
- ¡LA TINTA DEL PAPEL DE LAS HOJAS INVISIBLES YA SE VE! ¡HA SIDO EL FUEGO! ¡EL FUEGO AHUYENTA LA TINTA INVISIBLE!- gritó Lionel poniéndose de pie y sacando a Gabriel a bailar, celebrando su descubrimiento. Pero a Gabriel no le hacía mucha gracia.
- Leamos entonces.- zanjó Ariadna.

Hotel 666: La maldición de la familia Benoit (Cap.7)


CAPÍTULO 7
EL HIJO DEL HERRERO

Miguel fue enterrado a las afueras del jardín de la vieja mansión semejante a un castillo antiguo de la familia Benoit, en un descampado lleno de flores. Marilin derramaba lágrimas sin parar, consolada por Ariadna, que también dejó escapar alguna que otra lagrimilla. Todos contemplaron la lápida, nueva y llena de recuerdos. Marilin dio un paso adelante, contemplando como su vida se iba a través de la tierra. Después miró al cielo y pensó en el Ejército de los Cielos. Quizás los ángeles lo estuvieran cuidando allí donde su mundo estuviera. Pensó en todos los momentos felices que había vivido junto a Miguel y en como le empezó a gustar, hasta tal punto de quedar totalmente prendada de él. Pensó en que no lo iba a ver más y también pensó en las últimas palabras que él le dijo, que estaría en su corazón. Sonrió sin que los demás se dieran cuenta y una lágrima más surcó su rostro en dirección a su cuello. Se agachó y cogió unas cuantas flores que había en el suelo. Las posó sobre la tumba, jurando por Dios que se vengaría por su muerte. Ariadna acudió al lado de Marilin.
- Ven, cielo. Necesitas descansar...
- Estoy bien.- dijo Marilin aguantando las lágrimas.
- Tenemos que prepararnos para lo peor, Marilin. Cazarel puede volver en cualquier momento y necesitamos recargar las pilas para enfrentarnos a él y proteger el fénix.
- Está bien...- dijo Marilin secándose las lágrimas con su quinto pañuelo, bañado en dolor.

*

Gabriel seguía empeñado en revisar el diario de arriba a abajo. Quería descubrir aquellas letras ocultas que se escondían tras las páginas. Observó cinco veces seguidas el diario. Y volvió a leer la parte en la que Di Leandro hablaba de su hijo, Jonah:
''Jonah era un mozo extraño, no era como los demás niños del pueblo. Hacía cosas realmente raras, fuera del alcance de los hechizos y la magia. Cuando era pequeño, decidí no contarle nada, así que se lo oculté hasta los catorce años. Al principio me miró con ojos de fuego, luego se lo tomó medio bien y después bien del todo. Mi mujer no se sorprendió de su reacción. Aunque creo que siempre quiso proteger el fénix para que no le hicieran nada malo. La verdad es que era buen mozo en el fondo. Pero no era suficiente para mi ambición, y entre eso y otras cosas como su locura incurable, no quise quererlo.''
Gabriel releyó la última frase con los ojos como platos.
''Y entre eso y otras cosas como su locura incurable, no quise quererlo.''
Se paró un momento antes de seguir leyendo y luego cerró el diario de golpe y se puso en pie todavía sorprendido por lo que acababa de leer. Había descubierto que Marco no quería a su propio hijo por un problema mental. Encajaba todo. Jonah era diferente a los demás niños porque tenía algo en el interior de su mente que no lo dejaba ser normal. Gabriel corrió al salón, donde los demás estaban cenando, después de pasar una tarde llena de dolor por la muerte de Miguel. 
- ¡Chicos! ¡Creo que esto os interesa!- dijo el arcángel abriendo la puerta.
Ivette e Ingrid, las criadas, recogieron la mesa mientras los demás se sentaron en los sillones para escuchar a Gabriel. 
- Si habéis leído la parte del diario en la que aparece Jonah, deberíais de haberos dado cuenta en un detalle que puede pasar desapercibido, pero es importante.
- ¿Cuál?- preguntó Kasha con curiosidad.
- Mirad.- continuó Gabriel mostrando la parte del diario que contenía la información.- Jonah era el hijo de Marco, pero aunque fuese suyo, no lo quería de verdad. No sentía amor por su propio hijo. ¡Simplemente por ser diferente! Mirad donde pone ''por su locura incurable''. ¡Jonah tenía un problema mental! Eso le hizo diferente al resto de los chicos de su edad. La locura de ese tipo estaba mal vista en aquella época y está claro que Di Leandro era un herrero muy cerrado.
- Vaya...- dijo Cynthia leyendo el fragmento del diario.
- Que pena que no hubiera sobrevivido. Si su padre y su madre murieron cuando intentaron sobrevivir con ayuda del fénix, él hubiera podido rehacer su vida después, sin que nadie le hiriera sus sentimientos.
- NO MURIÓ.- bramó una voz tras Cynthia. Las luces del salón se apagaron. Se encendieron de nuevo, dejando ver a Gabrielle al lado de Lionel, que sostenía el verdadero diario.
- Me habéis mentido, ¡os dije que quería el diario!
- Dinos una sola razón para dártelo, Gabrielle. ¡Dinos lo que ocultas y te lo daremos!
- Está bien. Lo contaré. ¡CONTARÉ LA VERDAD!
Lionel sonrió satisfactoriamente. 
- Pero primero el diario, ¡ahora!- ordenó Gabrielle acompañada de un silbido fantasmal.
- Danos tu palabra, Gabrielle. ¡dánosla!- gritó Gabriel acercándose al espectro.
- Lo prometo.
Lionel le acercó a Gabrielle el diario y ésta se giró de espaldas, dispuesta a irse.
- Todavía me duele al recordarlo. Pero es la verdad y nadie puede escapar a la verdad, ni siquiera los fantasmas. Es algo que nos come por dentro y que, incluso, después de muertos, nos atormenta. Marco era mi marido, pero no era un santo. Santos en la iglesia, y no en mi casa. Era un mala sangre, un villano. Un ser que sólo buscaba satisfacerse a sí mismo y que le importaba tres cominos los demás. Jonah era mi hijo, mi único hijo. Lo amaba tanto que daría la vida por él. Y al día de hoy, lo sigo amando como el primer día. Pero nació con un problema mental que lo hizo diferente al resto de la aldea. Un problema que llevó al desprecio de su padre. Ese tipo de enfermedades estaban mal vistas en aquella época, pero yo era su madre y nunca lo odié. Yo era una de las pocas personas que pensaba que cada uno nacemos con defectos y virtudes y todas ellas tienen que ser respetadas, al igual que los defectos. Jonah nunca fue amado por su padre, y a la hora de usar el fénix, nadie se salvó. Excepto él. Cuando me convertí en lo que soy ahora comprendí que algo había propiciado a que se salvase, pero no sé que es. Jonah siguió viviendo unos cuantos años más, hasta que alcanzó la edad adulta. Guardó el diario de su padre y lo escondió en su propia casa. 
Gabrielle guardó un silencio temible.
- La casa que pisáis hoy era de mi hijo.- sentenció Gabrielle.
Lionel se quedó sorprendido, al igual que su mujer.
- Algo parecido me esperaba.- dijo Damian vacilando.
- Por eso me quería llevar el diario.- dijo Gabrielle.- Para ocultar la verdad y no levantar sospechas.
- MIENTES.- dijo Gabriel apuntando al fantasma con el dedo.
- No miento.- se defendió Gabrielle.- Sólo digo la verdad. Y ahora me retiro.
- Sigues ocultando algo. Podrás engañar a esta familia y a los chicos, pero a mi no.
- No tengo nada más que ocultar.
- Sabes que ocultan esas páginas invisibles, ¿no?
- ¿De qué hablas?
- Habla. Dilo de una vez. ¡HABLA!- exclamó Gabriel arrebatándole el diario al fantasma. Gabrielle intentó cogerlo pero Gabriel la esquivó
- No sé de que hablas...no sé...de...- terminó Gabrielle desapareciendo. 
Gabriel miró a los chicos y después a Lionel.
- Por eso quería el diario, porque sigue ocultando información...- dijo Lionel mirando a Gabriel con ojos llenos de pánico.
Ariadna miró al techo y después recorrió las paredes con los ojos, imaginándose como vivió Jonah en un pasado muy lejano, mientras Gabriel se marchaba a su habitación.

martes, 21 de agosto de 2012

Hotel 666: La maldición de la familia Benoit (Cap.5)


CAPÍTULO 5
GABRIELLE

El diario fue el tema de conversación durante los días siguientes. Todos tenían las palabras 'Marco', 'Di Leandro', 'Gabrielle' y 'Jonah' en sus bocas. Casi un millón de veces se pasaron las páginas de dicho librito en manos de todos los residentes de la casa, con ojos llenos de curiosidad y a la vez miedo. Durante el almuerzo se vivió un ambiente tenso, con preguntas sin respuestas rondando en las cabezas de todos. El silencio se hizo protagonista mientras los chicos comían. 
- Así que Gabrielle es la esposa de Marco.- se atrevió a decir Miguel.
- Exacto.- afirmó Ariadna.- La señora Di Leandro.
- El herrero acaba las páginas nombrando a una tal Mary Jeth. Seguramente esa fue su amante.- dijo Lionel pensativo.
- Vaya.- rió Kasha.- Gabrielle no es la única cornuda que conozco...
Miró a Ariadna con una sonrisa maléfica. Ésta ardió en llamas. Deseaba levantarse de su asiento y estrangular a Kasha, pero por educación y por temor a que la mataran a ella después, se estuvo quieta, contemplando a su rival con ojos llenos de rabia y odio. Pablo miró a la chica por momentos, preocupado por su alusión.
- Hay una pieza que no encaja.- dijo Gabriel, confuso.- Marco fabricó el fénix. Si él, su esposa y su hijo murieron al no recibir la inmortalidad, ¿cómo es que el diario ha llegado hasta vuestra biblioteca? ¿y por qué Di Leandro no sabía la contraseña que protegía al fénix si él mismo lo fabricó? Oh, mi cabeza. He estado mucho tiempo pensando...
- Es un completo enigma.- dijo Pablo rascándose la cabeza.
Cynthia observó como Dimitri jugaba con su hermana Doofy. Acto seguido, cogió el diario de una estantería cercana y lo llevó a la mesa, después de retirar las sobras de la comida.
- Mirad. Anoche estuve leyendo algo sobre Gabrielle. Si queremos hacer las cosas bien, debemos empezar por el principio.
- Tu esposa tiene razón, Lionel.- dijo Marilin con un tono de misterio.- Debemos tomarnos esto con calma y tiempo.
- No todo es tan fácil.- dijo Gabriel levantándose y mirando por la gran ventana del salón.- Tiempo es precisamente lo que nos falta. Y una buena dosis nos vendría de perlas. El Ejército de los Infiernos se acerca, Marilin. Se acerca...rápido.
Damian apartó la mirada de Gabriel y con la mirada perdida contestó a Gabriel:
- Deja que mi madre lea la historia de Gabrielle. Si malgastamos el tiempo que tenemos en discursos como el tuyo, seguro que Cazarel acabará con nosotros antes de que puedas decir 'Benoit'.
Gabriel miró al chico con desesperación, y acto seguido ignoró sus palabras. Cynthia se sentó en el asiento más cercano a Lionel y empezó a leer en voz alta, ante la mirada curiosa de todos.
''Gabrielle, dulce nombre para dulce dama. Tan bella como las flores en primavera, y tan luminosa como los copos de nieve del frío invierno. Es una perla debajo del mar, es el mismo Sol convertido en mujer. Es la mujer que siempre quise amar, y ahora estoy amando y protegiendo. La conocí un día en casa de unos amigos. Ella vestía una tímida falda. Nuestros padres llegaron a un acuerdo, y nos casamos en la primavera siguiente. Ella también me amaba, como los gorriones en otoño. Éramos dos aves en busca de la felicidad, en busca del amor, y lo conseguimos encontrar. Se convirtió en mi reina, y yo en su rey. Poco a poco se convirtió en mi Sol, en mi Luna y en mis estrellas. Estrellas que alumbrarían por siempre mi corazón celestial.''
- Vaya...- dijo Kasha.- Ese hombre debía de amar mucho a su mujer para escribir tales palabras.
- Está claro.- afirmó Cynthia.- Gabrielle y Marco se amaban como nunca...
- Tampoco da esto mucha información sobre el fénix.- interrumpió Gabriel.
- Paciencia, Gabriel.- le respondió Marilin con una sonrisa.
Gabriel volvió a mirar por la ventana, escaso de esperanzas.

*

Aquella noche, Ariadna se fue a dormir pronto. Estar espiando a Kasha y Pablo todo el día agotaba demasiado. Sus lágrimas de preocupación surcaban su rostro, al saber que su mayor rival y su chico pasaban la mayoría del día juntos, o en la biblioteca o en el jardín. Su llanto fue interrumpido por otro más intenso, que provenía de la habitación de al lado. Los demás estaban abajo, en el salón. Ella era la única que estaba en los dormitorios. Decidió ir a la habitación de al lado para ver de donde provenía tal intenso llanto. Abrió la puerta con cuidado para no hacer ruido y se coló en la otra habitación. Silencio. De pronto, como si viniera de la nada, un resplandor blanco como la nieve le cegó. Intentó ocultarse en un armario, pero cayó al suelo de golpe. Tras unos segundos sin ver nada, el resplandor cesó, dejando ver una figura transparente que se asemejaba a una mujer con ropas típicas de la Edad Media y bañadas en sangre. La mujer flotaba en el aire. Ariadna no tardó en darse cuenta de que estaba frente a un fantasma. 
- ¿Quién eres tú...?- preguntó Ariadna, armada de valor.
La mujer espectro se acercó rápidamente al rostro de la chica, escupiendo luz por su boca mientras gesticulaba. 
- Dame lo que me pertenece, ¡ahora!
- ¿Qué es lo que te pertenece? ¿El fénix?
La mujer rió. Acarició la cara de la chica. Ariadna sintió un escalofrío en su rostro, como si mil icebergs rozaran la superficie de éste. 
- EL DIARIO DE MI MARIDO.
- ¿Eres...?
- Sí, soy Gabrielle Di Leandro. ¡Y ahora obedece!
- ¿Por qué quieres el diario? 
- Hay cierta información que no debes saber, moza. ¡QUE NO DEBE SABER NADIE!
- ¡NO TE LO DARÉ!
La voz de Gabrielle retumbaba por toda la casa. Los demás no tardaron en subir. Pero ya era demasiado tarde. Ariadna había desaparecido y no había nadie en ninguno de los dormitorios. Pablo cayó al suelo, lamentándose y llamando varias veces a Ariadna, sin obtener respuesta. Gabriel y Lionel se dirigieron inmediatamente a la habitación del fénix de plata. Allí temieron lo peor. Encontraron a Ariadna atada al pedestal que sostenía la caja del fénix. Estaba magullada, como si alguien la hubiera arrastrado por toda la casa. Pablo y los demás no tardaron en llegar. Kasha se quedó quieta, mientras que Pablo se abalanzaba sobre Ariadna y derramaba lágrimas de compasión. La chica apenas se movía y casi no podía ni hablar ni abrir los ojos.
- ¿Qué te han hecho?- preguntó Pablo entre lágrimas.
Un resplandor blanco y potente inundó la sala. Cuando terminó, los chicos pudieron ver a Gabrielle, posada sobre la caja del fénix, riendo a carcajadas.
- DEVOLVEDME EL DIARIO.
- Es...es...¡GABRIELLE!- exclamó Gabriel con ojos como platos. 
- Te lo daremos con dos condiciones.- se atrevió a decir Lionel.
Gabrielle miró a todos lanzando odio y rabia.
- CUALES.- bramó el fantasma.
- La primera, dejar suelta a Ariadna. La segunda, responderme a una pregunta.- continuó Lionel.
Gabrielle chasqueó los dedos y Ariadna quedó liberada de las cuerdas que la aprisionaban.
- HABLA.- gritó Gabrielle acercándose a Lionel, que reía.
- ¿Cuál es la contraseña del fénix de plata?- preguntó Lionel. Gabrielle quedó pensativa.
- ¿Crees que si lo hubiera sabido, hubiera muerto aquel día con mi marido y mi hijo?
- Eres un fantasma. Has permanecido así hasta hoy, y sabes muchas cosas del pasado. Responde, sabes la verdad.- insistió Lionel.
- Primero el diario.
Lionel, percatándose de las intenciones de Gabrielle, le dio el diario sonriendo. Acto seguido, el fantasma desapareció tras un resplandor gigante. 
- ¡QUÉ HAS HECHO!- bramó Gabriel.
- Tranquilo, sólo es un libro de la biblioteca. El verdadero diario de Di Leandro está en mi habitación...Gabrielle sabe algo y no nos lo ha querido contar, principalmente porque su marido ocultaba algo. Y ese algo está en el diario. 
- Me he leído el diario entero y no aparece nada raro.- dijo Miguel extrañado.
- Quizás porque el contenido oculto esté precisamente oculto.

Hotel 666: La maldición de la familia Benoit (Cap.6)


CAPÍTULO 6
EL RETORNO DE CAZAREL

La gran mansión de los Benoit parecía haber quedado paralizada entre el miedo y la confusión. El simple hecho de que pudiera aparecer hojas invisibles en el diario le mordía la conciencia a Ariadna y a los demás chicos. ¿Cómo podrían saber si esas páginas estarían ocultas o no? Ni ella ni Pablo ni los demás tenían poderes mágicos. Sólo la familia Benoit tenían tales habilidades, y ni siquiera saben que hacer. Un mar de desesperación se poso sobre el alma de cada uno de ellos. Mil veces releyeron el diario, una y otra vez. No aparecía ningún hechizo para romper el encantamiento de la supuesta tinta invisible de las páginas. Lionel observó las últimas páginas del diario. Realmente parecía que las letras estaban ocultas. Harto de esperar, decidió probar con alguno de sus poderes. No dio resultado.
- Es raro que Di Leandro no escribiera en algún lado la respuesta a su secreto.- comentó Miguel con los ojos pegados al diario.
- Quizás por eso sean secretos...- añadió Marilin mirándole con un gesto alegre. Los chicos cruzaron sus miradas a tal punto que no se dieron cuenta de que estaban los demás a su alrededor. Lionel los miró embobados, apartando la mirada del diario.
Como si el silencio del salón estuviera sentenciado a romperse, Gabriel entró rápidamente en la habitación, alarmando a todo ser que habitaba en ella. Los chicos y la familia Benoit nunca habían visto antes la reacción de Gabriel al entrar. Estaba pálido, casi blanco. En sus manos quedaban restos de luz. Ariadna llegó a la conclusión de que había usado sus poderes recientemente. Lionel le preguntó qué le pasaba, pero el arcángel estaba mudo. Cuando por fin consiguió hablar, soltó un 'Venid, rápido', lo que hizo que todos le siguieran a una velocidad increíble, presagiando algo malo.
Gabriel los condució hacia la habitación del fénix. Un resplandor rojo fuerte apareció dentro. Lionel ordenó a Cynthia que se llevara a los dormitorios a los niños. Damian se adelantó, pero Gabriel le cortó el paso. 
- Esto es peligroso...
- No soy un niño, para tu información.
Gabriel dirigió su mirada hacia Ariadna y los demás chicos.
- Cazarel ha vuelto. Mantened la guardia.
Gabriel entró acompañado de Lionel, manteniendo la tranquilidad, pero a la vez sudando. Dos gritos suyos hicieron que el resto entrara con cautela. Los chicos encontraron a la figura que Ariadna había visto días antes. Estaba delante del fénix. Esta vez, la figura iba formándose poco a poco, hasta parecer una mezcla de humano y bestia con cuernos. Vestía ropas rasgadas y negras. Sus ojos eran la vil imagen del terror y su cola era tres veces sus dedos de las manos, afilados como cuchillas. Era una bestia horripilante. De su espalda sobresalían quince cuernos no muy grandes, que llegaban casi al techo. La bestia bramó, lo que hizo temblar la habitación. Su grito se asemejaba al lamento de la muerte. Era Cazarel.
- ¿Osáis retar a mi señor? ¡Seréis castigados por ello!- dijo la demoníaca bestia levantando sus afiladas zarpas. 
- ¡No conseguirás robar el fénix! ¡No lo permitiré!- dijo Gabriel haciendo que un haz de luz apareciera en la palma de su mano. El haz dio paso a una espada larga y brillante, la espada celestial, la misma espada que empuñó Ariadna al derrotar a Abrahel.
- ¿Vas a acabar conmigo con eso?- gritó el monstruo.- Conozco mejores armas para hacerme cosquillas.
Lionel y Damian se colocaron donde estaba Gabriel. Estaban dispuestos a ayudarle.
- El Ejército de los Infiernos está cerca...vamos a por ti, Gabriel. ¡Y a por toda tu panda de desgraciados!
- ¡Silencio!- bramó Gabriel.- ¡Fuisteis vosotros los que quedasteis cegados de ambición y poder! ¡Acarread las consecuencias! ¡No habrá inmortalidad a los faltos de humildad!
- Tus palabras solo escupen veneno angelical...- rió la bestia pasándose las garras por su abultado pecho marrón oscuro.- Seguro que dentro de unas horas volverás a tu asqueroso mundo llorando por haber sido derrotado por el gran Cazarel.
- Esto se acaba aquí, Cazarel.- sentenció Gabriel empuñando la espada.
- Ni lo sueñes, viejo amigo.- afirmó la bestia.
Gabriel se adelantó hacia donde estaba su enemigo y saltó en el aire, moviendo la espada para conseguir que Cazarel perdiera la mirada en ella. Acto seguido, la bestia hirió al ángel en la espalda tras darle un zarpazo. Gabriel cayó al suelo tras un resplandor de luz, pero no tardó en levantarse. Las heridas de su espalda comenzaron a sanarse como si nada y las cicatrices se convirtieron en el nacimiento de dos alas que poco a poco empezaron a emerger del interior del arcángel. Las alas, blancas como la nieve, envolvieron a Gabriel antes de que éste pudiera recibir otro zarpazo de su rival. Lionel y Damian intentaban sin éxito lanzar bolas de luz a Cazarel. La bestia se las devolvía con más energía. 
Miguel intentó proteger el fénix, pero Cazarel lo vio y le propinó una patada en la cabeza. Miguel se estrelló contra la pared tras un fuerte estruendo y un río de sangre a sus pies. Sus ojos empezaron a sollozar en silencio, mientras Marilin acudía en su ayuda. La habitación se paralizó. Miguel intentó reincorporarse con ayuda de Marilin, y lo consiguió tras mucho esfuerzo. Cazarel miró a su alrededor y viéndose acorralado, atravesó la pared y huyó por la casa. Gabriel, Damian y Lionel corrieron tras él. El monstruo se paró finalmente en el jardín. Los demás llegaron después, ya que Miguel estaba débil y necesitaba descansar. Gabriel ordenó a la chica que llevar a Miguel a la habitación para que estuviera a salvo.
Marilin se retiró a las espaldas de Cazarel, que parecía la bestia más furiosa del planeta. Desesperado, creó con ayuda de sus zarpas una bola de fuego, que lanzó a Gabriel con la potencia de mil toros. Gabriel utilizó su espada para hacer rebotar la bola, que fue a Miguel y Marilin, que cayeron al suelo heridos. Marilin observó como Miguel se retorcía de dolor. Pablo, Ariadna y Kasha acudieron en su ayuda. Marilin, a duras penas, consiguió llegar a donde estaba Miguel y se abrazó a él. Moribundo, Miguel miró a la chica con dolor y agonía.
- No te mueras, Miguel...no te mueras.
Gabriel consiguió ahuyentar a Cazarel con la espada celestial, la cual le hirió en los brazos. La bestia se esfumó tras una nube espesa de polvo granate. Lionel, Damian y el arcángel corrieron rápidamente a auxiliar a los demás. Miguel estaba empapado en sangre, al igual que Marilin.
- No te mueras...- insistía la chica, llorando sin parar.
- No creo que...dure...mucho...- dijo Miguel con la voz cortada por la sangre.
- ¡No puedes morir! ¡NO PUEDES! ¡NO TIENES LA CULPA!
Marilin posó su cabeza sobre el pecho de Miguel, bañado en sangre.
- No voy a soportar perderte...- dijo Marilin a duras penas.
- Tranquila, Marilin...- dijo Miguel sintiendo como su corazón se apagaba.- Me llevarás ahí siempre...
Marilin se acercó a los labios de Miguel.
- Te quiero...- añadió el chico.- Y perdón por no haber tenido el valor de decírtelo.
- Yo también.- afirmó Marilin sonriendo y llorando a la vez.- Sabes bien que no tengo nada que perdonar...
Miguel contempló a Marilin por última vez, y después expiró. Los gritos de Marilin envolvieron la mansión por todas partes. Ariadna apartó a Marilin del cuerpo inerte de su amigo. 
- Vamos, ya no podemos hacer nada...
Pablo cerró los ojos sin luz de Miguel. 
- ¡JURO VENGARME! ¡JURO VENGARME!- bramaba Marilin mientras Ariadna la sostenía para que no se abalanzara sobre el cadáver.- ¡POR TI, Y POR NOSOTROS!

Hotel 666: La maldición de la familia Benoit (Cap.4)


CAPÍTULO 4
EL DIARIO OCULTO

Gabriel había vuelto y la familia Benoit, los chicos y el fénix de plata gozaban de mucha más protección. Lionel y los demás se sorprendieron mucho cuando Ariadna relató los hechos ocurridos en el pasillo. Decidió hechizar la mansión con escudos de protección para que si entrase un intruso, estuvieran avisados en todas partes de la casa. 
- Debe estar bien eso de tener poderes...- le dijo Marilin a Lionel mientras éste protegía el jardín.
- No es tan bueno, créeme. Es demasiada responsabilidad. Vives con demasiado miedo...
- ¿Miedo? ¿A qué debes temer si tienes fuerza para eso?
- A lo que pueda decir la gente. Recuerda que para el resto de las personas, la leyenda de Satanás es sólo un cuento. Ellos no creen en mí, en que yo tenga poderes. Y eso tiene un nombre para ellos: locos
- Tienes razón. Sólo te creerán si te ven...- dijo Marilin preocupada.
- Escúchame, Marilin. Las culturas de las distintas regiones del globo no están ahí porque sí. Los cuentos que se cuentan en todo el mundo no son simple invención. Tienen parte de verdad, pero parece ser que diversos sectores de la sociedad se han encargado de que no salga a la luz. Por eso mi familia y yo vivimos apartados del mundo, porque queremos ser nosotros mismos...
Marilin miró a Miguel, que estaba jugando con Doofy y Dimitri en el jardín. Lionel se percató que la chica lo miraba de una forma especial, con brillo en los ojos.
- Sólo sobreviven los más valientes, Marilin. Acuérdate siempre.
- Quizás valentía y fuerza de voluntad es lo que me falte...
- Nunca es tarde para empezar una nueva era. Una nueva era en la que seas tu misma, con tu corazón y tus sentimientos.
Marilin volvió a mirar a Miguel, que esta vez se tiró al suelo y cogió a Doofy en brazos. Dimitri los observaba celoso.
- ¿Él lo sabe?- preguntó Lionel con curiosidad.
- No, nadie lo sabe. Excepto tú. Tu forma de ver la vida, tu verdadera pasión por ser tu mismo sin esconderte de tus verdaderos sentimientos...
- No temas a la verdad. No renuncies a lo que verdaderamente quieres.
Lionel le sonrió. Parecía que Marilin necesitaba esa ayuda psicológica para aclarar sus sentimientos. Gabriel apareció a las espaldas de Lionel. Iba con prisa.
- Iré a la habitación del fénix. Quiero comprobar que todo esté bien. ¿Me acompañas, Lionel?
- Claro, Gabriel. Vamos.- Y dejando sus manos caer tras terminar el hechizo, Lionel le guiñó un ojo a Marilin y le susurró un ''La vida es demasiado corta, así que, aprovéchala al máximo''. Acto seguido, se marchó con Gabriel a la habitación del fénix de plata. Miguel seguía jugando con los niños ante la mirada de desesperación de su amiga Marilin, que lo observaba con el corazón abierto. Tras unos segundos más dándole vueltas al asunto, se fue decepcionada consigo misma. 

*

Durante el almuerzo, Gabriel le contó a los chicos que había recorrido mucho mundo durante meses atrás, después de derrotar a Abrahel. Ariadna y Pablo se quedaron boquiabiertos. Las palabras de Gabriel asombraban a cualquier ser vivo que pudiera oírlas. También les habló a los chicos del ejército de los cielos.
- ¿El ejército de los cielos?- preguntó Miguel extrañado.
- No pensarás que solo existe el de íncubos y súcubos. Los ángeles también tenemos nuestro honor.- dijo Gabriel sonriéndole.
- Exacto.- matizó Lionel.- El ejército de los cielos es inmenso. La verdad es que nunca he visto nada más maravilloso.
Los chicos miraron a Gabriel y Lionel con ojos llenos de confusión.
- Lionel, creo que es hora de que sepan lo que pasó.
Ariadna dejó de comer. Se hizo el silencio.
- Chicos.- prosiguió Gabriel.- El mundo que conocéis no es el único que existe. Al principio de todo, existían las tinieblas, y a partir de ahí, se crearon tres mundo. El primero fue el de todos los seres humanos, animales y plantas. El segundo fue el Infierno, un lugar terrible donde se acumularon los más funestos planes de la Creación. El mejor de todos los mundos era el tercero, que fue llamado el Reino Celestial por aquellos que lo habitaban, los ángeles. Durante mucho tiempo, en el mundo de los humanos se ha planteado la posibilidad de que existan dichos mundos, pero la gente parecía ignorar el tema. Sólo ángeles y habitantes del Infierno, íncubos y súcubos, dirigidos por Satanás, su líder, recibieron de la Creación los poderes suficientes para mantener el orden. Pero los demonios perdieron el sentido de la tolerancia y la prudencia y se saltaron las normas, provocando el caos y haciendo crecer su avaricia por conquistar los demás mundos. La primera manifestación general de aquel desastre fue hace algunos meses, cuando Abrahel y Baphomet intentaron un golpe contra este mundo, pero fuisteis vosotros los que salvasteis vuestra humanidad. Ahora, han decidido volver y pretenden...
Damian parecía quejarse.
- Pretenden destruirnos.
- A través de Cazarel, el único de los tres que quedó vivo.- continuó Damian.
- Satanás quiere el fénix para resucitar a los dos restantes, Abrahel y Baphomet.- prosiguió Gabriel haciendo una mueca de molestia.
- No lo conseguirá. Nosotros lo impediremos.- dijo Pablo armándose de valor.
- Confío en vosotros y en esta familia. Sé que podemos hacerlo.

La tarde después del almuerzo, Dimitri salió a jugar con el balón de fútbol. Miguel decidió acompañarlo, pues quería poner a prueba sus habilidades con él. Marilin, con la excusa de ser buena en el fútbol, decidió jugar con ellos. La sorpresa fue cuando Dimitri ganó tres veces seguidas a los chicos. Éstos quedaron exhaustos.
- Ag, los críos siempre serán más buenos que yo en este maldito deporte.- dijo con una sonrisa Marilin.
- A mi me pasa igual. Es horroroso.- dijo Miguel mirando de reojo a Dimitri.
- Está bien.- dijo Dimitri un poco preocupado.- Sabéis perder con valentía. Así que os enseñaré un secreto.
- ¿Un secreto?- enfatizó Marilin mirando al niño con una cara graciosa.
- Sí, mirad.- afirmó Dimitri sacándose un pequeño diario del enorme bolsillo que su pantalón poseía.- Es un librito, aunque no lo he leído...
- ¿Me dejas mirar?- preguntó Miguel intentando convencer a Dimitri.
- Claro.- dijo Dimitri sonriéndole.- Lo encontré en la biblioteca mientras buscaba libros de aventuras. Supongo que se debe de haber caído. Me pareció curioso por su forma, y me lo llevé.
Miguel leyó la tapa del libro y se quedó petrificado. Acto después, se lo enseñó a Marilin. En la cubierta ponía: ''Propiedad de Marco Di Leandro. Guía para saber utilizar el fénix de plata con humildad''.
Sin dudarlo ni un segundo, los chicos y Dimitri le llevaron el libro a Gabriel de inmediato. Lo encontraron en su habitación, mirando por la ventana. Quizás echaba de menos su hogar.
- ¡Gabriel!- gritó Marilin al entrar en la habitación.
- Hola, Marilin, Miguel, Dimitri. ¿Ocurre algo?
- Dimitri encontró esto en la biblioteca.- dijo Miguel entregándole el libro al arcángel.
Gabriel observó el título y lo analizó durante unos segundos.
- Es un diario.- dijo Gabriel casi sin hablar.- Es el diario del herrero que fabricó...
- ¡El fónix de plata!- gritó Dimitri con una sonrisa.
- Fénix.- corrigió Marilin acariciándole el pelo al niño.
- Informad a los demás.- dijo Gabriel con la mirada petrificada.- Leeré el diario y os contaré por la noche. Gracias.
Y con un cruce de miradas y sonrisas, dejaron a Gabriel solo. El resto del día hasta la noche fue muy agitado. Todos estaban impacientes a que Gabriel terminara de leer el diario de Di Leandro. A Lionel le preocupaba más que la protección del fénix hiciera efecto. Tras una larga espera, Gabriel por fin entró en el salón, donde todos estaban reunidos en silencio e impacientes.
- Marco, Gabrielle y Jonah.- pronunció Gabriel, cuidando sus palabras.
- ¿Marco, Gabrielle y Jonah?- repitió Ariadna, nerviosa.
- Los protagonistas de nuestra leyenda.- dijo Gabriel lanzando sobre la mesa el diario.